Maestras escritoras en el México posrevolucionario II

Por Dra. Rocío García Rey *

La primera parte de este ensayo se puede leer en este link https://bit.ly/2FaGRtV

LAS REVISTAS 

Es pertinente prestar atención en la manera en que se asumieron los directores de las secciones infantiles de El Maestro y de La Falange. En el caso de la primera revista, Rosaura Zapata no duda en asumirse como maestra. Sus textos presentados tienen claramente un objetivo didáctico y son escritos tanto para los niños como para que las maestras echaran mano de ellos como apoyo didáctico. Su trabajo en la revista mencionada bien podemos inferir, fue una extensión de lo que, para ella, debía ser el trabajo de la educadora porque: 

 Sin duda alguna que el pivote sobre el cual descansa la estructuración del mundo de los niños es la educadora cuya personalidad debe irradiar los múltiples elementos que se precisan para que la vida del pequeño se desenvuelva de las normas que serán alimento de su cuerpo y de su espíritu. […]  La educadora debe tener una amplia cultura general precisamente para poder obtener de ella lo fundamental, el rayito de luz formado con átomos de la vasta claridad poseída y de la cual tenemos que extraer la dosis que necesitamos para alimentar una vida que se inicia. (Zapata, 1962, p.210) 

En el caso de Ortiz de Montellano, director de la sección ABC, no se presentaba como “maestro”, sino como escritor y los colaboradores de esta sección lo hicieron bajo este segundo apelativo. Al contrario, la costarricense Carmen Lyra, colaboradora de la mima sección se unió al grupo de mujeres docentes, pues en palabras de Fernando Burgos:  

Además de su vocación literaria, la escritora costarricense desarrolló una profunda vocación pedagógica que llevó a la práctica especialmente con niños y mujeres que necesitaban de una instrucción especial […] Estudió sicología infantil en la Sorbona y educación pre escolar [sic) […] En 1921 se hace cargo de la cátedra de literatura infantil en la escuela Normal de Costa Rica. (Burgos, 2006, p.242) 

¿Qué significó ser maestra- escritora en los inicios del siglo XX? ¿Qué significó textualizar los nuevos afanes pedagógicos en un México posrevolucionario que con urgencia bregaba por y para posicionarse ante los ojos de los demás países del continente? No hay que olvidar, en este sentido, las palabras de Marie-Claire Hook; cuando dice que escribir: 

Es un instrumento “de integración de las mujeres en el mundo moderno”; se trata de una “relación privilegiada con un público” que al mismo tiempo produce una “reflexión sobre sí mismas, sobre los medios que le son dados  para manifestarse y sobre su percepción del tiempo y del espacio”. (Hook-Demarle, citado por Galván Lafarga, 1998, pp-17-18) 

Carmen Lyra

En el caso que aquí estudiamos, el espacio de escritura se halla, sobre todo, en las publicaciones periódicas, y aunque en el rubro de la docencia las mujeres, desde la segunda mitad del siglo XIX, habían logrado posicionarse en el terreno de lo visible, fue en la década de 1920 cuando la unión docencia- escritura pública adquirió mayor relevancia. 

El anhelo de construir un modelo de ciudadano ideal tuvo como correlato la construcción de un lector ideal, aquel que pudiera descifrar textos, tanto de la cultura europea, como aquellos propios del continente. Con base en lo anterior resulta pertinente extrapolar la figura del homo legens, estudiada por Bolívar Echeverría, pues fue precisamente ésta la que sería transformada en el ícono de ciudadano ideal que el proyecto cultural y educativo trató de dar a luz. La reconstrucción nacional y la unión continental necesitaban en términos del mismo autor, de “hombres leídos”.    

El homo legens no es simplemente el ser humano que practica la lectura entre otras cosas, sino el ser humano cuya vida entera como individuo singular está afectada esencialmente por el hecho de la lectura[…]. (Echeverría, 2006:26) 

El proyecto del homo legens mexicano y acaso latinoamericano nació bajo la urgencia de redimir un espacio en ruinas económicas, sociales y culturales. Esta es una primera diferencia del homo legens europeo que, de acuerdo con Chartier, cultivó el hábito de lectura en un tiempo de ocio. 

Rosaura Zapata afirmó con respecto a la actividad lectora de los alumnos de preescolar: 

El jardín de niños no tiene como propósito enseñar a leer; únicamente por respetar los intereses y las necesidades del niño es por lo que da respuesta a ese medio de expresión que surge en él alrededor de los seis años, procurando tan solo mantenerlo latente, para que no se debilite ni pierda. En ese sentido, unas cuantas frases desprendidas de un cuento y presentadas en la forma más sugestiva y gozosa y ya para terminar el tercer grado, bastará para sostener el deseo por ese nuevo medio de expresión. (Zapata, 1|962, p-221) 

Mistral, por su parte, manifestó en El Libro y el Pueblo la existencia de “varias clases de libros”: Biografías; historia; geografía; ciencia; novela.  La lectura, para ella, fungía como una actividad de vida.  

