Los ingrávidos

Diálogo entre fantasmas. Los ingrávidos, de Valeria Luiselli

Por Ulises E. Hernández

“Por supuesto hay muchas muertes a lo largo de una vida. La mayoría de las personas no se dan cuenta. Creen que se mueren una vez y ya. Pero basta con poner un poco de atención para darse cuenta de que uno va y se muere a cada rato”.

Los ingrávidos, Valeria Luiselli

1.

El nuevo boom latinoamericano de escritoras sigue dando de qué hablar hasta la fecha. La concepción de este movimiento literario se dio a inicios de 2010 y ahora está en su punto máximo, ahora es cuando las voces femeninas construyen su mundo de narrativas. La mexicana Valeria Luiselli (México, 1983) entró al panorama literario nacional con su libro de ensayos, intitulado Papeles falsos (2010), en donde se deja ver el gran talento nato que desarrollará más tarde en la novela que nos ocupa, me refiero a Los ingrávidos (2011). En 2014 publica una de sus novelas más polémicas en México, La historia de mis dientes y, seguido a esto, publicará su ensayo Los niños perdidos (2016), donde hace un fiel retrato de la turbulenta situación de la migración infantil. Ha publicado en la revista Letras Libres y en el diario El País.

2.

Los ingrávidos narra, desde una mirada objetiva, la vida de uno de quienes fueran los integrantes del grupo de Contemporáneos, el más errante de todos: Gilberto Owen. A su vez, Luiselli crea un diálogo entre Ezra Pound y Federico García Lorca, entre Owen y Xavier Villaurrutia que al mismo tiempo el primero se codea con Salvador Novo. Después los cameos de Inés Arredondo y Alfonso Reyes formarán parte de la extensa galería de autores de los que se hace mención directa dentro de la historia. Pero hay un autor que llama mucho la atención: es San Juan de la Cruz y su “Cántico espiritual”. Siempre he creído que los poetas de los Siglos de Oro pueden salvar vidas mediante la experiencia estética; y en esta historia en particular su aparición es un rastro que hay que seguir: la experiencia mística de la poesía hace que los personajes de la novela sean seres capaces de iluminar el sendero de sus vidas. Y así sucesivamente, las voces de los poetas van tomando forma conforme avanza la lectura de Los ingrávidos. Esta novela es un torrente de ideas que viajan a través de la visión cosmopolita de la autora. El mundo de la narradora es un espacio entre Nueva York y la Ciudad de México. Dichas metrópolis son los escenarios en donde habitan los fantasmas que pueblan la novela de poco más de 140 páginas. Y es que la palabra ‘fantasma’ es una constante en la trama. Los poetas, por un lado, están muertos, pero a su vez vivos en las lecturas que hace la protagonista. Prueba de ello está en la traducción falsa de los poemas que inventa para que, a raíz de este acto, sea publicada la obra poética de Gilberto Owen en la prensa norteamericana.

3.

Los personajes de Los ingrávidos son seres, por naturaleza, viajeros. No física ni espacialmente hablando, sino que hacen constantes viajes a lecturas pasadas y a espacios interiores que, de alguna manera, representan un viaje. Quizá este rasgo se vea marcado por la experiencia de Valeria Luiselli, que durante su infancia y adolescencia se pasó la vida viajando por Europa y gran parte de África y Asia. En la obra de un autor casi siempre hay dejos de realidad. La protagonista de la novela reside, en dos tiempos, uno pasado y otro inmediato, en la gran manzana y tiempo después, alrededor de los cuarenta años de edad, en México, con sus dos hijos (el mediano y la bebé) y su marido.

4.

Dentro de la construcción estructural de la novela que nos ocupa, se puede hacer una comparación, grosso modo, con Rayuela (1963), de Julio Cortázar. Los juegos narrativos, las focalizaciones de los personajes, los espacios y los ambientes creados por Luiselli, hacen entrever que el argentino está dentro de su narrativa. Mucho se ha hablado de la influencia de Cortázar en la obra de Luiselli. Los ingrávidos es, pues, una apología por la novela del boom latinoamericano.

5.

Conforme avanza la diégesis, las voces narrativas hacen apariciones como fantasmas, y es que, a partir de la segunda mitad de la novela, Owen toma el mando y narra fragmentos de lo que fuera su vida en los principios de los años veinte en Nueva York. Se hace fiel amigo de Federico García Lorca y juntos salen a los bares cercanos. También la aparición de William Carlos Williams es un acontecimiento fantasmal. Las historias hilvanan contextos y situaciones cotidianas. El marido de la protagonista se escapa a Filadelfia y deja a la familia. Es entonces cuando se “paraleliza” la novela y Owen narra las conjeturas del día a día, mientras que la protagonista cuenta cómo su vida entra un estado anímico, en un estado de convergencia. Llega un punto en donde los narradores se pierden dentro de sí y no queda más que el silencio encontrado.

6.

Valeria Luiselli demostró que con su primera novela el mundo de las narrativas actuales entraría en shock. Las conjeturas que integran Los ingrávidos son, en su gran mayoría, el suspense de las relaciones humanas que, día a día, se van tornando etéreas, llenas de huecos y vacíos fantasmales. Al terminar la novela nos convertimos en seres ingrávidos en busca de una identidad literaria.

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