Elpidia García/Entrevista

Una pregunta que le hago a todas las autoras, ¿por qué escribir?

En mi caso, empecé a hacerlo porque hubo un cambio en mi vida, una contrariedad derivada de haber sido despedida de mi trabajo de más de veinte años sin justificación. Inicialmente tuve el impulso de desahogar mi frustración contra el aparato neoliberal de la industria maquiladora que, con sus bajos salarios y su modelo de deslocalización de las empresas, deja en la indefensión a trabajadores desplazados en todo el mundo. Inicié el blog Maquilas que matan con esa idea. Después, ese deseo de escribir se transformó en algo más íntimo y personal, en una necesidad que me producía una gran satisfacción.

Descubrí que más que escribir opiniones sobre la maquila en el blog, me interesaba contar en forma de ficción las historias que conocía de primera mano; la maquiladora es un universo rico en personajes y experiencias. Conforme buscaba más historias para publicar en el blog también recordé historias de mi infancia y mi familia y también las publiqué. Me di cuenta de que, aunque mis historias podían ser interesantes, me faltaban herramientas para hacerlo bien. Me inscribí en un taller de creación que ofrecía gratuitamente el Instituto Chihuahuense de la Cultura (ICHICULT) por dos años, gané algún concurso local de cuento, y sobre todo, empecé a leer mucho. Al mismo tiempo, publiqué cuentos sueltos en varias revistas. Luego solicité y obtuve la beca David Alfaro Siqueiros en el 2012. Los textos que acumulé en ese período me valieron obtener el Premio Publicaciones del ICHICULT un año después. Fue así como se publicó mi primer libro Ellos saben si soy o no soy (Ficticia-ICHICULT, 2014) Después, he aprovechado casi todos los talleres que han impartido en Juárez escritores de reconocida trayectoria, y formo parte del Colectivo de escritores Zurdo Mendieta, donde leemos nuestros textos y trabajamos en proyectos conjuntos. Desde entonces, he sido constante con mi nuevo oficio, en el que llevo ya catorce años.

¿Por qué el cuento sobre la novela y la poesía? ¿Has pensado incursionar en estos dos últimos géneros?

Empecé a escribir pequeñas anécdotas, textos que no eran cuentos, pasé luego al cuento, el género que más admiro, creo que tiene que ver con lo que me marcó en la adolescencia, que fue cuento: Juan Rulfo, Arreola, Horacio Quiroga, y Chéjov fueron mis referentes iniciales. Siento que ahora piso un poco más fuerte para escribir una novela, uno de mis siguientes proyectos. También he experimentado con la poesía, tengo algunos poemas que estoy trabajando pero creo que pasará algún tiempo para tener un poemario decente.

Has escrito tanto cuento, como minificciones y cuentos infantiles, ¿cuál es la diferencia entre escribir uno y otro? ¿Cual subgénero te gusta más?

La minificción es uno de los subgéneros que me parecen más difíciles de lograr, aunque lo he intentado. La maestría con que lo logran Agustín Monsreal o José Luis Zárate son mis modelos de alcanzar si en el futuro tuviera ese objetivo. En cuanto al cuento infantil, lo considero un reto que me encantaría perseguir. Escribir cuentos infantiles me haría recuperar, en sentido metafórico, las grandes carencias de alegría y fantasía de mi niñez. A mi edad, sigo disfrutando la literatura infantil, Pippi Calzas Largas, por ejemplo, de la autora sueca Astrid Lindgren.

¿Qué características crees que debe tener un buen cuento y una buena minificción?

Creo que ambas deben ser historias breves para el disfrute del lector, donde haya un conflicto por desentrañar, con una tensión sostenida, o el famoso efecto scherezade; y que apunten a lograr un efecto único y singular, como pedían tanto Chéjov como Poe, esa revelación o desocultamiento final. En otras palabras: una minificción debería ser tan cortito como un suspiro; el cuento: breve como un chubasco, sostenido como un beso enamorado, y el final: un orgasmo inesperado, un recuerdo inolvidable.

Acabas de ganar el premio Amparo Dávila del INBA, pero antes ya habías obtenido el premio Programa de Publicaciones 2018 del ICHICULT y el Voces al sol 2014. Platícanos sobre estos dos últimos premios.

El Premio Publicaciones del Instituto Chihuahuense de la Cultura (ICHICULT), lo obtuve en el 2013, que consistía en la publicación de un libro de cuentos al trabajo ganador. Así fue como me publicaron Ellos saben si soy o no soy, en el 2014.  El concurso Voces al Sol lo convoca la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez para los autores de la ciudad. Gané el primer lugar en su primera edición y la publicación del libro Polvareda, (UACJ, 2015)

¿Cuál es la temática de Ellos saben si soy o no soy (Ficticia-Ichicult, 2014), y Polvareda (UACJ, 2015)? 

Ellos saben si soy o no soy es una colección de veintidós cuentos. Una parte son historias realistas o fantásticas relacionadas con la maquiladora, la otra parte, son cuentos que tienen que ver con historias de mi familia, y algunas otras. Representa la fase inicial de mi experiencia como narradora.

