El libro de Eva/Reseña

Por: Magdalena Pérez Selvas

Tuve la fortuna de conocer a Carmen Boullosa en un curso en San Ildefonso. Lo primero que me fascinó de ella, fue su conocimiento de la historia de la literatura, las fechas, los contextos, los datos curiosos, las imágenes nunca vistas que mostraba en el salón. Tan pronto salí de la primera clase, compré un par de libros de su autoría y la leí con mucho interés. Y cuando leí su última novela, El libro de Eva, constaté que estaba ante una autora enorme.

El libro de Eva reinterpreta el mito de Adán y Eva; es la versión de Eva, la historia contada desde la voz de la mujer.

Haber mordido la manzana no significa, de manera simplista, culpa y pecado. No. Es la curiosidad, la imaginación, la conciencia despierta. La manzana en boca de Eva, como el contacto más directo con el Todo. Y entonces viene lo que ya sabemos, la expulsión del Paraíso, al que Carmen describe como un lugar estancado, sin color, contrastado con la vida en la Tierra.

Un pasaje memorable del libro es el nacimiento del clítoris de Eva –y el de todas las mujeres–. De una semillita de la manzana guardada entre los vellos de la axila, un viaje cósmico y corporal culminará en el órgano dedicado enteramente al placer, exclusivo de las mujeres. Adán, envidioso del clítoris, pero también de la curiosidad y de la astucia de Eva, se hace crecer un pellejo.

“Adán sentía envidia del clítoris. El varón vivirá siempre con eso, la no confesada, no explicita envidia del clítoris. El silencio que acompaña a esa envidia la vuelve todavía más cierta”.

Por lo anteriormente referido, Adán empieza a contar mentiras sobre el origen que, como sabemos, terminarán permeando nuestra historia. Y entonces el “fue culpa de Eva”, como condena, callaría a las mujeres desde la mitología judeocristiana.

A lo largo del libro, Carmen reescribe otros mitos, como el de Caín y Abel, aquél, el sembrador, éste, el carnicero; quién, entonces, fue el verdugo de quién. En continuo cuestionamiento de la versión patriarcal de la historia, se pregunta qué tan recto fue Noé si se miraba a sí mismo haciendo lo correcto cuando dejó a sus hijas mujeres ahogarse en el diluvio. Para la Torre de Babel, cuenta otro pasaje hermoso: entre el barullo de la construcción, se alza el tramar de las historias entre las mujeres.

No quiero terminar sin mencionar la narrativa de Carmen. Frases que bajan del pensamiento, como desordenadas, como versos, como encantamientos. El libro está narrado en primera persona, por Eva, una voz omnipotente, sin edad, sin tiempo; es la mirada universal de la mujer, la Madre, la Tierra.

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