Fatima GalBos/Entrevista

Platicamos con Fatima GalBos, autora de la novela romántica “Fractales en la Arena”, y “Aves de Cristal: La Casa de los Pájaros”, novela de suspenso que se ha colocado de forma continua en los primeros lugares de ventas en Amazon México, dentro de la categoría de Thriller Psicológico.

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1. La pregunta que le hago a todas las escritoras, ¿por qué escribes?

Escribir es la manera en la que doy sentido a mi propia realidad. No solo es un medio que me ayuda a dar cierto orden a mis ideas (tan dispersas como obsesivas) sino como un mecanismo de catarsis vital para expresar mis emociones, incluso para conmigo misma.

De niña y adolescente, soñaba despierta con ser muchas cosas. Por mi cabeza pasaron toda clase de profesiones distintas, y hasta dispares, pero todas tenían una cosa en común. Soñaba con ser paleontóloga. Y escritora. Astrónoma. Y escritora. Actriz de teatro. Y escritora. Bióloga. Y escritora… Lo chistoso es que aunque mi llamado a la escritura estaba siempre presente, me tomó muchos años darme cuenta de que era mi verdadera vocación. Como si por tratarse de mi hábito más arraigado fuera tan transparente como el aire que respiraba.

Después de publicar mi primera novela, descubrí que también escribo para conectar con los demás de la misma manera en que me siento conectada con mis autores favoritos. Digo que fue hasta después de publicarla, porque he de admitir que antes sentía temor de que mis palabras escritas no encontraran otras mentes dónde anidar, no por desconfianza en los demás, sino por inseguridades propias. Tener lectores que disfruten lo que escribo ha cambiado mi relación con la escritura; ahora me siento más valiente para abordar diálogos internos que me resultan atemorizantes, simplemente porque quizás haya alguien ahí afuera que pudiera compartirlos.

2.-¿Cuándo y cómo descubriste que querías dedicarte a escribir?

Como decía, me tomó muchos años darme cuenta de que mi felicidad estaba en entregarme a la escritura. Mi relación con ella ha pasado por metamorfosis según cada etapa de vida. De pequeña, escribía y dibujaba cómics. A los trece años se me ocurrió escribir mi primera novela. A los quince, escribía en secrecía; un efecto secundario de haber sobrellevado dos años de acoso escolar por expresar mi amor hacia los libros. Incluso tenía un pseudónimo completamente distinto a mi nombre y juraba que publicaría libros bajo el mismo, viviendo mi vida literaria en anonimato. A los dieciocho, viajé fuera de México y perdí el temor a leer mis historias en voz alta. Tomé el valor de escribirle a Anne Rice, una de mis escritoras favoritas, y su respuesta me inspiró a buscar mi propia voz.

En mis veintes pasé por distintos trabajos, de los cuales disfruté la mayoría, pero el tiempo que pasaba sin escribir siempre me hacía un hueco en el corazón. Hace un par de años trabajaba de tiempo completo en una oficina y llegaba a casa a dedicar otras cuatro o cinco horas a mis libros. Era extenuante, pero vivía bajo el terror de abandonar la seguridad de mi salario fijo. Así fue hasta que el terremoto del 2017 me dejó una crisis emocional muy fuerte. Me hizo replantear el valor del tiempo y enfrentar mi propia fragilidad. Fue cuando decidí dedicar todas mis horas y esfuerzo a esta carrera, nada desprovista de tribulaciones, pero nutrimento indispensable para mi alma.

3.- Tu primera novela es “La Casa de los Pájaros”, la primera entrega de la trilogía “Aves de Cristal”. Cuéntanos un poco más sobre esta trilogía.

“Aves de Cristal” sigue las andanzas de Alicia y Elisa, dos mujeres de distintas edades que comparten una fuerte conexión con La Casa de los Pájaros, una extraña mansión en lo alto de una cañada en la ciudad de Cuernavaca, en el estado de Morelos. La casa, además de haber sido construida por una mujer conocida por su excentricidad, tiene la peculiaridad de que todos sus muros están decorados con enormes vitrales coloridos con las figuras de distintos pájaros.

