Conejas de M. Zárate/Reseña

La historia, el testimonio y el simbolismo en la novela Conejas de Marcela Zárate

Por Nadia Contreras[1]

La novela Conejas (Aurora Boreal ebook, 2017) de Marcela Zárate[2] se funda en dos ejes: el pasado y el futuro. Es una novela que, por un lado, nos obliga a mirar lo que somos, es decir, ese cúmulo de experiencias como resultado del entorno familiar y social, cada una de nuestras aspiraciones, sueños, deseos, aquello que obligadamente hemos olvidado o pretendemos olvidar, y por el otro, la mirada hacia ese futuro al que nos aferramos con la idea de construirlo positivamente, deslumbrado por la dicha y la felicidad. En la cuarta de forros se explica el momento en que colindan los dos personajes protagonistas de Zárate: “Natsuki y Elisa se conocen en un avión que va a Fukuoka, Japón. Mientras platican sobre sus historias personales, entre nubes y sobre el Océano Pacífico, ambas descubren las razones que las han llevado a realizar esta travesía al otro lado del mundo: saltar a un final y a un inicio”.

Elisa, es el personaje más fuerte del libro. Natsuki, funciona como acompañante, como mentora para finalmente alterar el destino de Elisa. Lo digo, pese a que Natsuki, otorgará a la novela el tapiz que surge de la relación entre historia, testimonio y ficción enmarcando así los años de la Segunda Guerra Mundial. Con Natsuki me viene a la memoria Walter Scott, que se niega a un pasado obsoleto y lo pone como punto de referencia en sus novelas, una decisión un tanto nostálgica de su época, como calificaron al hecho algunos de sus críticos. Las vivencias ocurridas en Japón a la familia de Natsuki cuando ella es muy pequeña (sus recuerdos son vagos, la mayoría de éstos provienen de las narraciones del padre), están justificadas en la novela en el instante en que cruza el camino de Elisa.

Elisa por su parte, cuenta su propia historia, esa forma de arte literaria considerada por Hegel y Nietzsche, pero más como invención, como una forma de recuperar en pequeños trozos, el amor que un año atrás, fue conocimiento, plenitud, mar, poesía. Esta historia abre un abanico de posibilidades poéticas que se despliegan junto con la fuerza o la tranquilidad del mar, sus colores, sus caracolas, la luna, los murmullos, el horizonte. Un abanico sensorial inacabable.

Elisa y Natsuki comparten el mismo vuelo hacia Japón. Cada una, como mencioné líneas arriba, advierte el filo de su propia historia. Tal vez, es este territorio sensible lo que origina la atracción:

Elisa

Del lado derecho, después del pasillo se encuentra una mujer con lentes oscuros, que mantiene entre sus piernas y apoyada en el piso una bolsa. […] Esta mujer llama mayormente mi atención y comienzo a examinarla sin que se dé cuenta, veo que no se ha quitado los lentes oscuros ni su abrigo a pesar del calor que se siente cuando se ingresa a los aviones, sobre todo en vuelos internacionales.

Natsuki

En tiempos de guerra al mismo tiempo se puede morir o nacer, el alfa y el omega siempre se encuentran unidos en instantes así. En un parpadeo todo puede desaparecer, una bomba nuclear tarda 43 segundos en estallar; también así se conoce el mundo: una manera espontánea impactante, todo se crea en un segundo.

El origen de la atracción, de la amistad, de situarse en el presente para poder modificar el futuro o, dicho de otro modo, las múltiples formas de la memoria. Lo que me interesa destacar de la escritura de Zárate, es el mecanismo perfecto que une la historia con la ficción. No rivalizan, no va una delante de la otra, es un tejido perfecto, medido, debidamente ajustado a las necesidades argumentativas del libro. Y por supuesto, el punto intermedio de la reflexión. El pasado se muestra sin adjetivos, cada quien desde su propia perspectiva, llegará a las conclusiones. Sin embargo, en este momento, las preguntas a filo de cuchillo no pueden ser silenciadas como aquí lo plasma Zárate en la voz de Natsuki:

Nosotros dejamos Japón el 23 de julio, yo tenía un poco más de dos meses de nacida y viví mi primer viaje trasatlántico, mi padre nos entretenía con las historias del barco. Zarpamos del Puerto de Hakata y la travesía duró alrededor de una semana, estuvimos en varios puertos antes de llegar a donde sería nuestro destino [Seattle]. A pesar de los años que han pasado, todavía ahora tengo una pregunta constante: ¿Por qué me salvé?

Elisa, en la evocación del amor y la figura del hombre que se delinea bajo la sombra, la bruma, que es hombre o hijo ocupando la cavidad húmeda del vientre, también se apropia de preguntas que de manera abrupta caen sobre la protagonista:

Tu brazo izquierdo tiene una marca. Me derramo / me tranquilizo, sin embargo no logro desatar más tus imágenes, tus palabras, tu voz. Pausado. Respiro profundo y lento, comienzo nuevamente a temblar. ¿Existe algo que pueda alejarme de este estado de descontrol?

Natsuki lleva hacia Japón, a su hija Eri; la lleva en una sencilla urna hecha de madera de cerezo, lleva también la historia de su muerte; Elisa, en cambio, realiza ese viaje únicamente para reconocer un inicio o quizá un final y se instalará en la habitación 216. Lo que vivirá Natsuki, el funeral de su hija, al cual también asistirá Elisa, es la descripción pormenorizada de una historia, objetiva; un testimonio palpable. Natsuki es terrenal, Elisa no. No sé si es un juego o una trampa por parte de la autora, confundirnos agradablemente en este discurrir porque, en efecto, ¿cuánto de nuestra vida se pierde en la invención, en el engaño, en la ficción, su sarcasmo? Ricardo Pligia nos había planteado un juego así en su libro Respiración artificial, en donde Kafka y Hitler (lo tomo porque la Segunda Guerra Mundial es punto de referencia de la novela) sostienen una entrevista ficticia. Kafka, por supuesto, inspirado en ella, es decir, aniquilando la frontera que puede existir entre la realidad y la ficción, la toma como punto de partida para escribir La metamorfosis y El proceso. Es posible hacer una pregunta: ¿y qué vaticinan las dos obras sobre esa guerra?

Elisa, desde su propio dolor busca reconstruir el pasado y ganar el lenguaje preciso del futuro, y para lograrlo, no tiene más argumentos que volverse a la invención. A través de ésta, nos narra fragmentos de su vida: su gusto por el té; su encuentro casual con Tobías; Natalia, su amiga; el hermano, el padre, el abuelo, que son una gran ausencia en su vida. Veamos un ejemplo:

En ese instante escuché a la caracola deslizarse, estaba rehaciendo tu nombre: cinco letras tenues. Ella se dirigía al sur, al sur siempre, buscando humedad. Nunca imaginé que habría otro día como ese en el que fuera posible concebirnos aunque no nos encontráramos.

Otra pregunta: ¿qué es Conejas? ¿Una novela, un poema en prosa largo, un diario en el que las protagonistas escriben alternadamente y, el diálogo entre ellas, es mero pretexto para comunicar sus historias? Puedo decir que es un territorio en el que funcionan los tres modelos de escritura y nos llevan también a otra posibilidad de interpretación: los símbolos. En Conejas, estos símbolos también funcionan como metáforas. No sé si Zárate está de acuerdo con la idea de Ernst Cassirer cuando se refiere a la función simbólica que define como esa “capacidad exclusiva y específica de la conciencia humana que consiste en la transformación de un contenido individual sensible de manera que, sin dejar de ser tal, adquiere el poder de representar algo universalmente válido para la conciencia”. Cassirer, agrega: “Cada forma simbólica -la ciencia, el arte, el lenguaje, etc.- significa una nueva revelación que brota del interior al exterior, una nueva ‘síntesis de mundo y espíritu'”.  Como dije, no sé si está de acuerdo, pero aquí el título de la novela nos advierte ya de su uso, así como en recuerdo de Elisa, que abre y cierra la trama argumentativa:

Elisa recuerda que los conejos temen, se esconde en sus madrigueras, los agobia la incertidumbre pero al final, saltan. ¿Regreso o inicio?

Los conejos también se harán presentes en el kimono (ellos siempre saltan para adelante, se escucha la voz de Natsuki), y trazarán un nuevo camino para Elisa. La presencia de los conejos, es decir, conejas (representan a las protagonistas, nos representan), cobrará sentido al final de la novela. Elisa tiene que tomar una nueva ruta, saltar; de manera consciente deja uno de sus boletos sobre el asiento de la sala de espera del aeropuerto y lleva en su mano otro, en ese nuevo giro, que tomará su vida. No ha cometido un error, está saltando. Otro elemento simbólico es el kimono, que para Natsuki, significa regreso aunque sea a través de las anécdotas de sus padres. La mirada también corresponde a esta categoría que se extiende como el agua (el mar y sus elementos). La mirada y el agua son símbolos que se convierten en una especie de personajes que llenan de murmullos la novela, y tal como los seres humanos, se vuelven inesperados, ácidos, traidores. Veamos dos ejemplos:

1.-Mi mirada se oculta para perderse en alguna melancolía ciega que no ha podido desprenderse de mi iris, siento lo que los portugueses han llamado saudade.

