Julieta García González/Entrevista

La escritora Julieta García González nos platica en entrevista sobre su carrera, sus fuentes de inspiración y nos recomienda a otras escritoras mexicanas.

1.- La dos preguntas que le hago a todo mundo, ¿por qué escribes? ¿Cuándo empezaste a escribir?

Supongo que mis razones se parecen a las de casi todos los escritores: para contar. Contar se volvió para mí, hace mucho, una forma de entender y aprender. Hay algunas obsesiones que, como decía Juan García Ponce, se me cuelan como a la mayoría de los escritores. Veo gestos, actitudes ante la vida, formas de ser que me obsesionan y quiero saber cómo y por qué esa persona es así, qué fue lo que le pasó y cómo se vincula conmigo. Esos individuos reales se transforman en personajes que mueven historias.

Sobre cuándo comencé a escribir, empecé muy chiquita, cuando era una niña. Escribía cuentos para mis amigas, los ilustraba y los vendía en la primaria o los intercambiaba. Pero eso parecía un juego, para mí y para todos. A los 13 leí “El llano en llamas” y me cambió la vida. Cambió mi forma de ver las cosas por algo que en ese momento no entendí pero que ahora sé que fue el lenguaje. El habla, las palabras, la forma de crear mundos a través de las palabras de una manera insólita. Era una lectora ávida, pero no había leído nada así. Quise reproducir lo que había sentido al leerlo y pensé en dedicarme a leer y escribir.

2.- Tu temática es amplia, escribes desde escenas eróticas hasta cuentos infantiles, ¿por qué escribir para niños y no quedarte en la zona de confort de escribir sólo novelas y cuentos para adultos?

“El pie que no quería bañarse” fue una experiencia divertidísima. Los cuentos infantiles me han acompañado desde siempre, incluso hoy. Son algo que disfruto mucho: leo y releo algunos y busco siempre tener cuentos infantiles “frescos”. Me encantan. Crecí con ellos y son de las pocas cosas de la infancia que prolongan su encanto hasta la adultez. Sin embargo, no pensé en escribir uno hasta que tuve sobrinos. Empezaron a nacer y a crecer montones de niños y tuve muchas ganas de contarles algo. Lo había hecho antes con mis primos menores: les contaba cuentos y cuentos hasta que se dormían. Los sobrinos probaron ser mucho más cercanos en todos los sentidos, así que les conté cuentos y de ahí salió uno que pensé que podía funcionar. Se lo conté a Laura Lecuona, que estaba en SM, y me invitó a que lo trabajara y lo publicara. Lo hice y de verdad que amé todo el proceso. Así que, aunque ahora casi todos mis sobrinos están grandes, intentaré hacer otro para los más jóvenes, para que lo tengan como recuerdo del rato que pasamos juntos y que yo atesoro.

3.- ¿Qué características debe tener un buen libro infantil?

Laura Lecuona me dijo unas reglas muy divertidas y claras cuando empecé con “El Pie…”

– No lo hagas para enseñar nada
– Diviértete al hacerlo
– No uses un lenguaje condescendiente

Eso me sirvió porque fue lo que encontré también en autores que me fascinan: Dahl, por ejemplo. O los clásicos de clásicos. No hay tal cosa como una moraleja real, que sirva, en los cuentos infantiles –al menos en los que me gustan. Cuando te diviertes como autor, conectándote con las partes de tu cerebro que habitan aún los primeros años, puedes entregar algo que valga la pena. Y, claro, si tienes un buen editor, ya estás del otro lado.

4.- Regresando a la temática sexual, hay una fuerte carga de esta en tus cuentos y novelas, incluso hablas de temas que podrían parecer incómodos como la expulsión de gases al momento del sexo. Hace poco, en una presentación del libro “Historia secreta del cuento” de Liliana Pedroza, Elisa Corona Aguilar, una de las presentadoras decía que: “Hay incomodidad en los temas que tocan las mujeres escritoras, hay rechazo a la edad, a la sexualidad de las mujeres”, ¿sientes que es así? ¿has recibido críticas por las escenas sexuales de tus libros?

Nunca he recibido críticas por las escenas sexuales, ni siquiera muchos comentarios. Pero como escritora –como persona, vamos– siempre me ha llamado la atención que eso que mueve masas, que ha iniciado guerras y que es en estos días uno de los motores comerciales más relevantes, no aparezca en la literatura. Entiendo que Jane Austen fuera discreta a la hora de aproximarse a eso, pero me sorprende que haya autores que de plano lo pasen por alto.

Comer, beber, tener sexo, dormir, sentirse mal o bien… ¡son elementos fundamentales! Me interesan mucho la relación de las personas (incluso de las sociedades) con su propio cuerpo, así que las escenas de sexo aparecen de manera natural. No estoy persiguiéndolas, simplemente retrato lo que es una parte fundamental de ser humanos.