Alicia es una adolescente curiosa, y la heredera de dicha mansión que perteneciera a su abuela Olivia, a quien no conoció en vida. Elisa es una joven publicista, quien se ve atormentada por una pesadilla que la obliga a regresar a su ciudad natal, Cuernavaca, y a reencontrarse con su pasado en la misma Casa de los Pájaros. Las circunstancias las llevan a refugiarse en los enigmas que encierra el lugar, y en su amor por descifrar y comprender lo inexplicable.

“Aves de Cristal” es una trilogía sobre la conexión humana con el mundo de los sueños, de lo simbólico. Es un llamado a explorar los grandes temas en común de la psique colectiva que parecieran prevalecer en todo lo que hacemos como especie, muy por encima de la época, la ubicación geográfica o la cotidianidad. Yo la describiría como una aventura psicológica y onírica ambientada en el mundo contemporáneo.

4.- En tu semblanza señalas que la trilogía está basada en “un vívido sueño que te impactó de manera irrevocable”, ¿qué soñaste? ¿cuál fue el proceso para convertir el sueño en novela?

 Soñé con la Casa de los Pájaros y con sus vitrales. Cada una de las aves en esa mansión enorme me susurraba secretos. Una de ellas, me daba pavor. Era una ave como ninguna que hubiera visto jamás; algo fuera de este mundo. Y sus secretos me daban miedo.

Desperté, me fui a la escuela y me puse a dibujar todo lo que recordaba. Poco antes de que acabara la primera clase, pasaron a nuestro salón unos chicos para invitarnos a participar en un concurso de escritura. Nunca he sabido por qué, pero en ese momento todo en mi ser me dijo que tenía que escribir la historia de La Casa de los Pájaros y sus aves. Se convirtió en una obsesión.

Escribí el primer borrador completo a las pocas semanas. El archivo se dañó y ahora solo guardo los primeros capítulos que había podido imprimir. El concurso pasó sin que lograra quedar entre los ganadores, pero decidí seguir trabajando en la historia. No importaba si nunca veía la luz del Sol; las aves de cristal no me dejaban sola ni un momento.

Con los años, la historia y su mundo fueron creciendo y continúan haciéndolo al día de hoy. Incluso más allá de la trilogía. Creo que desde los trece años no he pasado un solo día fuera de la Casa de los Pájaros.

 5.- Hablemos de “Fractales en la Arena”. Está inspirada en un viaje que realizaste en 2017 al poblado de Tortuguero, Costa Rica. Ahí conociste a la Sea Turtle Conservancy (SCT) para salvar a las tortugas marinas. ¿Qué pasó en ese viaje que te llevó a escribir la novela?

 Estar en Tortuguero fue una experiencia ensoñadora para mí. Amo la naturaleza y nunca me había sentido tan internada en un lugar puramente salvaje. Sabía que debía escribir algo sobre aquel lugar que me hacía sentir en el fin del mundo.

Mis ideas iniciales se inclinaban a una historia tipo thriller, pero conforme pasaban las semanas, mis recuerdos de Tortuguero me llevaban a imaginarme escenas de lo que hoy es “Fractales en la Arena”. Varios temas que llevaban germinando en mi cabeza encontraron su perfecto refugio en la sensualidad del aire húmedo del poblado, en sus lloviznas diurnas y en los claroscuros de sus manglares.

6.- “Fractales en la arena” es un libro principalmente de amor. ¿Por qué escribir una historia de amor en una época en la que parece que se exige a las mujeres escribir de otros temas? ¿Cuál es la importancia de seguir escribiendo sobre este tema?

