La mecenas trágica/ Columna

La mecenas trágica

Por Teresa Muñoz

Hace tiempo que quiero hablar de una escritora que en su ser y hacer queda perfecta para el título de esta columna. Una mujer que no solo escribió, sino que fue mecenas del arte en su momento y, a la manera de las actrices preparadas, leía y escribía en varios idiomas. Y su escritura no era simplemente la poesía sosa a la que nos tienen acostumbradas la mayoría de las damas de sociedad que apoyan el arte, sino que, a pesar de vivir por temporadas fuera de nuestro país, no escapaba de su sensibilidad y pluma lo que sucedía en esos momentos en México. Y lo relataba acompañado de una crítica feroz hacia los acontecimientos y sus protagonistas. Además, impulsó el talento de jóvenes poetas, novelistas, dramaturgos, actores, pintores, entre otros. Creadores en general que, hasta la fecha, forman parte de las glorias nacionales del arte y la cultura.

Una mujer que, si bien algunos puritanos pueden criticar su suicidio, con el poco tiempo que estuvo en la Tierra, en la ciudad donde viviera, hizo lo que quiso y lo que pudo para fomentar el teatro, la literatura y las artes plásticas.

Ya me extendí mucho y no he dicho que estoy hablando de Antonieta Rivas Mercado (Ciudad de México, 1900). La admiré desde la primera vez que siendo adolescente escuché de ella, gracias a un comentario mal intencionado de algún profesor de español o de historia, no recuerdo la clase. El comentario iba en el sentido de su vida indecente de mujer divorciada.  Y justo entonces supe que sería una mujer interesante. Era difícil saber de ella (recuerden el asunto del Internet) por dos cosas: el haber sido la única mujer en dos grupos de intelectuales, Ulises y Contemporáneos (qué estaría haciendo ahí, sabrá dios qué buscaba), y escritora en un mundo de hombres.

Revisando los estantes de la biblioteca, me encontré un volumen con sus obras completas, un libro editado por el FCE cuyo autor, Luis Mario Schneider, nos regala una visión más allá de la de ser la amante o la hija de.

A través de sus escritos vemos a una mujer inteligente, que sabía dónde estaba parada a pesar de su situación de hija de familia. Preocupada por su entorno, culta, traductora, narradora, actriz, cronista y ensayista. Gran amiga de Federico García Lorca quien decía de ella “una de las mujeres más inteligentes que conozco”. Antonieta hizo la crónica de la campaña de Vasconcelos, que fue publicada después de su muerte, y se tomó el trabajo de traducir dramaturgia para las puestas en escena del teatro Ulises.

En su tiempo, Antonieta era una mujer muy señalada por su postura social, económica, política. Desafortunadamente, con su muerte, los amigos y creadores a los que apoyó silenciaron su nombre hasta hacerla caer en el olvido que nos tocó a casi todos.

Sus temas son lo político, la mujer, el pensamiento. En momentos, en algunos de sus cuentos nos ofrece esta angustia del mundo habitado por hombres donde la mujer no tiene más escape que decirle a la hija que haga una vida propia, la que ella no pudo tener.

Tiene dos obras de teatro, con el tema y la crítica a las elecciones. La novela de la Rivas Mercado es un texto incompleto, como su vida. Pero también incompleta a la manera de la obra de la mayoría de las mujeres que postergaron y seguirán dejando para después la escritura, en aras de los demás, de darse a lo que necesita el otro.

En la novela, Antonieta, de una manera muy intelectual, narra las dudas y creencias filosóficas que, supongo, formaban parte del grupo en el que se movía. Es importante ver sus textos en el contexto social, político e incluso estilístico que le tocó vivir. Nadie se escapa a la influencia. Pero sabiendo que siempre escribió, incluyendo un diario desde pequeña, es difícil saber quién influye a quién.

Es posible que algunos piensen que es autora de una obra menor debido a lo fragmentado de esta o porque sus cartas de amor no están fechadas o por la cantidad de citas literarias en las mismas. No podía sustraerse a su herencia, a sus ídolos. Las citas de sus escritores preferidos dan el comentario exacto a lo que ella plantea. Sí, muchas son en francés y eso puede ser criticable, aunque es válido ya que, repito, era parte de su educación y del momento que vivía la escritura en algunos sectores sociales del país.

Pero en sus ensayos podemos ver toda la pasión de una mujer que sabía que debía existir un cambio para su condición, una revolución no solo política sino femenina, que nos permitiera la libertad de acción, de escritura, de vida. Incluso parece que, a pesar de haber amado con tanta intensidad, a tantos, hubiera preferido no hacerlo.

 

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