Dramaturgia del porvenir/ Columna

Por Teresa Muñoz

Lo primero que leí de Elena Garro (Puebla, 1916) fue su novela Los recuerdos del porvenir, atraída por el título, por supuesto, escolarmente preguntando si era un oxímoron o qué. Sobra decir que la pregunta no fue contestada. Pero lo importante aquí es que la novela me atrapó y la leí en menos de tres días. La historia, los personajes, la poesía que destilaba, el relato del pueblo sobre la vida de sus habitantes. Todo. Con esta novela a Elena Garro la llaman precursora del realismo mágico. Y mucho tiene de realismo mágico la anécdota que se narra en una entrevista de Garro a Elena Poniatowska donde le cuenta que la novela la escribió muy rápido, cuando vivió en Paris, en 1951, pero luego la guardó y olvidó en un cajón; después en un hotel de Nueva York y finalmente se le quemó. Al final resulta que logró rescatarla y publicarla en 1963.

Los recuerdos del porvenir utiliza un lenguaje poético para hacer una crítica a los resultados de la Revolución, mientras narra los desastres de la guerra Cristera a través de una historia de amor que tiene un sabor a Helena de Troya y Paris.

Quise conocer más de la autora. Y otra vez voy a la biblioteca del pueblo donde vivía y una vez más, no encontré nada. Ahora que existe el Internet es difícil creerlo, pero era labor titánica en los ochenta conseguir libros en algunos lugares de provincia, uno tenía que hacerse amiga de gente con bibliotecas caseras, o a la manera de niña bien, pedírselos a quien hiciera viaje a la Ciudad de México. Con el tiempo fui obteniendo un cuento aquí, otro por allá, reforzando la idea de que me encontraba ante una escritora verdaderamente excepcional.

Posteriormente, viviendo en Xalapa, me tocó cada semana participar en la rebatinga del periódico Unomásuno, para poder disfrutar del suplemento cultural Sábado. Ahí, entre chismes y lecturas, pude ir armando el rompecabezas de esta mujer cuentista, novelista, dramaturga, periodista y poeta, aunque sus poemas permanecen en su mayoría inéditos. Escritora revolucionaria no sólo en la forma y temas que trataba, sino en su vida diaria. Fue bailarina, estuvo en el montaje de 30-30 que realizó Nellie Campobello con los alumnos de la hoy Escuela Nacional de Danza. También fue actriz y coreógrafa, militante del 68 y exiliada a raíz de este. Mujer incómoda por sus opiniones y por su manera de vivir la libertad, amante de los gatos, descuidada financieramente. En fin, un escritor de carne y hueso.

Lo último que llegó a mis manos, curiosamente, fue su dramaturgia. El teatro de Elena Garro me cautivó con la limpieza de sus diálogos, lo bien delineado de sus personajes, y el drama, la trama y las historias. Pero también por este manejo de irrealidades, de tiempos doblados, de personajes y situaciones que van de lo jocoso a lo terrorífico.

En algunos estudios se explica su teatro como del absurdo, por obras como Un hogar sólido donde los personajes van derivando en lo grotesco, donde el tiempo deja de ser. Hay una belleza de lenguaje oral y corporal en la poética con que maneja los cambios históricos del país, y un uso de elementos mágicos para enfrentar la realidad mexicana y la muerte.

Creo que El árbol, en donde aparecen temas como la discriminación y el racismo, el abandono a los “deberes femeninos” visto como algo monstruoso, perverso y enfermo, el derecho de la mujer a moverse, a abandonar, es una obra de terror perfectamente lograda: son dos personajes que se encuentran atrapados en un pequeño espacio a merced de las acciones incomprensibles del otro, acciones que se prometen violentas a causa de la carga histórico social de cada uno de ellos. Y como en la mayoría de su teatro, existe este doble ser, el correcto y el que se va por el camino de la libertad impensable, el loco, ese que da pie al escándalo entre las gentes de bien.

La señora en su balcón y Andarse por las ramas, hablan sobre la necesidad de la mujer (sobre todo, puesto que son situaciones humanas universales) de regresar al origen para poder encontrarse (reencontrarse) y liberarse de lo que la sociedad ha impuesto como regla de felicidad. El suicidio de Clara en La señora en su balcón no es sino la liberación de toda la carga emocional que la mujer acumula durante años, y por supuesto que es una muerte simbólica, tirarse del balcón, para volar, para dejar y tener libertad; huir de la sí misma que otros le construyeron, la que no sabe quién es porque es pedacitos de todos los otros, como aquellas macetas de mosaicos tan de moda en los setenta. Clara es un personaje importante y necesario de representar en algún momento en la vida de toda actriz. Implica un trabajo actoral lleno de matices, de cuidado poético y de corporalidad.

El teatro de Garro no envejece, hay todavía tantas mujeres con las edades de sus personajes y el mismo problema, la misma angustia sin solución. La rebeldía ante el matrimonio opresor, falto de complicidades, lleno de convencionalismos y prohibiciones es lo que vemos en Andarse por las ramas, obra de imaginación desbordada y denuncia ante esa realidad del casamiento que a Garro le tocó vivir, algo así como un “internado escolar, lleno de regaños y reglas estrictas”. Pero del cual, al igual que Titina, logra Elena escapar yéndose por las ramas, por la puerta, por ese espacio imaginativo que libera y cambia de posición las jerarquías.

Agregaré con respecto a Garro, algo que puede ser una explicación al por qué permaneció muchos años a la sombra de la literatura mexicana: su tormentoso matrimonio con Octavio Paz. Creo que es importante hablar sobre la violencia del poder intelectual, un poder que define qué se lee y que no, o peor aún, si se lee o no. Recordemos que Paz fue durante muchos años el máximo intelectual del país, con un poder absoluto que legó y que siguió funcionando por mucho tiempo. Recuerdo el Sábado y todos los artículos, ensayos, textos, sobre este matrimonio y su lucha de talentos. Y lo que se decía sobre la prohibición sobre el tema Garro. Muchos años de silencio, de ninguneo que afortunadamente terminaron, para darnos una de las escritoras más completas de nuestra lengua.

 

 

 

 

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