5.- También tratas temas como el narco. Hay muchas escritoras que no le entran a esto. ¿Alguna vez temiste involucrarte en esta temática? ¿Te documentaste de alguna forma para escribir la historia del poblado de La Olla?

Escribí “Amuletos” para una antología sobre el narco. Nunca entregué el cuento, porque me tardé en hacerlo. No tenía elementos cercanos, auténticos, para contar una historia así. Pero un día un amigo mío, ingeniero que hace puentes y túneles, me contó unas historias tremendas que habían sucedido en un pueblo al que voy muy seguido de paseo. Volví al pueblo y me sorprendió que ahí pasara lo que me habían contado. Fui a los sitios y los vi de cerca. Después de eso salió el cuento, casi a borbotones.

6.- En el libro de cuentos “Pasajeros con destino”, algunos de tus personajes hacen viajes, tienen un movimiento continuo, ¿para ti escribir es viajar?

Casi siempre me pongo a vivir con los personajes. Cuando no logro esa “teletransportación” tiro ese cuento a la basura. Así que, en ese sentido, escribir puede ser viajar. Al menos, salir.

7.- En “La tarde de Lars Haugen” hablas sobre el tema de la inmigración, del problema latente que es esta en Europa, ¿alguna vez fuiste migrante? ¿cómo influyó esto en tu escritura?

Este cuento fue para un dossier que se publicó en “Letras Libres” y el tema era ambiental. Fue en 2006 y la inmigración no tenía las proporciones que tiene ahora. Yo había leído mucho sobre los desplazamientos que se vendrían en los próximos años (ahora, pues) por el cambio climático. En esa ecuación, las guerras prolongadas no se contaban todavía (o no como ahora se cuentan) como elementos expulsores. África, Medio Oriente y, ahora, América Latina, están expulsando enormes cantidades de personas debido al hambre y las guerras. A eso habrá que sumarle, muy pronto, los desplazamientos que vendrán cuando el cambio climático vuelva inhabitables algunas partes del planeta. El cuento quiere reflejar eso: la desconexión entre los que tienen y los que no, la falta de atención a los detalles que dicen que el mundo no es lo que era. Es un cambio muy rápido, al que no nos adaptaremos ni bien ni fácilmente.

No he sido migrante, pero sí he vivido fuera del lugar en el que nací. Viví unos años en La Paz, BCS, en condiciones más bien precarias. Y en un tiempo en el que los chilangos no éramos ni queridos ni respetados. La sociedad de allá era muy cerrada en algunos aspectos y eso fue difícil, pero también fue extraño y maravilloso.

8.- En Perro hablas de cómo un aspirante a escritor odia a un animal porque ladra por las noches y no lo deja concentrarse y escribir. ¿Qué es lo que te desconcentra e impide escribir? ¿Qué es lo que no hay que hacerle a Julieta García cuando escribe para que no nos odie?

Escribí ese cuento cuando llegó a mi vida Dorotea, una cachorro de pastor alemán. Durante las primeras semanas, ladraba todo el día y toda la noche, sin parar. Fue muy difícil, porque se suponía que yo tenía que quererla: era preciosa, me amaba, era una cachorrita lista y simpática. Pero ladraba y ladraba. Tardamos en encontrar por qué, pero un día desperté a media noche de un sueño en el que la mataba. Sabía, porque vivía en un sitio pequeño y también precario, que muchos de mis vecinos llevaban esas fantasías a la práctica: lo vi varias veces, con el corazón encogido. De ahí salió el cuento.

Con los años he descubierto que sólo yo me impido a mí misma escribir: soy mi peor enemiga para eso. La peor. Porque escribir es liberador, riquísimo, fantástico… y comprometedor, retador, a veces doloroso, a veces medio loco. Así que…

9.- Y hablando de hábitos y manías de escritura, ¿cuáles son los  tuyos? ¿escuchas música? ¿fumas? ¿Planeas perfectamente una novela o te vas dejando llevar por la trama?

No fumo y no puedo escuchar música cuando escribo, me vuelve loca. No planeo “perfectamente” una novela, sino que tengo trazos muy grandes. Casi siempre paso años escribiéndola en mi cabeza, con frases muy específicas, con capítulos marcados. Está ahí, en un compartimento de la cabeza que sirve para eso. Pero no lo “bajo” al papel hasta mucho después, cuando siento que ya, que es ahora o nunca, que más me vale sacarlo antes de que se coma otras zonas de la cabeza que sirven para ir al súper o para ser eficiente en el día a día.

Lo que sí es que escribo en las mañanas: mientras más temprano, mejor.

10- Como te decía, tienes una pluma multifacética, con un estilo muy detallista, ¿cómo definirías tu escritura?

