Desmitificando a Sor Juana/Ensayo

Por Magdalena Pérez Selvas

¿Conocemos, realmente, a Juana Inés de Asbaje? Más allá del famoso Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón…, ¿cuál fue la obra de quien es considerada una de las más grandes plumas de nuestra lengua? ¿Fue o no lesbiana? ¿Quién fue realmente Sor Filotea?¿Era católica devota? ¿O por qué la persiguió la Inquisición?

Alrededor de la figura de Juana de Asbaje –me gusta llamarla ahora así, en vez de Sor Juana; se lo aprendí a Carmen Boullosa, quien sospecha que detrás del “sor” hay una intentona por minimizar su ser mujer– hay muchos mitos. Cuando era pequeña, en mi imaginario había algo de que era lesbiana e intercambiaba correspondencia con una tal Sor Filotea. Cuál no sería mi sorpresa cuando leí dicha carta y me encontré con una autobiografía; lo que leía distaba de ser una carta de amor y era nada menos que una defensa de los derechos de la mujer para estudiar, para pensar, para elegir un camino alternativo al matrimonio. La Respuesta a Sor Filotea bien podría ser el primer documento feminista de América.

Entonces, ¿quién fue Sor Filotea?

Pues nada menos que Manuel Fernández de Santa Cruz, el obispo de Puebla, quien se valió de dicho pseudónimo para amonestar a Juana por atreverse a refutar al orador portugués, Antonio Vieyra.

La Carta Atenagórica es uno de los textos menos conocidos de Juana, pero uno de los más reveladores. En él, disiente de Vieyra, que había afirmado que la mayor fineza (sacrificio) de Cristo era amar sin correspondencia. Valiéndose de todo su ingenio, Juana asegura que la mayor fineza de Cristo no es ésa, pues Él es perfecto y completo en sí y no precisa nuestro amor. Es mayor fineza, dice Juana, habernos otorgado el libre albedrío: si Dios solicita al hombre que le ame es por su propio bien.

¡Fue un escándalo! ¿Cómo una mujer se atrevía a refutar a un orador jesuita? Fue entonces cuando el obispo de Puebla le escribeinstándola a que se dedique a las cosas propias de su sexo y de su estado de religiosa. En La respuesta a Sor Filotea, Juana defiende su gusto por el saber, su deseo de ir a la universidad y su rechazo al matrimonio por ser éste un distractor de los estudios.

¿Juana rechazó el matrimonio porque era lesbiana?

No lo sabemos de cierto –en todo caso, sus preferencias sexuales no deberían ser tema de estudio–. Lo cierto es que deducir que lo fue a partir de su obra es un error.

Su poesía amorosa obedece a una fórmula poética que hunde sus raíces en la filosofía de Platón. El lenguaje que usa para dirigirse a las virreinas –Leonor Carreto y María Luisa de Gonzaga, Laura y Lysi, como sujetos poéticos– reproduce figuras platónicas que tuvieron un auge importante en la Edad Media en tradiciones como la mística, el amor cortés, el dolce stil nuovo y el neoplatonismo. Juana tiene un lenguaje ya barroco, ya novohispano, pero, en realidad, se vale de las mismas formas. Juana, además, tiene muchas voces poético-narrativas, y la que se expresa en su poesía amorosa se acerca mucho a las voces del stil nuovo y del amor cortés. Aunque no se sabe si Juana conoció la obra de los trovadores provenzales, no cabe duda que conoció a Petrarca y Garcilaso, de quienes retoma el concepto de un amor idealizado.

En la Respuesta a Sor Filotea, Juana misma dice que el único texto que ella escribió por voluntad propia fue El Sueño. Quizá lo dijo para defenderse de la Inquisición que ya le tenía el ojo encima, lo cierto es que Juana era una monja de la corte, y como tal, escribía para entretenimiento de los cortesanos. Mucha de su obra fue escrita por encargo. La pregunta que podría surgir es, ¿por qué escribió esos versos a las virreinas y no a los virreyes? Quizá porque eran ellas las verdaderas mecenas, y no ellos. Fueron ellas quienes la protegieron y la publicaron.

La celda de Juana fue foco de intensa actividad literaria: era visitada por profesores, pensadores de la época y por las mismas virreinas, ¿por qué encasillar su relación a un tema de alcoba?

¿Una monja perseguida por la Inquisición?

A partir de lo sucedido con la Carta Atenagórica, Juana despertó un profundo recelo en el Arzobispo de México, quien le confiscó su biblioteca y sus instrumentos científicos y musicales –porque Juana, además de poeta, se interesó por las ciencias todas, tenía un apetito feroz por el conocimiento– y la obligaron a abandonar su actividad literaria. Kyra Galván constató, al estudiar los archivos de Sevilla y los de la Basílica de Guadalupe, que en 1692 la Inquisición le montó un juicio secreto.

A Juana la persiguieron por tener autonomía espiritual e intelectual; la persiguieron por ser mujer que no se calla. Y sí, quizá porque también tenía lo suyo de hereje. Atea no era, porque creía en Dios. Pero en El Sueño queda claro que vivió más como neoplatónica que como católica: ella quiso alcanzar la sabiduría a través del estudio de las verdades humanas y de este mundo; cultivando las ciencias todas quiso llegar a la suma del conocimiento, es decir, al de la Teología, y por medio del entendimiento quiso allegarse a Dios. El sueño ejemplifica su apego al neoplatonismo (el cosmos neoplatónico está unido por la Cadena del Ser: todos los seres fluyen de Dios en una estricta jerarquía cuya armonía culmina en la trascendencia del alma. Contrario a lo que afirma el dogma católico, que asegura que la fusión del alma con Dios no es posible).

Juana también sigue a Platón en su creencia de que no hay cosa más libre que el alma; por ello en El sueño su alma se impulsa libremente en un vuelo místico y se percata de que mirando en su interior puede, verdaderamente, conocer. Para la época, esto es demasiado transgresor.

El Sueño lanza muchas luces sobre las sombras de Juana. Por eso, como la Respuesta a Sor Filotea, es una autobiografía, pero de su alma, de su relación con lo divino. Y es, yo me atrevo a sostenerlo, el poema más sublime de nuestra lengua.

*Licenciada en Letras Españolas, Magdalena ha colaborado en distintos medios por más de diez años. Ha entrevistado personalidades de todo tipo, desde personajes como Agatha Ruiz de la Prada hasta el Premio Nobel de la Paz, Rajendra Pachauri. Ha escrito 2 libros de arte y fotografía: México: memoria vibrante (2016) y México en contraste (2018). Estudiosa del concepto de amor en Occidente y, específicamente, en la novela de caballería, Magdalena construye su propia poética amorosa en Mäywen (2019), su primera novela.

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