 Es interesante que lo menciones, ya que ésta sí fue una preocupación inicial cuando estaba planeando la historia. Entre más desarrollaba (conocía) a cada uno de mis personajes, más evidente era que el resultado de sus colisiones sería una historia de amor. Llegué a cuestionarme si en verdad quería escribirla, porque tenía la cabeza enmarañada con el temor de explorar un género y terminar estancándome en él, siendo que me gustaría tener una carrera multifacética. El viejo estigma de que las mujeres son exclusivas escritoras de romances, no ayudaba a aminorar mis ansiedades.

Creo que fue la necesidad de explorar, expresar y –tal vez, exorcizar también– muchas de las emociones que sirvieron de inspiración para la historia, lo que me hizo seguir adelante, corriendo el riesgo de que terminara siendo una búsqueda íntima que pudiera no llegar a manos ajenas.

Pero conforme la trama se desenvolvía, me di cuenta de que mi acercamiento al tema del amor iría más allá de la dinámica de pareja en un sentido convencional. La relación de Irene con la naturaleza, el vínculo entre Irene y Kwame, la conexión de Kwame con la tortuga marina…Cada uno me hizo retomar viejos diálogos internos sobre el significado de amar, y las diferentes formas de hacerlo (como el storgé y ágape griegos). La discriminación a nivel legislación y sociopolítica hacia formas de amor distintas del heterosexual fue una fuerte inspiración para mantenerme firme en mi decisión de hablar de manera franca sobre el tema.

Al final, todo esto se unió para obliterar mis propios tabúes latentes sobre el género literario, y para darme cuenta de que si lo que buscamos es equidad, entonces todos (mujeres, hombres y géneros no binarios) deberíamos ser libres de abordar la experiencia humana desde todas sus facetas, aristas y profundidades, sin que unas conlleven mayor o menor mérito literario y artístico que otras.

Ahora, después de todo este proceso, admito con alegría que mi primera reacción mental al hecho de que afirmaras que “Fractales en la Arena es un libro principalmente de amor” fue pensar, “¡sí, sí lo es! Qué bueno que logre percibirse de esa forma, porque lo es; es una historia sobre el amor.”

7.- Y sin embargo, en el libro también tocas temas sociales como la ecología, el bullying, la homofobia, entre otros. ¿Cuál es la importancia de la literatura para concientizar a la sociedad sobre estos temas?

Me parece indispensable abordar estos temas desde la experiencia humana. A veces, sospecho que buena parte de las personas que mantienen una actitud ya sea tibia, de indecisión o incluso de oposición hacia estos temas lo hacen porque se pierden en la vorágine de los discursos políticos que conllevan.

Si bien es difícil considerar dichos temas en completa abstracción de su aspecto sociopolítico, la dimensión personal aporta gran profundidad; emociones con las que muchos se pueden identificar fácilmente. Porque entonces nos quitamos categorías, asociaciones y generalizaciones, y desnudamos aquello que compartimos a un nivel esencial. Desde ese lugar en común, todos conectamos, y la literatura y el arte hacen justamente eso.

8.- En la novela se habla de las almas gemelas, ¿que escritora es tu alma gemela y por qué? Esa que lees y relees, esa que admiras y de la que le has aprendido.

 Al igual que Irene, tengo debilidad por la poesía. Sin afán de sonar trillada, la verdad es que los versos de Sor Juana Inés de la Cruz han sido mis compañeros por décadas; un refugio cuando desespero o cuando me siento alienada de un mundo a veces demasiado violento e injusto. Y tal como los poemas de Antar que lee Irene, la obra de la Décima Musa me resulta tan intimidante como cautivadora.

Siento una conexión inexorable con la visión de la naturaleza humana que destilan sus palabras. Creo que está de más decirlo, pero su obra va mucho más allá de la belleza poética; expresa arrojo, pasión, libertad, desafío y una obstinación por retar al pensamiento. Tanto su poesía como su vida misma me han inspirado a ser disciplinada, a no claudicar y a escribir con valentía, incluso a través de mis miedos y momentos de desesperanza.