En las minificciones que publicamos está presente el tema del homicidio, ¿por qué hablar de este tema?

Escribí las minificciones que me amablemente me publicaron en Escritoras Mexicanas para una antología de minificciones noir que por alguna razón no se concretó hasta ahora, de allí el tema de la muerte.

El haber trabajado en una maquila, ¿qué tanto influyó en tu obra? ¿Fue fuente para escribir algunos textos?

Sí, por supuesto, trabajar más de treinta años en la maquila me influyó muchísimo, sobre todo en mi libro Ellos saben si soy o no soy. Hay historias de fantasmas de la maquila, en Escalera rota; trabajadores que se convierten en halcones, en El conciliábulo de los halcones; la de una madre soltera que compra una cuna con chinches, en La cuna blanca;  la de un jefe de la maquila harto de su encierro, en Good bye, honey!, y muchas otras. Mi segundo libro Polvareda también incluye textos sobre la maquila. Pienso que seguiré escribiendo siempre sobre lo que fue mi vida laboral tantos años.

Platícanos de El hombre que mató a Dedos Fríos y otros relatos con el que obtuviste el Premio Amparo Dávila de cuento 2018.

Es un conjunto de quince cuentos y relatos de temática variada. Dos de los cuentos son históricos, con personajes de la región fronteriza; cuando menos cinco tienen que ver con la ola de violencia que asola nuestra ciudad, el feminicidio y la extorsión, por ejemplo; otros son historias donde la mujer es la protagonista; hay una historia de amor, otra de un pintor, y hasta una que transcurre en el teatro, menos dramáticas. No todo tiene que ser crimen.

¿Te imaginaste alguna vez obtener ese premio?

Me parecía muy difícil de lograr, no solo porque se presentan más cien trabajos a concurso, sino porque de los 45 ganadores hasta 2017, solo 6 mujeres lo han obtenido, es decir, el 13%, entre ellas grandísimas escritoras que admiro, como Cristina Rivera Garza y Beatriz Espejo. Sin embargo, las reglas han cambiado y ahora los jurados no son solo escritores, sino investigadores y académicos, lo que hace que los criterios para emitir un juicio sean más amplios. Por lo tanto, estoy feliz de encontrarme en esa prestigiosa lista y, sobre todo, de que mi premio haga visible la literatura fronteriza en el panorama nacional.

Alguna cita de tus cuentos que te guste en particular que quieras compartir.

En Lontananza, del libro Ellos saben si soy o no soy

Se echó al hombro la mochila donde llevaba solo una muda. Eso bastaba como equipaje, pues era menester aligerar el paso, correr, si era preciso; aun huir, si fuera necesario. Calzaba botas de trabajo nuevas y robustas para pisar todos los terrenos y aguantar el andar de mucho tiempo. Se caló el sombrero. Sería su único techo en el arduo trayecto. Lleva el corazón transido, y una meta que fraguó en el alma cuando la entraña de la tierra, como matriz de vieja, dejó de dar hijos, y los esqueletos de los animales se perfilaron encima de sus cueros. Antes de partir al Norte, su mirada abrazó largamente la de su padre, que ganó una arruga por cada vez que se inclinó en los surcos. Limpió con sus promesas las lágrimas de las mujeres y los niños para salir de su tierra como Lot, sin volver la vista atrás para no desmoronarse en terrones. Secos, como la tierra en llamas que dejaba. Al alejarse, escuchó las bendiciones languideciendo a su espalda hasta que se volvieron cantos lejanos de cigarras. Ya no oyó nada cuando puso el primer pie en el tren. 

Escribes reseñas, ¿qué tan difícil es escribir sobre el trabajo de otros siendo tú también escritora?

No me parece difícil. He escrito algunas reseñas cuando he presentado libros de otros escritores y escritoras. Cada escritor es único y no es sino honesto y justo escribir sobre lo que te ha gustado de una obra.

¿En qué estás trabajando ahora como escritora?

Tengo el proyecto de un libro de cuentos históricos para terminar en 2019, y también el de una novela, en un plazo más largo, claro.

Recomiéndanos tres libros de escritoras mexicanas.

Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor, una escritora joven que ha arrasado con este libro, me encanta por su estilo vertiginoso y tremendista, sin pelos en la lengua. Sus historias estrujan el corazón y nos obliga a mirar nuestra realidad con una crudeza extraordinaria.

La Giganta, de Patricia Laurent Kullick, por su manera de deconstruir el mito de la maternidad; las desazones de la miseria vistas a través de la mirada de una niña asombrada y valiente en medio de un hogar roto y una madre abrumada que piensa que mejor sería matar a todos sus hijos. Sus personajes son palpables y bellos a la vez.

El mal de la taiga, de Cristina Rivera Garza, me sorprendió en gran manera la capacidad de esta admirable escritora para valerse del cuento Hansel y Gretel para contarnos una historia fantástica y misteriosa donde una mujer detective busca a una pareja perdida en el bosque de La Taiga. Un cuento para niños reconvertido en uno detectivesco y mágico para adultos.

 

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