Cristina Rascón presenta Flor del Alba

Foto cortesía de Fridda Alfaro Lemus.

El miércoles 21 de febrero se presentó «Flor del alba. Antología de haiku de Chiyo-ni», traducida al español por Cristina Rascón, y al náhuatl por Mardonio Carballo; con ilustraciones de Fabricio Vanden Broeck.

Durante la tertulia en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, Rascón señaló que esta traducción se destaca porque «presenta cuatro novedades: son haikus escritos por una mujer, que no se habían traducido al español, es una edición trilingüe japonés-español-náhuatl, y respeta la métrica del japonés tanto en español como en náhuatl».

«Chiyo-ni fue una monja budista del siglo XVIII que asistía al taller literario del padre del haiku, Bashō. Aunque los discípulos solían ser hombres, pues eran quienes tenían tiempo y dinero para escribir haiku, Bashō invitó a Chiyo-ni al taller. Ella sobresalió mucho, llegó a hacer prólogos de antologías de haiku escritos por mujeres. Era una poeta reconocida por mérito propio. Su haiku era fresco, diferente, original; no era una copia de la poesía de Bashō. Yo creo que esto se debe a que tiene esta sensibilidad de ver el mundo a través de la situación de mujer en el siglo XVIII.

Chiyo-ni se casa muy joven y cuando enviuda decide volverse monja por las mismas razones que Sor Juana, porque iba a tener la vida cotidiana resuelta e iba a tener mucho tiempo para leer y escribir. Y el budismo que iba a profesar se relacionaba directamente con la poesía que quería escribir. Se dice que vivía con el mínimo de bienes materiales.Y siempre observando y cuidando la naturaleza.», dijo Rascón.

Sobre el proyecto de traducción mencionó que al inicio sólo estaba contemplado que fuera japonés-español, pero el editor e ilustrador, Fabricio Vanden Broeck, propuso hacerlo trilingüe.

«Yo hace mucho tenía la curiosidad de comparar en qué se parecían las lenguas asiáticas con las lenguas prehispánicas y este libro me ayudó a entenderlo. También descubrimos que en las culturas japonesa y náhuatl hay ciertas similitudes en la naturaleza, en ciertas sutilezas, en ciertas construcciones como la formación de imágenes poéticas (…) Se tradujeron cincuenta poemas y en cada uno pesaba mucho el código cultural; no se puede quitar la cultura del poema, cada palabra trae una historia, trae anécdotas, trae leyendas», finalizó.

Por su parte, el escritor Mardonio Carballo señaló que este trabajo de traducción fue difícil pues «siempre he padecido la traducción porque es colocarse frente a un espejo y ver en ese espejo qué tanto te estoy reflejando. Yo, en este caso, reflejándome en la traducción de Cristina, que también tuvo que hacer  un esfuerzo de verse en un espejo. Fue como si pusiéramos dos espejos enfrente y la multiplicidad de yos fuera transformándose hasta llegar a la esencia de una mujer que no era yo».

Sin embargo, señaló que el resultado fue muy satisfactorio y que a través de esta traducción descubrió que había posibilidad de diálogo entre dos culturas tan distantes como lo son la japonesa y la náhuatl.

Finalmente, Fabricio  Vanden Broeck dijo que el proyecto, que duró un año en producción, tuvo el apoyo de la Secretaría de Cultura. «La propuesta era también que se ilustrara, porque queríamos acercarnos a los jóvenes, que a veces buscan la inmediatez. El haiku es una cosa muy joven, muy fresca y la ilustración sería un factor interesante. Si se ponen a ver, en realidad son cuatro idiomas si tomamos en cuenta las ilustraciones».

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