2.-Otra vez tu cuerpo me completa, turba mis movimientos y sigo sin poder nadar, cada vez hay más agua a mi alrededor, me encuentro en completa angustia.

Más adelante, otra sentencia:

La lluvia se agolpa en mi cara, el agua y la sangre son miscibles.

Las islas serán una especie de ancla. Tienen la fuerza para no perderse, no son como el resto de las cosas del mundo, que azotadas por la tormenta, se pierden, se fracturan. Son la fuerza, prefieren no ser conocidas, se mantienen siempre a flote, oceánicas, húmedas, impenetrables.

El pasado y el futuro son espacios para armar una nueva vida, la tensión de esa nueva vida. Marcela Zárate, lo que hace en Conejas, es reconfigurar la gran interrogante que son las historias de Elisa y Natsuki (la nuestra en determinado momento); llegar al fondo del dolor y la incertidumbre, para emprender un nuevo camino, que bien puede permanecer intacto o modificado con los propios hechos de la invención. Celebro esta novela que en su parte histórico-testimonial continúa la tradición de otros autores como Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, y recientemente Fernanda Melchor, mientras que en su parte simbólica, están presentes las voces de Alberto Chimal, Eduardo Antonio Parra, Coral Bracho, Myriam Moscona, entre otros.

 

[1] Nadia Contreras. Quesería, Colima, 1976. Escritora, académica y tallerista. Licenciada en Letras y Periodismo y maestra en Ciencias Sociales por la Universidad de Colima. En la Universidad Autónoma de La Laguna cursó la Especialidad en Educación. Es fundadora y directora de la Revista Literaria Digital Bitácora de Vuelos (http://www.rdbitacoradevuelos.com.mx/) y de la casa editorial digital con el mismo nombre. Sitio web personal: http://www.nadiacontreras.com.mx/. Becaria del PECDA Coahuila, en la categoría Creadores con trayectoria, género Poesía (2016-2017). Entre sus premios destacan: Premio de poesía “Timón de oro” convocado por la Secretaría de Marina y la Escuela Naval Militar de México y Ganadora del Primer concurso de narrativa “Salvador Márquez Gileta”, Universidad de Colima, 2011. En 2014, el congreso del Estado de Colima le otorgó la presea “Griselda Álvarez Ponce de León”, por su trayectoria en la literatura; es el máximo galardón que el estado puede entregar a una mujer. Sus libros más recientes de poesía Visiones de la patria muerta (Ed. El humo, Col. Ojo Cautivo, 2014), Cumplimiento de la voluntad (Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Coahuila, Colección Arena de Poesía, 2014), Un viento [que] jamás. Urdimbre [de] cuerpos y palabras (en coautoría con Marisol Vera Guerra (Ediciones BV, octubre 2015); Quedará el vacío (PinosAlados Ediciones, 2017); y de prosa poética Sólo sentir (Editorial Paraíso perdido, 2017). Su obra ha sido traducida al Inglés, Portugués, e Italiano y forma parte de numerosas antologías. Escribe para diferentes medios nacionales y extranjeros.

 

[2] Marcela Patricia Zárate Fernández México. Tiene una licenciatura de Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y una maestría en Literatura Hispánica por The University of Arizona. En el 2013 obtuvo el grado de doctora con especialización en Literatura Latinoamericana por parte de The University of New Mexico. En el área de la docencia ha impartido clases en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, The University of Arizona y The University of New Mexico. En el campo de la investigación, ha publicado artículos, entrevistas y piezas de creación literaria en revistas de Estados Unidos, México y Europa. Su investigación de doctorado sobre el exilio en América Latina, Mientras no llegue el olvido. Escrituras sobre el exilio de Luis Enrique Délano, Tununa Mercado y Saúl Ibargoyen, fue publicada en el 2016 por Ediciones Eón y la Universidad Autónoma de Zacatecas. Durante el 2015 hizo una estancia posdoctoral en la Universidad Autónoma de Aguascalientes en donde realizó una investigación, revisión y análisis de textos poscoloniales y feministas de autoras beliceñas. Actualmente combina su trabajo de investigadora independiente con la escritura ficcional además de colaborar en la organización de eventos culturales y académicos.

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