[…]Pero guardaos de su terrible tiranía: cuidaos bien de tejeros la vida en torno a ellos. No os encontréis padeciendo, amando o juzgando a través de Dante, de France o de Nietzche. Nuestra humanidad actual, que es débil, suele reemplazar a la vida con la lectura, por laxitud. Bienaventurados los que se vigorizan con los libros sin anegarse en ello. (Mistral, 1922:26)  

La modernidad extendida en el tiempo hizo que las mujeres fueran miradas como elemento vital en la enseñanza de los niños. La figura de la maestra escritora tuvo la tarea de crear -que no criar- al futuro homo legens, aquel con un capital cultural, que, de acuerdo con el proyecto posrevolucionario, se transformaría en un ciudadano ya mexicano, ya latinoamericano portando la bandera de la civilización.  

 El grupo que le dio cabida a las maestras-escritoras fue el que representaba al gobierno mexicano y que, como parte del afán de reconstrucción nacional y de posicionamiento en el continente latinoamericano, elaboró lo que Steiner ha llamado un “programa mesiánico de liberación social”. El “principio de esperanza”, -que  retoma de Bloch-, parecía tener vigencia en aquellos años 20 y por lo tanto era el motor para que desde un espacio geográfico: Latinoamérica (contrariamente a Europa)iv, cobraran vida los ecos de la educación liberal, fundándose así el correlato entre mejor escuela- mejor sociedad, al que también hace alusión Steiner.v  (Steiner, 1991, pp. 97-98)Por ello se entiende que El Maestro haya dado a conocer las siguientes palabras de Álvaro Obregón: 

[…] El esfuerzo de México no se encerrará dentro de los límites de sus fronteras, sino que se saldrá de ellos para ir a trabajar con eficacia cerca de todos aquellos países que se encuentren en condiciones menos favorables para desarrollar esa  labor y que crean como México, que son los factores espirituales los que darían cuerpo a la grandeza de los pueblos y harán posible el bienestar humano. (“Un mensaje del señor Presidente”, en El Maestro, Revista de Cultura Nacional, México, no. 3, junio 1921:.2) 

Aunado a lo anterior merece la pena enfatizar que la percepción acerca de las maestras escritoras no fue sino una extensión de la visión decimonónica, pues “[…] quedó firmemente establecido que la mujer tenía capacidades idóneas para la educación de la niñez y su labor en la pedagogía era muy aceptable”.(Lavrin, 2008, p.428) 

Nos enfrentamos así a un proceso de configuración de los textos dirigidos a los niños. Configuración que se relaciona directamente con el ejercicio de escritura e incluso de adaptación y traducción de textos y de su difusión a través de un espacio específico: la escuela. Fue en la ecuación, lectura -educación escolar, que podemos hallar las relaciones entre las representaciones de un relato (literario o histórico) y las prácticas sociales que se dan a través de estas representaciones, incluyendo lo que Roger Chartier también llama la lectura y sus paradigmasvi 

Si bien podemos hablar del afianzamiento de cierta feminización de la cultura docente con las prácticas de lectura para infantes que se promovieron en los inicios de la década de 1920, vii es necesario observar también que un buen número de hombres continuó al frente de cargos docentes e incluso de revistas pedagógicas en aquel momento. Tal es el caso de profesor Lauro Aguirre, quien dio vida a la Revista Educación, aparecida en 1922. La mayoría de colaboradores de esta publicación se constituyó de hombres, desde John Dewey hasta profesores de la ciudad de México. Una de las pocas mujeres que colaboraron con esta revista fue Palma Guillén, quien en ese momento se desempeñaba como Inspectora Técnica de Escuelas.viii 

El objetivo de la Revista Educación fue prácticamente la continuación del anhelo pedagógico vasconcelista. Aguirre, al respecto, mencionó en el primer número: 

[…]Va este periódico a los maestros como un buen amigo, sin vanidades de dómine, sin fatuidades académicas; va al lado de ellos para alentarlos en la desesperada pugna que sostienen por formar hombres menos egoístas que acaben con tantas miserias, con tantas desigualdades, con tantas injusticias y levanten sobre los escombros sombríos de estas infamias y el arco triunfal de las manos que se estrechan. (Aguirre, 1922, p. 4) 

Elena Torres

No cabe duda que la maestra-escritora que se posicionó con mayor fuerza en el ámbito de la cultura oficial del México posrevolucionario fue Gabriela Mistral, por ello la retomamos como uno de los ejemplos mayores de las redes intelectuales establecidas entre México y otros países latinoamericanos. No fue mínima su acción como pedagoga  ni como escritora. Lavrín afirma con respecto a la chilena: 

Le fascinó el periodismo infantil de la escuela, la dicción de los niños y los mexicanos en general y la ilusión compartida con Elena Torres de que la labor ejemplar y evangélica de los humildes serviría para reformar tanto la vida de los niños como el ambiente moral de la ciudad de México. (Lavrin, 2008, p.433) 

En el caso de Elena Torresix, vale la pena mencionar que también colaboró en un número de  La Falange y aunque no lo hace en la sección ABC, el texto publicado da cuenta, precisamente, de la labor emprendida por las maestras- escritoras de aquella época.  

[…] Llegamos a la Escuela, más de quinientos niños de ambos sexos trabajaban en la hortaliza, un grupo vino a nosotros y nos rodeó, un pequeñín muy vivo y simpático nos refirió sus impresiones del día. _Señorita, ya los niños no se enojan por el desayuno, ya no ensucian la mesa y trabajan muy bien para tener derecho a su boleto”. El veía con ternura los grupos de pequeñines y su cara estaba alegre. De regreso no despegamos los labios, yo pensaba en sus palabras… Quizá ahora estábamos más cerca, no sería yo quien rompiera el silencio. ¿Para qué? No valía la pena discutir cuando nuestra acción tenía el mismo objeto y nos proporcionaba el mismo placer. (Torres,1923:19) 

Con la brega de estas mujeres, podemos mirar que el habitus, socialmente constituido permitió que fueran parte importante del ejército de salvación y regeneración intelectual. Es claro en ese sentido que el campo intelectual al que pertenecían les reservó un espacio más o menos visible, una vez que éstas asumieran una toma de posición estética o ideológica con respecto al campo en el que se insertaron. (Bourdieu, 2000, p.31) 

De esta manera podemos concluir que sí podemos hablar de una ecuación maestra – escritora que se unió a las filas del vasconcelismo convencidas de que a través de la alfabetización podría darse la regeneración mayor. 

Sigue pendiente seguir rastreando el papel de otras docentes, en términos de cargos honorarios y dentro de la enseñanza rural.  

NOTAS

iv Es interesante prestar atención a la búsqueda y seducción que ciertos intelectuales europeos emprendieron hacia Latinoamérica luego de la Primera guerra mundial. Un ejemplo lo encontramos en los escritos publicados en la revista El Maestro. Se trata del “Manifiesto a los intelectuales y estudiantes de América Latina”, escrito 15 por Anatole France y Henri Barbusse: “Con fervorosa esperanza nos dirigimos a la magnífica falange de escritores, artistas y estudiantes que anhelan renovar los valores morales sociológicos y estéticos de los jóvenes pueblos de la América Latina. Al mismo tiempo que les enviamos nuestro saludo fraternal, como trabajadores del pensamiento, queremos expresarles lo que de ellos esperamos, para servir mejor, conjuntamente a la obra enaltecedora de estimular una revolución en los espíritus, conforme a los ideales que ya alborean en la nueva conciencia de la humanidad.” France, Anatole y Barbusse, Henry. “Manifiesto a los intelectuales y estudiantes de América Latina”, en El Maestro, Revista de Cultura Nacional México, no. 3, junio de 1921 p. 253.

v Steiner hace un recuento de las creencias en torno a las que durante algún tiempo estuvieron vigentes en el mundo occidental las “certezas” de un desarrollo y crecimiento cultural. Estas creencias, sin embargo, pronto se vieron desvanecidas tomando forma de desencanto y desesperanza. Hechos emblemáticos para esta situación fueron las dos guerras mundiales. (Steiner, 1991, pp. 97 y 98)

vi Roger Chartier plantea que la historia de los textos puede tener varias vertientes entre ellas: “El estudio de un género textual a través de sus diversas manifestaciones materiales y editoriales [… o la preconstitución de las prácticas sociohistóricas de las prácticas de la lectura a partir de sus paradigmas- por ejemplo la lectura compartida, en soledad, en voz alta […” (en Cue, (editor), 2006, p. 228)

vii La llamada feminización docente no ha sido exclusiva de México y/o de América Latina, aunque hay matices en épocas, según los países. En Europa, particularmente en Francia, Anne- Marie Chartier, ubica este proceso en la década de 1930 y señala: “¿Qué papel desempeñó la feminización del cuerpo docente en esta concepción más “maternal” de la escolaridad? Las maestras, con más frecuencia que sus colegas varones, provenían de las clases medias, y algunas tomaron otros cursos antes de integrarse a la enseñanza primaria. En su infancia familiar y durante sus estudios de adolescentes y sus pasatiempos de adultas (a menudo eran solteras), seguramente más de una disfrutó el placer que se obtiene con las lecturas de ficción). (Chartier, Anne- Marie, 2005, p. 138)

viii En una carta de Vasconcelos dirigida a Alfonso Reyes, leemos: “Muy querido Alfonso: Te entregará la presente la señorita Palma Guillén, gloria de esta Universidad y discípula preferida de Antonio Caso. La señorita Guillén no tiene más inconveniente que ser todavía un poco reaccionaria, pero la vida se lo irá quitando, y más que la vida el espectáculo de la Europa capitalizada. La señorita Guillén que se recomendará sola después de hablar, lleva alguna comisión de esta Universidad, sobre estudios de bibliotecas populares, y te ruego la atiendas en el asunto; que le des a conocer el semanario España y todo lo demás semejante, a fin de que vuelva preparada para una labor eficaz y de acuerdo con los hechos que corren de una manera fatal en este país. Tu amigo que te quiere. J. Vasconcelos.” (Fell, Claude (Compilación y notas), 1995, p. 60)

ix De acuerdo a algunas investigaciones, Elena Torres también fue docente y se supone formó parte de la comitiva que recibió a Mistral cuando ésta arribó a Veracruz. Valdemar Verdugo Fuentes afirma: “Elena Torres, de gentileza enorme, nos compartió cuando la Mistral se integró a trabajar con ellos en la escuela Francisco I. Madero del D.F.” Verdugo Fuentes Valdemar “Susurros de México” en www.artshistory.mx/…/index.php?id…- Fecha de acceso 02 de agosto 2009.

FUENTES

Lozada León, G. (introducción, selección y notas), (1998), José Vasconcelos, hombre, educador y candidato, México: UNAM, (Biblioteca del estudiante universitario) pp.209-210.

El Maestro, Revista de Cultura Nacional Tomo III, números IV y V, 1923, “Entrevista al presidente de la República con el periodista norteamericano Mr. Clapp”, p. 336. No se consigna el mes 16

Patricia Hurtado, Rosas de la infancia http://www.comie.org.mx/congreso/memoria/v9/ponencias/at09/PRE1178941615.pdf. Consultado el 13 de octubre 2009).

“María Enriqueta”, (1923) La Falange, sección Figuras relevantes de América”, p. 244.

“Principales personajes de la historia de Tamaulipas”. www.tamaulipas.gob.mx/tamaulipas/ssocial/cultura/personajes.htm. Consultado el 24 de octubre 2009.)

Castañeda, Estefanía, (1921) “La organización familiar en la casa”, El Maestro”, sección Conocimientos prácticos, pp. 73 y 75.

Pasternac, N. Domenella A. R. y Gutiérrez de Velasco, La (compiladoras) (1996) Escribir la infancia. Narradoras mexicanas contemporáneas, México: COLMEX, (Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer). .

Galván Lafarga, L. E. y López Pérez, O (coordinadoras), (2008) Entre imaginarios y utopías: historias de maestras, México: CIESAS/ UNAM/ PUEG/ El Colegio de San Luis.

Díaz Plaja, Aurora, (Selección y prólogo). (1994) Gabriela Mistral para niños, Madrid: Ediciones de la Torre, (Colección Alba y Mayo. Serie Poesía no. 35),

Zapata Rosaura, (1962) “La educadora. Jardín de niños. El juego. Expresiones propias del año en transición. En Teoría y práctica del jardín de niños, México: Imprenta Manuel León Sánchez.

Burgos, F. (2006), Antología del cuento hispanoamericano, México: Porrúa, (Sepan Cuantos 606).

Mistral, Gabriela, “Varias clases de libros”, en El libro y el Pueblo, México, no. 6, septiembre de 1922, p. 53.

“Un mensaje del señor Presidente”, en El Maestro, Revista de Cultura Nacional, México, no. 3, junio 1921, p.211.

Aguirre, Lauro, (1922) “Unas palabras” en Revista Educación, México

Bourdieu, Pierre. “Campo intelectual y proyecto creador”, en Araujo, Nara y Delgado, Teresa, (Selección y apuntes introductorias), (2000) Textos de teorías y críticas literarias (del formalismo a los estudios postcoloniales), México: UAM/ Universidad de la Habana, (Libros de texto, manuales de prácticas y antologías)

* Doctora en Letras. Integrante del Movimiento “poetas del mundo”. Autora de libros de poesía. Imparte clases de redacción y literatura en varios centros de la UNAM, en la Biblioteca Vasconcelos y en el Museo de la Mujer.

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