“En la piel del desamor”/Fragmento

FRAGMENTOS DE LA NOVELA “EN LA PIEL DEL DESAMOR” de Alejandra Calixto Sánchez

 CAPÍTULO XVIII

LA OTRA VOZ

El vacío que traía conmigo no fue posible llenarlo con atenciones, lujos y buenas intenciones. Las palabras de Coquito no estaban cumpliéndose, al contrario, ese aterrador vacío se iba incrementando.

Un sentimiento de indefensión comenzó a aprisionarme, hasta ese momento me percaté del valor de mi profesión y del trabajo que ejercía, que desdeñé y minimicé infinidad de veces por mi amor frustrado, por el hartazgo de una familia que todo tenía menos ser precisamente una familia y que, paradójicamente, con todas sus deficiencias, disfuncionalidad y diferencias, ya extrañaba.

Una tarde, recordé las sentencias de Coquito que no eran más que malditos mitos de una herencia matriarcal castrante, aterradora; tan aterradora como el monstruo de la verdad que se asomaba y del cual me escondía en lugar de enfrentarlo. La palabra fracaso era inadmisible en la primogénita, en la profesionista, en la solterona que tuvo la suerte de encontrar un hombre bueno con dinero. No, no era posible reconocerlo ante la familia de la que huí.

Aquel temido leviatán apareció con mayor ímpetu en una ocasión cuando me dispuse a bañarme en aquella tina cuya regadera demandaba estar de pie… Ahí parada, vi mi cuerpo desnudo reflejado en el espejo. Nunca me vi como en aquella ocasión, con mi propio reflejo absorto, inmóvil. Ese acto me confrontó conmigo misma, y entablé un diálogo al tú por tú: “Lilián, deja de esconderte y lloriquear, solo tienes dos caminos: aguantarte y seguir contándole a los demás el cuento de que eres la mujer más feliz con alguien que no amas pero con una vida cómoda, sin preocupaciones…o el de regresarte a México con la cola entre las patas, con el estandarte de fracasada ondeando rimbombantemente y comenzar de cero.”

El temor de ser señalada, además de solterona, “fracasada”, me condujo a decidir continuar, aguantarme, sobrellevar a Monsieur Bouvet, proseguir contra viento y marea… Sin embargo, no conté con que me iría marchitando junto con aquella planta que François comprara el primer día de estancia en Marsella.

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *