Beatriz Rivas/Entrevista

Por Dulce María Ramón*

La escritora Beatriz Rivas tiene la virtud de describir a través de sus libros a mujeres que rompen con los arquetipos sociales. Donde jamás se victimizan, son libres e independientes. Mujeres siempre buscando su autonomía a través del conocimiento. La escritora de manera peculiar nos lleva a través de sus páginas a alternar con cada una de ellas. Mujeres que tomaron decisiones con la firme convicción de hacer lo que ellas querían, sin miedo, sin culpa. Siempre fuertes y sin ningún arrepentimiento.

Nuestra cita es en la librería El Péndulo. Prácticamente viene llegando de Puebla donde participó en La Ciudad de la Ideas. ” De pronto no vi movimiento al llegar a la ciudad, y es que olvidé que es 20 de noviembre”

La escritora tiene una trayectoria amplia en medios de comunicación, tanto en radio, televisión y medios impresos. Pero indudablemente lo que más le apasiona es escribir de lo que le emociona, de algún hecho que por casualidad se le presenta. Es cuando va desentrañando, e investigando. Así han sido escritos libros como Dios se fue de viaje (Alfaguara 2014) donde descubrimos de otra manera, vemos con otros ojos y con otras manos, a la matemática y física Émilie du Chátelet y a la fotoperiodista Gerda Taro.

Indudablemente los temas que le provocan indignación también han provocado en ella escribir, es el caso de su último libro Jamás Nadie (Alfaguara 2017)

“El hecho que se vivió en el año de 1911 con la comunidad china en México, me consternó, no lo podía creer.  Ahí inició la búsqueda de información en los medios impresos, recortaba cualquier nota que tuviese que ver con migración en nuestros días. Y me fui a años anteriores a desenterrar una realidad que en su momento quiso ser ocultada. Me di cuenta de que en la historia de nuestro país los mexicanos podemos ser racistas y clasistas.”

Beatriz vuelve hacia atrás, a la raíz del porqué ahora su vida está plenamente sumergida en el mundo de la literatura.

¿Cómo te ves en el mundo de la escritura?

Como una escritora que escribe lo que se le da la gana. Hay muchas personas que me dicen: a veces escribes narrativa histórica y después exploras el escribir a cuatro y a seis manos. Esto es porque creo que la literatura es la mejor manera en que el ser humano se concilia con el mundo. Es la única manera de abrir ventanas a los cuales no puedes tener acceso. Por eso la literatura tiene la magia de hacer seres humanos más sensibles, muchas veces más empáticos con su entorno.

Siempre he dicho que no me tomo en serio el oficio de la escritura, es porque no estoy esperando el Premio Nobel, ni el reconocimiento de los académicos. Es simplemente expresar lo que siento, lo que vivo y cómo lo percibo. Voy por la vida con los ojos bien abiertos. Jamás he escrito para ser aceptada.

 ¿En qué momento te diste cuenta de que tu vida tenía que ver con la escritura?

Aunque se escuche trillado,  fue desde muy pequeña. Pero, antes que nada, me di cuenta de que me encantaba leer. Mi mamá es pintora y de las buenas. Mi papá es contador por equivocación y por imposición por parte de mis abuelos, porque él deseaba ser director de orquesta. Sin embargo, nunca perdió el amor por el arte, por la música y por la lectura. En mi casa siempre existieron los libros.

Recuerda que desde pequeña escribía poemas que “eran cursis y espantosos“, sin embargo, cuando en el colegio le dijeron que como parte de un proyecto tenía que escribir su primer libro, fue la niña más feliz, “escribía de mi familia, de mis viajes, de lo que me gustaba. Pero lo recuerdo como uno de los mejores recuerdos de mi infancia

La primera vez en que vio la literatura como un modo de vida, fue cuando viajó a París a los 16 años al terminar sus estudios de preparatoria “Ahí conocí a un profesor de literatura latinoamericana de la Sorbona. Él me regaló el libro Rayuela de Julio Cortázar. Además, me introdujo al mundo de los escritores, fue cuando me di cuenta de que quería ser escritora“.