 9.- En el libro cuentas un poco sobre el proceso de documentación que tuviste con la Sea Turtle Conservancy (STC), ¿puedes contarnos un poco más?

 Es imposible viajar a Tortuguero y no escuchar acerca de la Sea Turtle Conservancy, la organización de investigación y conservación de las tortugas marinas más antigua en el mundo. En lugar de realizar su labor de manera aislada del poblado, trabajan activamente con la comunidad para promover una cultura de la conservación. La STC es una parte esencial de la historia de Tortuguero desde que el Dr. Archie Carr, un ambientalista muy renombrado del siglo XX, iniciara su labor para salvar a las tortugas marinas de la extinción, no solo en Costa Rica sino a lo largo y ancho del caribe.

Desde que concebí el personaje de Irene, estaba decidida a que estuviera involucrada con dicha misión; quería que el lector conociera Tortuguero no solo a través de los ojos de Antar, un visitante, sino desde la perspectiva de alguien directamente involucrado con las tortugas. Cuando comencé a investigar sobre las actividades que la STC realiza, me fascinó la labor de voluntariado a la que convocan cada año, ya que conforman equipos de diversas nacionalidades y perfiles.

Pero había un problema: debía decidir entre mencionar explícitamente a la organización o crear una ficticia. Sin duda, la segunda opción me habría hecho la tarea más fácil. Sin embargo, la posibilidad de que alguien llegara a interesarse en proteger a las tortugas marinas por medio del libro me entusiasmaba sobremanera. Así que di un salto de fe y le escribí a la STC sin grandes expectativas de que escribieran de vuelta.

Para mi grata sorpresa, lo hicieron. David Godfrey, director ejecutivo de la organización, respondió y me puso en contacto con el Dr. Roldán A. Valverde, director científico de la STC, quien me concedió una entrevista en la que aclaró todas mis dudas sobre el funcionamiento de la estación en Tortuguero, así como material escrito y seguimiento a preguntas que le hice en meses posteriores. Realmente estoy muy agradecida con ellos, ya que no solo me dieron herramientas que aportan realismo al libro, sino una referencia tangible para motivar a lectores interesados en conocer y proteger a las tortugas marinas.

 10.- ¿La STC leyó el libro? ¿Qué opinó?

 Hace poco recibí confirmación de parte del Dr. Valverde diciéndome que ya tiene el libro en sus manos. Lamentablemente su agenda no le ha permitido leerlo, pero espero con ansías recibir sus comentarios cuando le sea posible.

 11.- Un punto fuerte de tu literatura es las descripciones del ambiente que haces. Realmente uno se siente en mitad de la tormenta, o de la selva. ¿Qué técnica utilizas para lograrlo? ¿Hay alguna suerte de ritual cuando escribes estas escenas?

¡Gracias! Intento sumergirme en el momento y estar atenta a lo que implicaría para cada uno de los sentidos. ¿Cuál es la temperatura ambiente? ¿Qué aromas impregnan el aire? ¿Cómo se siente la tela de la ropa de mi personaje? ¿De qué manera afecta la iluminación a su percepción de lo que ve y su estado de ánimo al respecto? ¿Qué sonidos percibe? ¿Cómo se relaciona todo esto con sus pensamientos y emociones? Estas son preguntas que me ayudan a adentrarme en la escena. No hay un formulario definitivo; las preguntas varían dependiendo de la situación. Lo importarte es tratar de portar la piel del personaje, de manera que el lector también pueda hacerlo.

No estoy muy segura de llevar a cabo rituales como tal. Lo que sí es que me gusta tener siempre a la mano material audiovisual relacionado con la escena en cuestión. Cuando fui a Tortuguero grabé varias horas de video y tomé cientos de fotografías; es mi costumbre cuando visito cualquier lugar que encuentro interesante o hermoso.  Me ayudan a recordar lo que sentía en el momento en que los tomé.

