Entrevista con Margarita Díaz de León

Margarita Díaz de León: entre el amorismo y el eroismo, artefactos para una poética

Por Ulises E. Hernández

Margarita Díaz de León publicó su libro de poesía En escala del 15 al 26 (2020) como una nueva búsqueda del discurso amoroso, del deseo silenciado por las propias mujeres. Su nuevo poemario, Falda al viento. Artefacto poético, se publicará en agosto de 2021.

Esta es una entrevista exclusiva para Escritoras Mexicanas.

Ulises: ¿Cómo fue el momento en que decidiste convertirte en creadora? Es decir, ¿cuándo te separaste del ambiente académico que te rodea?

Margarita: Fue por Vicente Huidobro, específicamente por Altazor. 1919 fue la fecha de publicación. En 2019 se cumplieron los cien años de este maravilloso poema. Lo comencé a adaptar para Unidanza Contemporánea, de la UASLP. Luego, con el paso del tiempo, los eventos sobre Macondo y Rayuela fueron otros puntos neurálgicos para mi desarrollo creativo.

U: ¿Cómo fue tu proceso de escritura? ¿Qué descubriste?

M: Descubrí que más que lo que quería hacer, fue más qué podía hacer. Hice una intervención a textos líricos que me resultaban atractivos y ahí fui moldeando mi voz lírica. Me di cuenta de que el talento, el oficio, el contexto son las partes que más ayudan. Descubrí que tengo la teoría, las lecturas, pero el talento aún no lo sé. Eso lo descifra el lector. Siempre.

U: ¿Cómo encontraste el libro ideal para publicar?

M: Encontré el libro ideal para publicar porque tenía sobre la mesa a figuras que me formaron literariamente. Específicamente me ayudé de las voces femeninas de la Maga y de las mujeres de Macondo. Ahí estuvo todo el material creativo. Puse las herramientas sobre la mesa e identifiqué qué es lo que yo podía hacer. Además, en la FIL de 2019, comenté a varias editoras que estaba escribiendo poesía, ¡pero cómo poesía!, esa fue la respuesta, sin embargo, tuve el apoyo de mi editora Georgina. Nos fuimos por la libre: publicamos solamente cien ejemplares; quise hacer algo como lo hizo Borges cuando publicó su Fervor de Buenos Aires: tomar el número telefónico y la dirección de cada persona que comprara mi libro para ir a darle personalmente las gracias. Algo así, como un juego entre las dos partes.

U: Maritza M. Buendía y la Dra. Gloria Prado fueron tus madrinas, por así decirlo. ¿Cómo fue su acompañamiento?

M: Siempre buscamos lectores, sin duda. Ellas fueron una pieza clave para mi libro. La doctora Gloria Prado fue quien escribió el prólogo y Maritza lo presentó. En ellas encontré la complicidad y la lectura crítica.

U: Ahora, cuéntame sobre el título de tu poemario, En escala del 15 al 26, es llamativo, pero sé que guarda un secreto literario.

M: Cortázar, sabes que me encanta, lo retoma desde la acepción que le dio Victor Hugo al punto vélico, que lo desarrolla en su prefacio a su obra de teatro Cromwell, este texto es el manifiesto del Romanticismo, porque se apropió del drama como medio para hacer teatro. Esta escala es la medida de los vientos y ante los vientos. Es, pues, la búsqueda del punto vélico, del punto esencial para la estabilización del viaje náutico y de la poesía. Los vientos se miden de esta manera, del 15 al 26, por así decirlo.

U: Tu “Poema 11” conversa secretamente con tu abuela, ¿tienes rasgos autobiográficos en tu creación poética?

M: Yo creo que todo tiene dejos autobiográficos, porque si no sería pura retórica. Yo sabré hasta qué punto estos ecos resuenan en mi escritura. La cuestión es que, si no partes de la vida misma, entonces sería lenguaje maravillosamente escrito. Hay que tomar ese tipo de decisiones hasta cierto punto consciente. Es decir, como Cortázar, yo quiero escribir mal, porque es la vida la que me dicta. Sin la vida en la creación, no habría honestidad. Quiero que la poesía, mi poesía, sea humana, que no sea meramente un ejercicio sofista. Paul Ricoeur decía que la literatura se levanta desde tus lecturas, desde tus experiencias, desde tu infancia incluso. Creo que ahí es donde se levanta el lenguaje.

U: ¿Cómo fue delinear el sujeto lírico en tus poemas? Sé que parten del deseo, pero cuéntame más.

M: Comencé a sentir que las voces femeninas empezaban a levantarse. Entonces pensé cómo podría enunciar el deseo, porque sabemos que nos auto silenciamos ese deseo desde el propio cuerpo femenino, pero sucede desde el punto de vista masculino que quizá hay en nosotras. Hay hombres que me leen y se quedan mudos. Es decir, desde el mito del amor, creo yo, es que la preocupación del deseo existe ya. Es Eros, no el erotismo que trabajó Bataille. Eros y Tánatos están en constante reflexión en mi poemario.

U: ¿Tu concepto de erotismo entonces no es sociológico?

M: No, es mitológico. Creo que quienes estudiamos literatura siempre hemos leído mal a Bataille, ¿no? Hay lectores que miran desde lugares diferentes. Este es un poemario de amor erótico. Debido a eso inventé el término amorismo o eroismo, a la manera de las vanguardias, ¿no? Conlleva el poner adelante en nuestra vida el gozo, el placer, y una estética del dolor, porque todo esto conforma una esfera del deseo y del erotismo.

U: En medio de una poesía más bien sociológica o política, ¿por qué rescatar lo literario de las creaciones poéticas actuales?

M: Siempre hay que volver a los diálogos anteriores para entender los contrapesos que existen hoy. Me gusta pensar desde el absurdo. Comencé a escribir por venganza; o sea, hay que recuperar esa parte sensible que nos unen a las mujeres y a los hombres. El amor sigue siendo una fuerza vital para todas y todos -creo que nací en el siglo XI-.

U: El amor en tu poemario es el pretexto para que las voces líricas confluyan, pero ¿cómo vives tú el amor?

M: Lo sigo buscando. Me pregunto siempre dónde lo puedo situar. Lo sitúo en el gozo, en el abandono, en la figura masculina, en la cama…

U: ¿Deberíamos regresar al tono intimista?

M: Al flujo de la consciencia, yo creo. No hay que romper la narrativa, porque cuando usamos el flujo podemos identificar qué hace el mundo de afuera, es decir, lo político; sólo así sabremos identificar las emociones, el placer, el dolor.

U: El cuerpo también es un medio para los poemas de En escala del 15 al 26, ¿cómo lo pensaste y cómo acuerpaste el deseo y el erotismo?

M: El cuerpo pierde su unidad, porque en el deseo siempre hay dos cuerpos. Esa danza de los cuerpos que digo en el “Poema 11” es una reflexión sobre cómo el cuerpo se relaciona con el otro y con los sentidos, es decir, desde lo sinestésico, ¿no? El dolor, el abandono, la crisis son piezas de las relaciones. Cuando abandonas una relación, abandonas un cuerpo, te quedas como un arete sin el otro: huyo de otro cuerpo, pero en medio de esa crisis, podré renacer. Eso es el cuerpo para mí. Duele todo cuando rompes con alguien, porque desde la crisis emergen nuevos cambios en el cuerpo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *