Margarita Martínez habla sobre “Sin ella”

Platicamos con Margarita Martínez Duarte, autora de “Sin ella”, el nuevo lanzamiento de nuestro sello EscritorasMx. “Quise escribir la historia de una mujer mexicana que no muere en forma violenta, sino digna, amorosa, la muerte que cualquier mujer y cualquier hombre merecemos.”

  1. ¿Por qué escribes?

Escribo porque tengo algo que decir acerca de mi experiencia. Tengo una voz, un punto de vista particular que deseo compartir con otras personas. Elijo la literatura para expresarme porque, al igual que el canto, me salvó varias veces, desde que era una niña. Quise escribir desde la primera vez que me maravillé con los efectos que un poema o un cuento hicieron en mí. Quise ser artífice de eso. Creo que desde niña advertí que quien escribe tiene poder. Yo necesitaba alejarme de la impotencia. Lo sigo necesitando. Creo que todos los seres humanos tenemos la misma necesidad de sentir que podemos, que tenemos agencia en el mundo. Escribir es una forma de resistencia.

2. Cuéntanos un poco de tu carrera literaria.

Comencé a escribir poesía desde niña. Me publicaron por primera vez cuando tenía trece años de edad. La revista que me publicó me envió un cheque por correo. Lo enmarqué. Creo que enmarcarlo costó más que lo que me pagaron por el poema… Fue muy importante para mí ver ese cheque en la pared de mi recámara de adolescente. Era como una promesa de identidad que tendría que ir cumpliendo y que, de algún modo, ya se había cumplido.

Durante la adolescencia participé en muchos talleres de poesía. A los veintiún años tuve mi primer trabajo pagado, en la revista cultural del periódico Excélsior. En aquel entonces estaban apenas comenzando a editarse los periódicos por computadora. Tuve mucha suerte de llegar a ese trabajo precisamente en ese momento. Me tocó ver un mundo morir y otro nacer, en el mismo sitio. Caminar por el Excélsior en aquella época era como andar por el túnel del tiempo. En el edificio nuevo se sacaba diariamente el periódico por computadora, pero para llegar ahí había que cruzar el departamento de linotipo, donde seguían fundiéndose en plomo algunas secciones, como la cartelera. Empecé como correctora de galeras, y de ahí para arriba, hasta ser correctora de estilo. Aprendí el oficio de editora de personas que llevaban décadas en eso, gente maravillosa que podía detectar una errata a metros de distancia y que ejercía el oficio de la edición como una segunda naturaleza.

          Yo estudiaba la licenciatura en Historia y trabajaba. La Facultad de Filosofía y Letras convocó a un concurso literario para celebrar sus 70 años. Me dieron el premio por mi primer libro de poesía. Para mí fue un enorme estímulo para seguir escribiendo. A partir de ahí comencé a publicar en distintas revistas, no sólo poesía, sino también crítica literaria y teatral. Publiqué otros dos libros de poesía. He publicado también ensayo.

          Me ha interesado el proceso de la creación literaria y he facilitado varios talleres al respecto. El primero fue en la ciudad de Nogales, Sonora, donde viví un tiempo. Ahí nunca habían tenido un taller literario formal. Yo funde uno. Se llamó “El mundo no cabe en una palabra: Taller de Lectura, Escritura e Imaginación”. Con las personas que integraron el Taller terminamos publicando el primer boletín cultural gratuito de la ciudad. Lo repartíamos a ambos lados de la frontera.

          También he escrito crónica y tengo una carrera como traductora literaria del inglés. Creo que lo único que no he escrito ni traducido es teatro y guión… Siempre quise escribir una novela. Me costó mucho trabajo andar el trecho que hay entre la poesía a la narrativa. Me tomó años.

3. ¿Cuál fue el camino que recorrió Sin ella antes de llegar a nuestras manos?

Largo y sinuoso, cual canción de los Beatles… Primero, intenté escribir un texto autobiográfico. Después, una escritora amiga, Sara Camhaji, que también tenía un proyecto de novela, me propuso que tallereáramos nuestros textos juntas. Hicimos un pacto y lo cumplimos durante un año. El trabajo que hice con ella fue crucial. A partir de ahí, la novela se fue alejando de la autobiografía y convirtiéndose en una obra de ficción. Por aquellos días yo estaba leyendo a Rita Segato. Su concepto de pedagogía de la crueldad me parece fundamental para comprender los mecanismos de la violencia contra las mujeres en México y en muchas partes del mundo. Pude ver con toda claridad lo que quería hacer con la novela, cuando me planteé la idea de escribir una especie de anti-pedagogía de la crueldad. Quise escribir la historia de una mujer mexicana que no muere en forma violenta, sino digna, amorosa, la muerte que cualquier mujer y cualquier hombre merecemos. Me interesa la pedagogía de la empatía y la resistencia. Me planteé contar la historia que falta en las noticias, una suerte de contraparte de la nota roja de todos los días. Por el camino recibí el apoyo de varias escritoras y editoras, que me dieron retroalimentación valiosa, sin la cual creo que no hubiera podido concluir el proceso. Me siento muy afortunada por haber contado con la solidaridad creativa y los buenos oficios de tantas mujeres.

4. En la novela tratas mucho la importancia del buen morir, sin importar cómo sea esa muerte. Tú eres psicóloga de profesión, ¿tuviste alguna experiencia personal o con pacientes que te llevara a escribir sobre este tema?

Tengo tres profesiones: escritora, psicoterapeuta y cantante. Hago la aclaración porque me gusta aprovechar cualquier oportunidad para engrosar las historias y las identidades, propias y ajenas.

          He acompañado a personas muy significativas de mi vida en sus despedidas de este mundo. Me ha tocado también participar varias veces en los rituales religiosos que acompañan el proceso de la muerte. También he tenido la experiencia de acompañar terapéuticamente en el duelo a algunas personas que me han consultado con los años. Hay una enseñanza que está conmigo siempre. Pertenece a la tradición del Islam: “La muerte es la única predicadora necesaria”. Ahora, en mitad de la pandemia, esas palabras cobran un sentido urgente. Todo lo que necesitamos saber acerca de la vida, nos lo enseña la muerte.

5. En una parte del libro escribes: “La locura está enojada, aunque se carcajea. La locura es musculosa como tú. Terca, también como tú. La locura no come, pero comió, comía. Cocinaba. Decoraba pasteles con cerezas y trozos de piña. Ahora la locura se confunde si la sientas a la mesa. La locura no duerme. La locura habla sola”. ¿Qué es la locura para Margarita? ¿Cuál piensas que es la relación entre locura y escritura?

Considero que “locura” es una palabra que usamos para describir comportamientos que no coinciden con nuestros propios valores o percepciones de la realidad. Muchas veces usamos esa palabra o la frase “enfermedad mental” para invalidar la experiencia de alguien que está siendo diferente a la nuestra. Si queremos comprender lo que alguien más experimenta, debemos ir más allá de las etiquetas y los diagnósticos. Dentro del ejercicio de la psiquiatría más tradicional, si una paciente no comparte la misma percepción de la realidad que tiene la psiquiatra que la atiende, entonces hay que intervenir, por ejemplo, cambiando de fármaco o de dosis. Hay mucho miedo a establecer un vínculo con alguien que tiene una percepción de la realidad radicalmente diferente de la nuestra. Cuando estudié la licenciatura en Psicología, me tocó hacer prácticas en el área de psiquiatría dentro de un instituto muy importante. El psiquiatra que coordinaba las prácticas tenía un humor muy negro. Siempre me pareció un gran médico. Teníamos que ir a las prácticas con bata blanca. El solía decirnos que por ningún motivo nos la quitáramos, porque era la única manera de distinguir claramente quiénes eran pacientes internos y quiénes eran profesionistas de la salud mental. No fuera a ser que nos confundieran y nos dejaran adentro del pabellón…

          En cuanto a la relación entre locura y escritura, no lo sé. Quizás sea una relación inversa: a más escritura menos locura y a más locura menos escritura.          

6. María, la protagonista, es una respetada feminista que de alguna manera siente que traiciona a sus compañeras al tener amistad con un viejo amor, que es un acosador de primera como Aldo, incluso discute con su hija sobre esto. ¿Qué opinas del feminismo de 2020 y de su evolución en los últimos años? ¿Del movimiento #metoo, que algunos tachan de radical?

Me parece que la postura de María se define mejor en una conversación que tiene con su gran amiga, Ana, hacia el final de la novela. Ambas mujeres están de acuerdo en que no es indispensable clasificar como “feminismo” a lo que una mujer hace libremente. María es una mujer que ha reflexionado mucho acerca de temas como el género, la identidad, la libertad. Y no sólo ha reflexionado, también ha luchado. María es una activista. Vive su proceso de muerte con una clara conciencia de género y de lo que es, para ella, la libertad. Creo que María no siente que traiciona a nadie, sino que elige lo que es mejor para ella. Sabe que algunas de sus elecciones no recibirán la aprobación de todas las personas de su mundo, pero aún así elige lo que tiene sentido para ella.

          En cuanto al feminismo del 2020, creo que es peligroso generalizar. No hay un solo feminismo, sino muchos, así como hay muchos diversos contextos en los cuales las mujeres viven sus vidas alrededor del mundo. Me parece que lo que todos estos feminismos tienen en común es la conciencia de que somos parte de un sistema heteronormativo, patriarcal y machista, que oprime a hombres y mujeres, pero no del mismo modo. La cancha no está pareja y eso nunca hay que olvidarlo.

          Acerca del movimiento #Metoo, me ha sorprendido mucho que se le considere “radical” o “escandaloso”. Para mí, lo mínimo que podría esperar un hombre que acosa o viola a una mujer es el rechazo social. Entiendo el argumento de que la denuncia en redes no equivale a una denuncia judicial. También comprendo por qué muchas mujeres prefieren no recorrer el camino del ministerio público y los juzgados en nuestro país, donde la mayoría de las veces son re-victimizadas. El punto aquí es que ya no hay tiempo. Tiene que quedarnos claro con esta pandemia del coronavirus, que es tarde ya para muchas, muchas cosas, entre ellas la desigualdad y la violencia de género.

7. Cito una parte del libro: “Amé las letras porque mi madre se amaba a sí misma al enseñármelas. Las amé también porque hacían lo que prometían.” ¿Por qué Margarita ama las letras?

Amo las letras porque mi propia vida está hilvanada con ellas. Son parte de mí. Tal vez suene un poco extraño, pero las letras y yo nos tenemos confianza. Entran en mi casa sin necesidad de tocar la puerta y yo echo mano de ellas, al menos ahora, a la edad que tengo, sin pudores ni falsedades. Las letras y yo somos felices juntas. Me pasa lo mismo con mi voz. Después de muchos años de estudio y trabajo como cantante, mi voz y yo nos conocemos bien y estamos conformes la una con la otra. Amo las letras y el canto, porque después de muchos años de practicar ambas cosas, nos entendemos. Las letras son para mí un refugio y una afirmación de lo mejor de los seres humanos y de mí misma.

8. Aldo, en algún momento de la novela, dice que estar sin trabajo lo ha regresado a los clásicos, a las obras paradigmáticas. ¿Cuáles son tus obras paradigmáticas? ¿Qué influencia tuvieron en ti como escritora y en la escritura de Sin ella?

¡Tengo obras paradigmáticas de cada género y para toda ocasión! Son demasiadas… Lo que puedo decirte, respecto de Sin ella, es que mientras pensaba y escribía la novela me rondaron algunas luminosas sombras… El amante, de Marguerite Duras y otra de sus obras, cuyo título es tan, tan Duras: Destruir, dice. ¿No es genial? Cuando experimenté la carga poética de la narrativa de Marguerite Duras supe que era posible construir un suerte de híbrido entre esos dos géneros. En Sin ella fui un poco más allá y uno de los capítulos es, tal cual, un poema.

          Otra sombra que me rondó durante la escritura de la novela fue el doloroso libro que escribió Cristina Rivera Garza acerca de La Castañeda. También estuvo conmigo el último parlamento de Ifigenia en Ifigenia cruel, de Alfonso Reyes, aquel donde ella se niega a volver al hogar familiar con Orestes… “Virtud escasa, voluntad escasa”… Esa obra, para mí, es un prodigio.  ¿Podríamos decir que es una obra feminista? Alfonso Reyes se ocupó del feminismo, al menos como tema, en varios momentos. Claro que, citar a Reyes ahora, después de la tan innecesaria resurrección de su Cartilla moral, es un tanto arriesgado, tal vez… 

9. María y su hija Jennifer comparten un tatuaje, ¿qué tatuaje compartirías con tu hijo?

Un dragón de Komodo. Cuando mi hijo era pequeño, le pidieron en la escuela que hiciera una presentación de tema libre. Escogió el dragón de Komodo, lo cual a mí me sorprendió muchísimo. ¡Yo ni siquiera sabía que ese animal existía! Para la presentación, mi hijo debía hacer algunos apoyos visuales con cartulina, fotografías… Yo lo ayudé. Nos recuerdo bien, sobre la mesa del comedor de la casa donde vivíamos, recortando y platicando sobre este animal maravilloso. Por ahí debe quedar todavía alguna de las láminas que hicimos… Es una recuerdo feliz de nuestro vínculo.

10. Creo que una de mis frases favoritas de la novela es esta: “Recuerdo el momento en que me convertí, más o menos, en la mujer que soy”. ¿Cuál fue el momento de Margarita?

Han sido varios. El primero seguramente fue cuando salí de la preparatoria y me fui de viaje yo sola. Te hablo de cuando el internet y los celulares no existían y las buenas conciencias reprobaban que una mujer de dieciocho años se fuera sola a recorrer Europa. De hecho, creo que las buenas conciencias mexicanas de hoy lo reprobarían también, ¡si es que pudiéramos salir de la cuarentena a recorrer el mundo!… Qué lástima… Para mí, aquel viaje fue el comienzo de una vida entera de viajar, explorar otras culturas y disfrutar mi propia compañía. Fue también un regalo de mi padre, a quien le costó mucho trabajo verme partir, en lo que para él eran condiciones muy peligrosas. Un regalo de mi madre y mi abuelo, que me apoyaron para que me fuera, e incluso para que me quedara más tiempo lejos. Un regalo de mi amor de la prepa, que hasta me enseñó cómo guardar la ropa en un backpack… Viajé un tiempo por Europa. Llegué a Madrid y salí por Atenas. Viví muchas aventuras, algunas agradables y otras no tanto. Regresé con la conciencia de que podía bastarme a mí misma y seguir mi propia guía.

11. Tus personajes están muy bien definidos, ¿qué tanto te sirvió ser psicóloga para lograr esto?

No lo sé. No lo había pensado. Seguramente me sirvió, aunque no tanto la teoría. Se me ocurre ahora que, como psicoterapeuta, he desarrollado un oído particular, una manera de escuchar lo que otras personas dicen, sus pensamientos y emociones, la forma en que se explican a sí mismos y narran sus historias, e incluso sus silencios y lo que no dicen… ese oído tiene memoria y debió influir en mi construcción de los personajes.

12. María se va en paz, siente que hizo lo que tenía que hacer. ¿Qué le falta por hacer a Margarita como escritora?

En estos momentos me cuesta conectarme con un sentimiento de “falta de” en términos personales… Me faltan cosas fundamentales, pero en términos colectivos. La violencia en la que vivimos inmersas e inmersos, en todas sus manifestaciones, me duele y me parece insoportable. Durante esta pandemia he pensado que bien podríamos estar atestiguando el comienzo del final de la humanidad sobre este planeta. No estoy peleada con esa idea. Sin embargo, precisamente porque este pudiera ser el final, se vuelve más urgente que nunca elegir qué papel queremos jugar en la última escena del último acto… La nota final de una gran partitura, cuando se ejecuta bien, suele estar cargada de significado, intencionalidad y propósito. Me falta vivir más de eso, en colectivo.

13. ¿Qué te dejó escribir Sin ella? ¿Qué aprendiste de María?

Me dejó un profundo sentimiento de logro y una confianza renovada en mi oficio de escritora. Cada una de las incontables decisiones que hay que tomar al escribir una novela, fue una ocasión para ejercer la libertad y la creatividad, afirmar mi propia mirada y mi propia voz, e ir más allá.

          Creo que de María aprendí una estética de lo cotidiano, una forma de experimentar lo extraordinario en lo ordinario. No sé si lo aprendí o lo confirmé… Podríamos decir que la confirmación es un elemento fundamental del aprendizaje… Me parece que hay un lugar desde el cual podemos experimentar el mundo como si todo estuviera intensamente vivo, poblado de significado, porque lo está. No es que tengamos que añadirle nada, simplemente hay que volvernos más transparentes a esas realidades. A eso llamaría yo la estética de lo cotidiano. Es un tema que me importa mucho. Para mí tiene que ver con la posibilidad de visibilizar historias, saberes, experiencias, percepciones que quedan ocultas, a la sombra de las historias oficiales. Iluminar lo cotidiano, ya de por sí luminoso, es una postura política. En ese sentido, soy bastante pragmática, como María. Me refiero al pragmatismo como postura filosófica que postula que para conocer el mundo es indispensable tener agencia en el mundo.

14. ¿Por qué la gente debería leer Sin ella?

No soy muy aficionada al verbo “deber”… Diría que quien desee o necesite asomarse a una posibilidad de vida y muerte dignas, concretamente en el caso de una mujer mexicana contemporánea, podría leer Sin ella y encontrar ahí una historia alternativa, diferente a las historias oficiales a las que estamos expuestas y expuestos constantemente. Quien anhele un respiro de la crueldad y la violencia, podría refugiarse en el mundo de María, aunque sea por unas horas.

15. ¿Qué sigue para Margarita, la escritora?

Me gustaría mucho participar activamente en la difusión de la novela y estar en contacto con los y las lectoras. Durante los años que me tomó escribir Sin ella, me retiré un poco, aunque no del todo, del aspecto más público de la creación literaria. En esos años me concentré también en mi trabajo clínico, como psicoterapeuta, que por definición ocurre en lo privado…Veremos qué forma toma todo ello ahora… Las formas del quehacer humano están ahora mismo evolucionando vertiginosamente, no sabemos hacia qué… Las formas tradicionales de estar en contacto directo con las y los lectores, como las presentaciones, las ferias, conferencias ¡y hasta las librerías! se han mudado, por lo pronto, al mundo de lo virtual. Alguien tendría que inventar muy pronto la manera de dedicarle una descarga de e-book a quien la compra…

          En cuanto a escribir, estoy trabajando en mi cuarto libro de poesía y también  en  un texto académico acerca del vínculo entre la psicoterapia y la transdisciplinariedad. Por otra parte, ya viene la idea para una segunda novela… siento que muy, muy despacio se va ¿cómo describirlo? Arremolinando, esa sería la palabra. No suena muy poético, ¿verdad? Pero lo es. Como esos mini tornados que se levantan en cualquier ciudad, y siempre comienzan por un tímido vientecito, que apenas mueve un par de hojas…

He aquí 6 de mis frases favoritas de Sin ella.

“Si fuera una rata de laboratorio, alguien estaría a punto de comprobar con ella alguna hipótesis…”

“Si tocas el timbre de una casa y quien te abre la puerta es la locura, sientes una ráfaga, pero no hay viento.”

“La locura te detesta, te odia, pero te dice sin palabras: ¡ven a jugar!, ¡te quiero!, ¡qué bueno que viniste!”

“Amé las letras, porque mi madre se amaba a sí misma al enseñármelas.”

“Aldo ya no sabe qué ha hecho bien y qué ha hecho mal en la vida. Se siente harto de intentar dilucidarlo, porque siempre que lo hace se estrella contra la misma pared, ese lugar de sí mismo, habitado solo por el ultraje, cuando de lo que se le acusa, precisamente, es de haber sido el ultrajador.”

“El sonoro y sólido color del deseo avanza desde el lejano fondo, hasta teñir el primer plano de todo su paisaje.”

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