Entrevista con Itzel Guevara

Charlamos con la escritora Itzel Guevara (Xalapa, 1976), quien es profesora, narradora y promotora de lectura.  Es autora del libro de cuentos Santas madrecitas (Conaculta, 2008). Ha sido traducida al alemán. Obtuvo mención honorífica en el Premio Nacional de Cuento Beatriz Espejo y en el Premio Dolores Castro. Con la novela corta Morderse las uñas obtuvo el segundo lugar en el Premio Nacional de Novela Corta de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá (2016).

¿Cómo iniciaste a escribir?

Siempre he escrito, o lo que es igual para mí, siempre he contado historias. Desde niña mis juegos estuvieron relacionados con las historias que yo inventaba; establecía los personajes, la trama y los diálogos, luego les exigía a mis hermanos (a veces con amenazas y otras, a cambio de favores) que se unieran al juego. Sin embargo, mi relación con la escritura formal, es decir con la acción concreta de sentarme a escribir con la intención de crear una historia, fue otra cosa. Escribía cuentos que luego rompía porque no quería que nadie leyera; para mí, la escritura era (y sigue siendo) un acto íntimo y sin importar el tema, sin importar que la historia no hable de mí, todo lo que escribo termina hablando de mí.  Escribía y rompía los textos, escribía y escondía los textos, y finalmente decidí dejar de escribir para sentirme segura.

Supongo que lo que me motivó a dar el paso fue la edad. Me acercaba a los 30, me entró la crisis, me replanteé las decisiones que había tomado y caí en la cuenta de que sentía más remordimientos por lo que no había hecho, por los riesgos que nunca había querido tomar; así que me inscribí en un taller de escritura y me obligué a escribir y a compartir mis textos.

¿Por qué escribes?

Escribo por miles de razones: porque es la manera más directa y más genuina que he encontrado para comunicarme, para expresar lo que soy, lo que temo, lo que deseo, lo que necesito, lo que me angustia, lo que me interesa, lo que creo, lo que amo y lo que desprecio. Escribo para compartir mi visión del mundo, para ser yo y ser otros al mismo tiempo. Escribo para reparar, para entender y para completar. Escribo para confrontar a lo otros y para confrontarme a mí misma. Escribo para ser valiente.

Cuéntanos un poco de tu trayectoria como escritora.

Comencé a publicar a los 30 años, muchos dirán que es una edad tardía, aunque yo creo que uno publica cuando está listo para hacerlo y afortunadamente la literatura no es una actividad que tenga fecha de caducidad. Mi primer cuento se publicó en la revista Tierra Adentro en el 2008 y para finales de ese mismo año estaba publicando Santas madrecitas, mi primer libro, en la editorial del mismo nombre. A partir de entonces mis textos se han publicado en revistas y antologías de México, Estados Unidos, Colombia y Austria. He sido finalista y ganadora de diversos concursos de cuento, y he realizado estancias de escritura en Bogotá, El Paso, TX.  y Tepoztlán.

Mi novela corta Morderse las uñas se publicó en el 2017 en Colombia, y este año saldrá mi primer libro infantil.

Cuéntanos un poco sobre Morderse las uñas.

Morderse las uñas es mi primera novela y surge a partir de un cuento que escribí hace 5 años. El primer borrador del cuento lo escribí en Xalapa, pero fue en Bogotá donde realmente lo desarrollé y lo terminé. Tres años después estuve lista para retomar la historia y darle más espacio al personaje de Leidy, la protagonista, y eso sólo podía ser a través de una novela.

Leydi es la dueña de un local de flores que por azares del destino queda justo frente a una funeraria en una de las avenidas comerciales más importantes de la ciudad. Leidy tiene un sentido de la estética un tanto estrambótico y eso lo refleja en las creaciones de los arreglos florales que realiza, para los que utiliza plumas de colores, listones, brillantina, peluches y hasta piñas. Leidy sueña con un hombre que la haga su esposa, con ser una princesa, como Lady Di, con ser amada y aceptada. Pero sin importar cuánto lo desee, cuánto busque en los horóscopos un camino o una historia feliz, al final del día debe confrontar la realidad, su dolorosa realidad.

Sabemos que el personaje principal está inspirado en una persona real.

En efecto, en Xalapa hay una florería que está frente a una funeraria y llama la atención el contraste de ambos sitios, pues la florería es un negocio sencillo ubicado en una de las zonas comerciales más importantes, mientras que la funeraria es la más importante (y cara) de la ciudad. Ese hecho me llamaba la atención y cada que vez que pasaba por la avenida volteaba a la florería. Un día vi a la que supongo era la dueña o encargada del local y la imagen fue reveladora: era una persona cuyo cuerpo, completamente masculino, contrastaba con sus movimientos, con su esencia femenina. Tiempo después supe que se llamaba (o se había autonombrado) Suave; y ese fue el detonante para escribir el cuento, y años después, la novela.

En el libro hay, cada cierto número de páginas, datos culturales, por así decirles, ¿cómo surge la idea de incluirlos?

Más que datos culturales, que sí hay muchos, me interesaba escribir un anexo al final de cada capítulo; la idea era que estos anexos pudieran estar relacionados de forma directa o indirecta con lo narrado previamente y que fueran una combinación de datos reales y ficticios. Por ejemplo, hay un anexo en el que se da la explicación médica de un aneurisma, la cual fue revisada por un doctor; mientras que en otro, hay un listado con la descripción de los arreglos florales más populares de “Boutique floral y algo más”, el establecimiento de Leidy. Estos anexos enriquecen la historia, pero sobre todo, borran el límite entre la realidad y la ficción.