También tengo listas de música que me ayudan a ponerme en ciertos estados anímicos. Por lo regular, no giran en torno a un género específico. Pueden ser melodías de piano, grandes sinfonías, electro swing, clásicos de rock, o canciones indie pop; todo revuelto en una mezcla de apariencia azarosa. Pero hay algo; un sentimiento esencial que me despiertan. A veces, una canción o melodía me inspira tanto que la pongo en repetición infinita hasta que termino de escribir.

Algo curioso es que escribí las escenas de la tormenta en verano y había constantes tormentas eléctricas donde vivo. Fue algo completamente fuera de mi control, ¡pero vaya que lo sentí como un regalo divino! Cada quien encuentra inspiración de formas distintas y tiene métodos diferentes, pero la única verdad que considero universal es la vieja recomendación de Pablo Picasso: la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando.

12.- ¿Qué le aprendiste a tus protagonistas, tanto a Irene como Antar y Kwame?

 De Irene aprendí a aceptar muchas de mis contradicciones. Tuve que afrontar algunos momentos de mi pasado en los que me consideré inequívoca, pero que al echarles nueva luz han adquirido distintas dimensiones, no siempre favorecedoras ni evidencias de buen criterio. Quise ser lo más franca al escribirla y eso implicó serlo conmigo misma de una forma que varias veces me quebró por dentro. Pero al final, siento que valió la pena y que hoy soy un poco más sincera con mi persona.

De Antar aprendí que todos tenemos y somos villanos. Inicialmente, tenía la intención de tratar a este personaje con mucha más severidad. Pero hay tanto cuánto puedo controlar a mis personajes. Una vez que termino la fase de planeación y comienzo a escribir de lleno, es como si realmente estuviera conociendo a personas reales. Siempre terminan sorprendiéndome. Entre más pasaba tiempo en la cabeza de Antar, más entendía sus motivaciones y miedos, hasta que supe que su historia no iba a ser tan sencilla como creí; tenía que ser justa y procurar que el lector conociera también sus ambivalencias y conflictos.

De Kwame me enamoré. Ha sido uno de los personajes que más he disfrutado escribir. El tiempo en su compañía siempre fue un placer. De él aprendí a reconectar con ese amor puro que sentía de niña por todo a mi alrededor. Me fascinó ver el mundo a través de sus ojos, porque fue como verlo nuevamente, desde la esperanza, desde una fortaleza que me recuerda a la de los niños; pero también desde el enojo, la injusticia y el dolor, así como la posibilidad de elegir entre actuar a partir de tales impulsos o no.

 13.-¿Qué puede hacer la gente interesada en salvar tortugas marinas?

 ¡Muchas cosas! Todo suma. Puedes reducir tu consumo de plásticos en general y generar consciencia de manera positiva en quienes te rodean. Si consumes pescado, asegurarte de que proviene de pesca responsable. Si vives cerca de alguna playa, puedes buscar asociaciones que la protejan y unirte a sus esfuerzos como voluntario. Si las visitas, no generar desperdicio en ellas ni consumir huevo de tortuga. También puedes buscar organizaciones y donar a las mismas si no te es posible realizar voluntariado.

La Sea Turtle Conservancy, por ejemplo, te permite “adoptar” una tortuga. Puedes nombrarla y tu donativo ayuda a que se le pueda rastrear y de esta forma procurar su bienestar durante sus rutas marinas. También puedes participar en la convocatoria para convertirte en asistente de investigación igual que Irene y Kwame, y de ser seleccionado vivir en Tortuguero durante la temporada de anidamiento de las tortugas. La STC acepta voluntarios de todo el mundo y de todo tipo de profesiones; todos los asistentes reciben capacitación así que no tienes que ser experto en tortugas.

