El murmullo de las abejas

Por Alejandra Inclán

¿Qué encontraría en ese libro de Sofía Segovia que me regalaron en mi cumpleaños? Tenía curiosidad. A pesar de que leí hace tiempo un primer capítulo que obsequiaban en las librerías para promocionarlo, no me era suficiente.

Hay libros que te atrapan desde las primeras palabras, aunque años de lectora me han hecho no dejarme llevar. Me gusta conocerlos así como se conoce a una persona: de a poco.

De esa forma, el murmullo del libro me fue atrapando. Su ritmo, que parece lento al principio, sólo es la introducción para exponerte un escenario, un espacio y un tiempo olvidados en México.

El murmullo de las abejas nos hace recordar, principalmente a los que somos generación X y generaciones atrás, que hace no mucho vivimos en el siglo XX, donde hubo una revolución desordenada, sin pies y cabeza y que muchos padecieron. Un México carente de modernidad, pero plagado de esa magia rural y pueblerina que sólo quienes crecimos en lugares pequeños podemos sentir con intensidad. Quien no lo vivió, lo puede llegar a descubrir y sentir por medio de la pluma de Sofía Segovia.

¿Quién es Simonopio? ¿Quién narra la historia?

Un niño cuyo origen se desconoce llega a la familia Morales, un niño encontrado junto con abejas, con las cuales hace una simbiosis, pudiendo ver en la naturaleza lo que ni el hombre de campo llega a percibir.

En el pueblo de Linares y en un rancho se van desarrollando acontecimientos de una vida, donde Simonopio observa a la familia, los quiere y les da, así como ellos a él.

Simonopio, un pequeño que crece para hacerse león y huir del coyote, de ese personaje que envidia y busca tomar lo que no es suyo, aferrado a ideas plagadas de mezquindad, que nadie, más que ese niño especial, puede observar.

El tardío hermano –no de sangre, pero sí de alma– de Simonopio llega para ser testigo de acontecimientos que cimbran el alma y que en antaño no eran contados a los niños, pero no por ello se dejaban de sentir. Él nos narra o le narra a alguien ajeno no sólo lo que vio, sino lo que recolectó con los años. Sabe que su historia debe perdurar, no la de él, sino la de su familia, la de su hermano.

Así es como nos llega esta novela, donde al cerrar el libro, sentirás el pesado silencio y echarás de menos el murmullo de las abejas que se desprende de cada letra.

 

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