La idea de incluirlos es una mezcla de influencias en cuanto a recursos narrativos que incluyen a Joyce Carol Oates, Manuel Puig y quizás de manera mucho más directa, David Foenkinos.

A Leidy, la protagonista, no le gusta su signo y decide cambiárselo. A Itzel, ¿le gusta su signo? ¿Cuál es? ¿Te identificas con él? ¿Te lo cambiarías?

No soy una persona a la que le interese la astrología, pero como escritora sí, o debería decir que a algunos de mis personajes les interesa. Soy Sagitario, y aunque ya dije que no me interesan los signos zodiacales, la mayoría de las características adjudicadas a los de este signo me quedan a la perfección. Como soy la representante perfecta de los sagitarios, decidí utilizarlo en la novela. Es una burla hacia mí misma.

Morderse las uñas es un libro en el que aparentemente no pasa nada, pero pasa todo. ¿Por qué decidiste escribirlo así y no con un argumento tradicional?

No me había puesto a pensar en esto, pero tienes razón, todo sucede en un día; la novela va de un día en la vida de Leidy, desde que se despierta en la madrugada hasta la noche cuando vuelve a su casa. Sin embargo, en ese día se resume su vida, en ese día pasa por todas las emociones, se le vienen encima los recuerdos, los miedos, se inspira y crea el arreglo floral más importante en su carrera, se revela, grita y pelea con su amiga, se reconcilia.

Cuando escribí la novela no planeé que fuera de esta forma, lo que quería era contar la historia de Leidy y finalmente lo que vemos es un momento determinante en su vida, un momento en el que se da cuenta lo que tiene y lo que nunca va tener.

Sabemos que el libro se escribió durante tu estancia en Casa Octavia con Sylvia Aguilar Zéleny.

Así es, una parte del libro fue trabajada en la residencia para escritoras Casa Octavia, en El Paso, Texas. La experiencia fue sensacional porque necesitaba ese tiempo para concentrarme y avanzar con la novela; además, Sylvia Aguilar es una tremenda escritora, lectora, maestra, y conversadora. Me abrió las puertas de su casa, me dio todo tipo de lecturas que pudieran contribuir al personaje, me cuestionó sobre la estructura y sobre las posibilidades del desenlace (y claro, me llevó de compras). Sylvia fue mi cómplice, me compartió sus proyectos, me sembró dudas y las dudas te obligan a enfrentar todo aquello que no tienes resuelto.

¿Cómo ves el panorama de las mujeres escritoras mexicanas en la actualidad?

Esperanzador. Me encanta ser parte de esta generación, vivir en este tiempo en que hay iniciativas para visibilizar el trabajo de las escritoras. Hablo de esta red tejida por las propias mujeres donde la solidaridad se hace patente: concursos, editoriales, espacios desde la academia, residencias de escritura, sitios web. Me encanta porque  aunque la situación siga siendo desigual, se percibe la fuerza, ese frente común construido desde cada una de nosotras, ya sea en el aula, en los medios o en la literatura. Quizá soy muy optimista, pero en verdad tengo esperanza.

¿El ser una escritora que no reside en la CDMX es una ventaja o una desventaja?

Para mí representa una ventaja. Vivo en una ciudad que amo, que me ofrece una vegetación maravillosa, un buen clima y montones de actividades culturales. Vivo en un lugar silencioso, tranquilo y seguro (en la medida de lo silenciosa, tranquila y segura que puede ser la vida en cualquier lugar de México), donde están las personas que quiero y donde me siento muy apoyada. Xalapa me ofrece lo que necesito para escribir, y siempre está la posibilidad de viajar a la CDMX para realizar talleres y presentaciones.

El libro fue finalista en un concurso de narrativa colombiana, ¿por qué Colombia y no México?

Porque se dio la oportunidad. Bogotá, es un lugar muy cercano para mí, es una ciudad que me encanta y en la que tengo grandes amigos. Resulta que justo cuando estaba trabajando en la novela salió la convocatoria en Colombia y un par de amigos me informaron. La novela corta es un género sumamente limitado en cuanto a concursos, así que lo vi como una señal.

Me apresuré a terminar la novela y apenas tuve tiempo de enviarla con un amigo colombiano que estaba en Xalapa y su fecha de regreso coincidía con el cierre de la convocatoria. Otro querido amigo me hizo favor de recogerla en Bogotá y entregarla en la oficina de recepción de la Universidad Javeriana; así que yo digo que mi novela llegó de mano en mano hasta su destino. Finalmente me informaron que había ganado el segundo lugar y que me la publicarían.

Este premio fue muy importante por dos razones: porque el cuento del que surgió la novela lo escribí en Bogotá y porque tenía muchas dudas sobre mi capacidad para incursionar en este género. Los premios son una palmada en el hombro y hay momentos que esa palmadita hace la diferencia.

¿Para cuándo se venderá en México?

¡Ay!, el asunto de la distribución es todo un tema, pero al parecer pronto estará disponible en formato electrónico para adquirirla en cualquier país. También está la posibilidad de que este año se consiga a través de un par de librerías en la CDMX, ya les estaré avisando cuando al fin sea posible conseguirla acá.

Hay quien dice que morderse las uñas es igual a morderse uno mismo, que morder es la representación de la rabia; por eso se ha escrito sobre morder, sobre morder la tierra toda, sobre morder la vida.

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