Entrevista con Aída Valdepeña

Platicamos con la poeta Aída Valdepeña, quien nos contó sobre sus rituales para escribir, la importancia de los elementos de la naturaleza en su obra y lo que significa haber sido traducida a varios idiomas.

¿Por qué escribes? 

Por amor y por nostalgia.

¿Cuándo empezaste a escribir poesía? 

A los 16, a raíz de enamorarme. No había manera de llamar su atención más que con poemas.

¿Qué tan difícil es traducir un poema a otro idioma y conservar su esencia? 

La respuesta sería que no hay traducción posible, hay una hechura nueva, una esencia como resultado del diálogo entre dos poetas.

¿Tú has supervisado de cierta manera las traducciones de tus obras?

No. De hecho, cuando hicieron la traducción al ruso, me sorprendió ver la enorme carga social que tenía el poema. No había sido pensado así inicialmente, pero sin duda, al final me he quedado con esa versión.

En tus poemas están presentes elementos de la naturaleza como el agua, la arena, las tempestades, los ríos, la brisa, el aire, los árboles, ¿hay algún motivo en especial?

La nostalgia. Nací en la ciudad pero siempre he vivido en el campo y a veces en el mar. Y por increíble que parezca, no escribo del campo en el campo, ni del mar en el mar, sino en los momentos en que me alejo de ahí. Escribo de árboles cuando añoro los árboles, cuando me parecen lejanos. Cuando los estoy extrañando.

 

Si tuvieras que quedarte con uno solo de tus poemas, ¿cuál sería? 

Tiempos. Sin duda. Porque con él hice muchos amigos, por eso.

¿Qué significa para ti que tu obra sirva como material didáctico para que los daneses aprendan español?

Me conmueve que alguien en Dinamarca sepa de la historia de un río en Cuautla. Mi abuela no creería que sus mandarinas fueron a cruzar varias latitudes.

¿Qué festivales artísticos has dirigido? Cuéntanos un poco sobre ellos. 

Dos, y ambos en Cuautla, Morelos, que es mi ciudad por adopción. Hay múltiples esfuerzos por crear nuestras propuestas, me uní a ellas. El primero fue el Festival de Otoño; una propuesta por acercar la literatura y las artes a toda la población. Y Castalia, que también se realizó aquí en Cuautla hace algunos años. Ser directora de ambos me trajo las mejores experiencias de logística y muchas, pero muchas, satisfacciones. Después de eso me volví una obsesiva de la organización. Ahora no puedo dejar de hacer logística hasta para dormir. Broma. Es de las mejores experiencias que he tenido, estar detrás de cámaras te da una perspectiva del esfuerzo para llegar a un fin, valoras el trabajo de todos; desde la persona que acomoda una silla, hasta la que firma los libros. Ahora, cuando asisto a otros festivales, repaso mentalmente la logística y los aplaudo de pie. Sé lo que es.

¿Tienes algún ritual para escribir? 

Sí, es breve. Enciendo un difusor con esencia de menta. Un café, un vaso de agua, 10 minutos de poesía de otros, 10 de música, y listo, a trabajar.

¿En qué estás trabajando? 

Actualmente termino un poemario sobre los rincones favoritos. Aquellos a dónde acudimos cuando ya fue suficiente con la velocidad del mundo.

¿Dónde podemos encontrar tus libros? 

Ya ha entrado a imprenta un poemario sobre Josefa Espejo. A finales de septiembre tendremos noticias. Los otros están agotados. Han sido ediciones pequeñas.

Recomiéndanos a poetas mexicanas.

Sor Juana y Rosario Castellanos, por supuesto, y las muy recientes: Mariel Damián y Fryda Victoria. La lista sería de varias hojas. Por fortuna hay mucha y muy buena poesía en México escrita por mujeres.

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