El invencible verano de Liliana/Reseña

Esbozo de una mujer libre: sobre El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza

Por Ulises E. Hernández

Caminamos en la penumbra como detectives, se alza una misión: encontrar un expediente en una fiscalía. Entre la burocracia, el calor y la ciudad, la misión parece no tener éxito. Continuamos la ruta, a tientas, sobre papeles, recortes, cartas con o sin destinatario, encontramos la luz al final del túnel y se abre una posibilidad de dar con el documento. Se trata del expediente de un feminicidio, el de Liliana Rivera Garza, la hermana de Cristina Rivera Garza.

En El invencible verano de Liliana (Random House, 2021), la escritora mexicana Cristina Rivera Garza (Tamaulipas, 1964) entabla un diálogo, o mejor, una plática que rememora la vida de su fallecida hermana a manos de una expareja el 16 de julio de 1990. Y digo una plática porque cuando nos adentramos en el texto, los rasgos de la vida de Liliana parece que son contados en una sobremesa donde caben la lágrima, el suspiro y, claro, la sonrisa esperanzada de saber que aún en la ausencia nuestros muertos continúan mostrando afecto y vivimos, naturalmente, en pos de su muerte. Haciendo y recordando cualquier cosa que nos remite a su persona. Porque “Liliana siempre estuvo ahí”.

En medio de un sistema judicial fallido y que aún guarda rasgos heteropatriarcales, los feminicidios antes eran llamados crímenes pasionales, emergencia del amor violento. Hoy, ya se les denomina feminicidios, una palabra a la que le brota ácido, que su primera sílaba se articula en posición labiodental, pero que se ejerce desde las vísceras de quien no muestra compasión ni empatía.

Liliana era una chica estudiante de arquitectura, que quizá, en otra ocasión, pensó ser nadadora, guitarrista o incluso estudiar genética, “algo de la herencia”, como su padre. Los sueños, en cambio, eran una suerte de destino difuso, aleatorio. La autora, hermana de Liliana, cuenta haber estado trabajando en esta especie de mapa, de plano, dice en alguna parte del libro, para edificar una memoria que deviene en experiencia atravesada por el duelo. Sentimos empatía por el ser sufriente, resguardando su ser con el pleno conocimiento que nunca estará ya más solo, porque de alguna manera, cuenta Rivera Garza, “el duelo es el fin de la soledad”, vemos y sentimos a nuestros muertos en cada acción, como lo anota la autora. De esta manera, Liliana se cuela en cada página; la acompañamos en sus trayectos a la prepa y a la universidad, aquel nido de sueños y respiraciones entrecortadas que se difuminan con la esperanza de un futuro, de una libertad acaso prófuga, de una mujer libre.

Este rompecabezas que ha armado Cristina Rivera Garza en forma de libro híbrido entre la crónica, el ensayo novelado y la poesía que inusualmente aparece entre los cuadernos de trabajo de Liliana nos acerca a una vida que fue interrumpida una noche en que terminaba una última entrega de la universidad. Si revisamos las dedicatorias de todos los libros de Rivera Garza nos daremos cuenta de que, en efecto, Liliana siempre estuvo ahí. Este rompecabezas se finiquita con este esbozo de una vida: “Son piezas de un rompecabezas muy complejo que nunca acabaré de armar del todo”. Concuerdo con la autora: “Pero ninguna escritura viene de la nada”. Siempre gana la experiencia, el afecto, el cuidado y la memoria. La escritura nunca fue tan cercana a los afectos, cosa que Rivera Garza sabe de primera mano. Siempre escribirnos, enunciarnos desde la deuda con el otro.

El invencible verano de Liliana puede ser, ahora, apenas un logro de las escrituras que se acercan luego de que este libro apareciera como un grito, sí, un grito gutural de rabia, pero también de ternura hacia el ser perdido. El augurio es claro: Cristina Rivera Garza continúa edificando, pensando, escribiendo para que la memoria de una mujer que fue asesinada, su hermana, sea el timón de este barco perdido entre los sistemas judiciales también averiados. Que la memoria y la justicia sean los timones de mando de este libro que vino a abrir los ojos de muchas lectoras y lectores.

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