Estos son algunos vínculos a sus programas:

 

 

14.- En una parte del libro hablas sobre la comunicación entre seres queridos en la antigüedad, cuando pasaban semanas para saber de ellos. Ahora el Internet facilita las cosas, pero mi pregunta va en otro sentido, cómo ha cambiado Internet a la literatura? 

 Creo que la Internet ha brindado nuevas herramientas tanto a lectores como a escritores. Plataformas como Amazon hacen posible adquirir libros, ya sea electrónicos o impresos, que quizá no se encuentren en una librería cercana, o ni siquiera en toda una localidad geográfica. Los lectores ya no tienen que depender de los inventarios de librerías físicas, y aunque los tiempos de envío de Amazon aún son muy variados, los lectores recibirán el libro sin importar que se impriman o no grandes tirajes del mismo en su localidad.

Para los escritores implica un gran escaparate que antes era inexistente, especialmente para autores novicios. Por ejemplo, considerando mi caso, pero situándolo en épocas anteriores, mi novela pudo haberse publicado muchos años después de haberla escrito, o nunca, dependiendo por completo del interés de una editorial en publicarlo.

Aunque me sigue emocionando mucho la idea de contar con el respaldo de una editorial algún día, Amazon, en específico Kindle Direct Publishing, me ha dado la oportunidad de empezar mi carrera teniendo lectores, generando regalías de mis libros, y también de recibir retroalimentación por parte de quienes los reseñan. Esto es valiosísimo, ya que es difícil recibirla por parte de editoriales, las cuales, de manera entendible, solo pueden leer un limitado número de manuscritos por año, de los cuales no siempre pueden ofrecer retroalimentación. Lo mismo sucede con las convocatorias y concursos.

Recibir reseñas por parte de lectores reales es un termómetro que también ayuda a escritores novicios a aprovechar la crítica constructiva, a lidiar con la no constructiva y a aprender a discernir entre ambas. En definitiva, nada te prepara para leer tu primera reseña negativa, pero con el tiempo, aprendes a tomar lo útil y a desechar lo inservible.

Yo creo que todos los escritores debemos tener una mente abierta tanto para la publicación tradicional como para la independiente. Al final del día, me atrevo a decir que nuestro deseo compartido es que nos lean, por lo que ambos caminos son valiosos y útiles dependiendo de las circuntancias.

15.- Al final dices que “No se debe escribir solamente para una misma; también es crucial entregar algo de valor a los lectores”, ¿qué buscas darle a tus lectores?

Sin importar el género, todos mis autores favoritos tienen algo en común: me han hecho sentir que me regalan una parte de ellos mismos. No lo que yo –creía que– quería leer, no una imagen perfecta de su psique, sino una parte cruda de su ser. La oportunidad de ver la realidad a través de sus ojos. Y siempre me he sentido en deuda.

Como escritora quiero darle a mis lectores un pedazo de lo que tiene más valor para mí: mi alma.

16.- ¿En qué estás trabajando?

Me encuentro trabajando en varios proyectos literarios de manera simultánea. Me gusta trabajar prácticamente en secrecía, así que nadie sabe nunca realmente qué estoy haciendo, solo me ven trabajar como abejita. Soy ideática, por decir algo.

Lo único que sí saben mis lectores y amigos es que sigo trabajando en la segunda entrega de la trilogía de Aves de Cristal. Nunca dudan en recordarme que los tengo esperando, lo cual me pone tan feliz como preocupada por entregarles una secuela digna de ellos. Una de mis lectoras más cercanas constantemente me pide (amenaza con) que sea una escritora benigna con sus personajes favoritos.

Comencé a escribir la secuela antes de “Fractales en la Arena”, y varios meses trabajé de forma paralela en ambas, pero ésta última resultó ser más corta, es por ello que la publiqué antes. Así que me aventuraré a decirles que no debe faltar demasiado tiempo para que se enteren de qué ha pasado en las vidas de Elisa y Alicia desde el final de La Casa de los Pájaros.

 

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