A partir de ese momento comenzó a estudiar en el taller literario con el cuentista y periodista Edmundo Valadés. ” A él le entregué mi primer cuento, el cual todavía conservo. Cuando me lo devolvió me puso una nota que decía: tienes muy buena madera de escritora, no lo dejes. Me lo estaba diciendo el mejor cuentista, y decidí creérmelo.”

Más adelante  también tomó talleres con los escritores Guillermo Samperio, Humberto Guzmán y Miguel Cossio.

¿En qué momento tuviste la oportunidad de publicar tu primer texto?

Cuando estaba tomando el taller con el escritor Guillermo Samperio, él ya tenía un proyecto de publicar una antología de cuentos. Cuando leyó los míos me dijo: tengo que meter tus cuentos al libro, ya no te debería, pero son buenos. Fueron los primeros tres cuentos que publicaron en conjunto, el libro se llama Las mujeres de la torre (1996/Editorial Océano). Me di cuenta de que si yo quería tener éxito tenía que seguir escribiendo. Así, nació mi primera novela, La hora sin diosas (2003 Alfaguara), la cual mandé al Premio de la editorial Alfaguara. No gané, pero mi novela quedó en las finalistas. Gracias a ello, la directora de la editorial la leyó. Y así fue como se publicó.

De ahí siguieron más libros. Uno de ellos es Amores Adúlteros (2010 Alfaguara) el cual llamó mucho la atención, porque lo escribió en conjunto con el publicista Federico Traeger y con fotografías de Teseo Fournier, lo cual provocó una interacción distinta del lector con el libro. “Me gusta experimentar y cuando es así, no pido opinión. Creo que la literatura es un universo y podemos verlo y manejarlo de mil formas.”

¿Qué provoca en ti dar talleres de creación literaria?

Una inmensa satisfacción. Porque aprendo mucho de mis alumnos. Es un espacio en el que los personajes de sus textos se sientan con todos los que estamos creando un proyecto, ya sea cuento o una novela. Podría decir que es un espacio mágico, sin embargo, la disciplina existe como una de las principales reglas. Al igual que las lecturas. Me queda claro que quien no lee, no puede escribir bien.

¿Cómo es un día en la vida de Beatriz Rivas?

Todo depende de mi hija Isabela. Ahora no está en México. Por lo tanto, he aprovechado el tiempo para viajar, comer con mis amigos. Porque cuando ella se encuentra en casa todos los días como con ella, la disfruto.

Beatriz lleva consigo una agenda, donde va anotando sus citas, los pendientes que no se pueden poner en la agenda del celular, ello le permite visualizar las prioridades, como lo son los talleres literarios, donde en la manera de lo posible son intocables. Hasta en días como el domingo hay cosas pendientes, pero es mejor tenerlas apuntadas para irlas resolviendo.

No se considera una escritora con manías al momento de escribir. Tiene métodos básicos para llevar un orden, sobre todo cuando hace investigaciones, una de ellas son las fichas de trabajo, es simplemente para que no me pierda entre la mucha información que voy adquiriendo.

No hay rituales para iniciar el tecleo en su computadora, simplemente es “llegar, prenderla y ver en dónde me quedé para continuar.” La música no es una constante, ni necesaria, en ocasiones –dice-   funciona para crear ambientes.

¿Qué ocurre cuando las ideas para seguir escribiendo llegan a deshoras?

Sí sucede, y en la madrugada me he llegado a despertar. Por eso dejo una libreta junto a mi cama. Lo apunto, y el gran trabajo es descifrar lo que anoté casi dormida y a obscuras.

La plática de poca más de dos horas culmina. La escritora deja muy en claro en cada una de sus palabras que la escritura está en todas partes y lo es todo en su universo

*Escritora y periodista. Lee otras de sus entrevistas en su blog https://loscaprichosdeunoficio.wordpress.com/.

 

 

 

 

 

 

 

 

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