El sostén de una leyenda/Columna

Por Teresa Muñoz

El sacrificio que se hace hacia los demás recibe muchos nombres, desde heroísmo hasta sumisión, dejando en medio un sinfín de términos, algunos más amables que otros. Todo depende de quién haga el sacrificio y quien sea el beneficiado con él. El famoso dicho “detrás de todo gran hombre hay una gran mujer” entre las jóvenes de estos tiempos es visto como la mayor tontería que hay y un mal que hay que erradicar para siempre; ellas prefieren seguir sacrificando la vida de los demás para cumplir sus sueños a pesar de todo.

La realidad es que a muchas de nosotras nos tocó ver la abnegación de abuelas y madres, e incluso la propia en aras del proyecto masculino, a veces con resultados destacados, otras, de manera inútil.

Lo anterior es porque recién terminé de leer la biografía que de Luis Spota hace Elda Peralta. Yo creía que ella era la esposa de Luis, cuando comencé a leerlo en los años ochenta, pero en realidad fue su compañera de vida, sin matrimonio de por medio. Ser “compañera” de alguien, en el siglo pasado, era un eufemismo de los menos crueles que usaba la sociedad para indicar no solo la pecaminosa unión libre que estabas teniendo con un hombre (recuerden que la culpable siempre es ella), sino “la clase de mujer” que eras, me imagino que ustedes ya se las saben todas.

Elda Peralta en la biografía Luis Spota: Las sustancias de la tierra hace una, me parece a mí, valiente descripción de lo que era para una mujer inteligente, con bastantes opciones de vida, guapa, de familia pudiente, con educación, enamorarse en la segunda mitad del siglo pasado. Confieso que a partir de la lectura de Luis Spota: Las sustancias de la tierra he tratado de encontrar más textos de ella, sé que tiene cuentos y novelas, publicadas en su Editorial Morgana, que fundó en conjunto con María Teresa Ponce Torres, pero ha sido difícil.

Me enfoco en esta biografía porque hace un retrato de la sociedad de su tiempo, de un grupo social que damos por supuesto. Al menos yo no me había cuestionado el que mi madre, por ejemplo, no tuviera una vida aparte de mi papá, sino hasta que yo pude separarme del padre de mis hijos y hacer esa vida que postergué en aras de otros. Y eso es lo que la sociedad en su conjunto hacía con las mujeres.

Elda Peralta narra cómo conoció a Luis, pero ella ya había vivido un tiempo en Estados Unidos, donde estudió, estaba construyendo una carrera como tenista profesional y tenía la pretensión de convertirse en una estrella del cine mexicano. Poco a poco fue dejando todo para dedicarse por completo a él, hizo de Spota su pasión de vida. Su proyecto creativo. Y aunque en momento dudó, finalmente lo dio todo por él.

Es interesante su confesión, independientemente de que nos desnuda a quien yo creo es un gran escritor, ella habla con desparpajo y sin melodrama, de situaciones comunes a las mujeres mexicanas: cómo fue violada, y cómo sola fue superando sus traumas en relación con el sexo, hasta poder gozar del mismo con el amor de su vida; cómo en el cine mexicano se les exigía lo que llama “derecho de pernada” a las aspirantes a estrella, para poder darles personajes importantes que les dieran la fama, y ella al negarse, sostiene hasta la fecha que su paso por el cine fue poco importante.

Es una mujer extraordinaria, que supo conservar su pasión a pesar de darlo todo por el otro. Para ella la vida es tan larga, que no puede uno quedarse haciendo una sola cosa para siempre, por eso hizo tantas y quiso destacar en todo. A pesar de su abnegación, logró ser tenista destacada (campeonato internacional incluido), a pesar de no dar favores sexuales, logró filmar (con papeles pequeños) incluso con Luis Buñuel. En teatro se atrevió a montar una obra escrita por ella, y trabajó con los mejores actores del momento. Hasta tomó talleres de creación escénica con el siempre polémico Alejandro Jodorowsky. En radio y televisión, fue productora, directora y conductora de infinidad de programas. Y como escritora, con muchos seudónimos, logró la hazaña de tener catorce columnas en un suplemento dirigido por Spota.

Hay partes crueles, como cuando Luis le prohibía publicar con su nombre, o le robaba un buen cuento para él convertir eso en una novela. O el viaje a Europa, programado con tanta anticipación y alegría, cancelado para mejor llevar a la esposa e hija.

Elda hace una narración bastante femenina de las situaciones íntimas y de lo que sucedía en el país en ese momento. Platica cómo era su trato con los políticos, escritores, líderes sindicales y demás componentes del poder. Sin resentimientos, ni frustración, hace un retrato lleno de admiración del hombre con el que compartió toda su vida sentimental.

Su vida con el siempre inquieto, creativo e incluso hiperactivo hombre, pudo haberla eclipsado, su fama de “la otra” pudo haberla llevado al ostracismo social e intelectual. A pesar de eso, decidió, dentro del sacrificio, llevar sus sueños discretamente a la realidad. Sin quejas, sin escándalos y con grandes resultados. Su narrativa de mujer libre, sensata, enamorada, lo demuestra.

 

 

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