Prefiero que la defina alguien más.

11.- En la novela “Vapor” llama la atención que rompes con los paradigmas de que para que una mujer sea deseada debe tener un cuerpo perfecto, ¿crees que la labor de un escritor es romper esta clase de paradigmas? ¿Y cómo se te ocurrió el tema de que la chica con sobrepeso fuera objeto de un deseo sexual tan fuerte entre varios hombres?

“Vapor” nació hace muchísimo tiempo. Yo iba a un club deportivo y ahí veía a mujeres desnudas en el vapor y el sauna, en los baños comunales, tratarse a sí mismas con muy distintos niveles de aceptación y respeto. Yo era una niña y me llamaba la atención que hubiera algunas que fueran tan abiertamente sexuales en sus gestos, sus movimientos y sus pláticas a pesar de ser mujeres rollizas, con celulitis. No todas, claro. Pero sí una buena parte. Eso me dejó una huella profunda y fue hasta después que pensé en otros términos, más del “deber ser” estético. Y, más tarde, me di cuenta de que casi el 100% de las mujeres no son perfectas y sí son deseadas. Cuando escribí la novela pensé en elementos del deseo que tuvieran que ver con los mecanismos más íntimos, no tanto en los que se nos presentan como definitivos.

12.- En “Cuando escuches el trueno” hay una parte que describe el proceso de una campaña de marketing “la idea original iba desgastándose conforme la tocaban, manipulaban, movían, ajustaban y acotaban los distintos actores involucrados en cada caso. Siempre se trataba de un grupo más nutrido de lo que parecía sensato y todos tenían una opinión de peso, lo que obligaba al conjunto a consultar con alguien ajeno al grupo inicial, con alguna autoridad en la materia. Eran raras las ocasiones en las que semejante convivio daba como resultado algo más rico que la propuesta inicial. En términos generales, se daban cita en un mismo proyecto ideas que no tenían relación entre sí o que, sencillamente, no eran buenas.” ¿Crees que esto se puede comparar con el proceso de escritura de una novela o un
libro de cuentos? ¿Cuando terminas un libro, a quién le enseñas el borrador, quiénes son tus consejeros para mejorar tus letras?

No sé si se puede comparar con una novela. Trabajé en temas publicitarios, de marketing y otras cosas así; he hecho muchos productos para clientes y casi nunca es fácil. Ahí sí salió un tema personal, laboral.

Tengo un grupo de amigos en los que confío para que lean los libros. Según el tema, van para un lado o para el otro. Descubrí eso hace no mucho y ahora vivo agradecida de tener quien pueda leerme, criticarme y, como dices, aconsejarme y procurarme alguna mejora.

13.- También en “Cuando escuches el trueno” hay una cita que dice
 “No sé qué te pasa, pero sí sé que el tono con el que me hablas se parece a un arrepentimiento que hace esquina con la amargura. Y ahí es donde todo se jode: en la amargura”. ¿Tú te arrepientes de no haber hecho o escrito algo en tu carrera literaria?

De no haber escrito más, publicado más. Pero soy muy lenta. Mi proceso es muy lento. Y me he dedicado mucho a un trabajo no literario, a una chamba bien vista (y no a la locura de escribir). Ahora siento que tengo que apurarme a sacar todo lo que ya está organizado en mi cabeza para ver si tiene forma de libro. Porque sí, no quiero tener a la amargura como compañera.

14.- Y finalmente: ¿Nos podrías recomendar tres libros de escritoras mexicanas? ¿Por qué los recomiendas?

La poesía completa de Sor Juana Inés de la Cruz (imperativo que la lean, al menos todos los sonetos y las glosas),- Porque es perfecta y siempre hay que aspirar a la perfección.

“Árboles petrificados” de Amparo Dávila. – Porque es rara, porque su lenguaje usa lo cotidiano para romperlo en pedazos.

“Temporada de huracanes” de Fernanda Melchor. – Porque logra empatía a pesar de la crueldad del entorno que narra.

También hay otras cosas maravillosas, recientes: “Cuaderno de faros” de Jazmina Barrera; “Arde Josefina” de Luisa Reyes-Retana; “El animal en la piedra” de Daniela Tarazona…

Y hay autoras fundamentales: Margo Glantz tiene un montón de cosas maravillosas, con mirada incisiva. Carmen Boullosa es divertidísima y tiene novelas en las que su imaginacion estalla. Rosa Beltrán ha logrado libros alucinantes, dándole vueltas al lenguaje. Isabel Zapata y Carla Faesler; Rosario Castellanos y Elena Garro… En fin… Quedan fuera de forma muy injusta una pila enorme de mujeres que escriben y han escrito para aportar y enriquecer la lengua y el mundo en el que nos movemos. Y no sólo como mujeres: como seres humanos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *