Margarita Paz Paredes/Ensayo

Margarita Paz Paredes, en el litoral de todos sus tiempos.  

«Ajedrez misterioso la poesía, cuyo tablero y cuyas piezas cambian como en un sueño y sobre el cual me inclinaré después de haber muerto.“

Jorge Luis Borges

Margarita Paz Paredes (30 de marzo de 1922 — 22 de mayo de 1980)

Por Fabiola Morales Gasca*

¿Cuál es el momento exacto en que un lector se enamora de los libros y de la poesía? ¿Qué es lo que nos atrapa de un escritor? ¿Qué hace que regresemos una y otra vez a sus libros? Todas estas preguntas me planteaba en el camino sinuoso hacia Torres Mochas, Guanajuato. Hasta el momento no hay una ciencia exacta que cuantifique o calcule esos “simples” detalles.

Me dejé atrapar hace años por la poesía de la escritora Margarita Paz Paredes (seudónimo de Margarita Camacho Baquedano). Supe por primera vez de ella al leer su antología poética Litoral  del tiempo (editado inicialmente por Ediciones del Estado del Gobierno de Guanajuato en 1978, y luego por la Secretaría de Educación Pública en 1986). La leí cuando iba en el bachillerato con la emoción juvenil que adereza o hace más creíble la poesía. Hoy, a varios años de distancia, el mismo deseo me invade, pero ahora de una forma serena, madura, apreciando cada una de las palabras de la poeta guanajuatense.

Hay seres que nos hacen vibrar a través de sus palabras, los que rescatan lo mejor del mundo aún en las peores circunstancias, seres que escriben con su toque divino que les fue otorgado aún antes de nacer. Viven un mundo utópico. Los poetas teñidos por el resplandor de las palabras nos manifiestan en sus versos que siempre habrá una luz en la oscuridad.  Esa luz fue la que yo vi rumbo a San Felipe Torres Mochas; un sendero que está lleno de campos con nopales, árboles de huertas y terrenos salpicados de casas menudas. San Felipe es un pueblo pequeño de Guanajuato con un letrero de bienvenida que recibe al visitante. Pequeñas motos abundan en sus calles y niños con uniforme azul y gris corren a clases.  Después de investigar, viajar, entrevistar y recopilar datos, fechas, libros, poemas y anécdotas sobre esta autora, observo que es imposible separar la obra de la personalidad de Margarita Paz Paredes: ambas están fraguadas bajo el idealismo, la lucha social y política que ella llevó de manera permanente en su paso por este mundo.

Gloria Vergara Mendoza investigadora, escritora y profesora universitaria, estudiosa de las letras y de la literatura mexicana e hispanoamericana de la Universidad de Colima, entre sus múltiples estudios sobre la construcción de la identidad en las poetas mexicanas del siglo XX menciona: “De la segunda década del siglo, merecen un acercamiento detenido Griselda Álvarez, Guadalupe Amor y Margarita Michelena; al igual que Margarita Paz Paredes, nacida en 1922, permanece a la espera de que alguna mirada crítica rescate su labor poética”  

Para dibujar parte de la esencia de la escritora Margarita Paz Paredes podemos resaltar las palabras de diversos escritores, catedráticos y críticos como Rubén Salazar Mallén, Germán Pardo García, Marcos Carías Reyes, Efraín Huerta y Alfonso Reyes, entre otros.

Las vivencias infantiles en San Felipe, su pueblo natal, formaron las fuerzas motoras e invisibles, memorias íntimas de las cuales la autora no se desprenderá a lo largo de su obra y serán característica primordial. Su poesía abarcó diferentes registros, desde los acentos tímidos, sensuales e íntimos hasta los sociales que tocaban las llagas de la pobreza y las represiones políticas por el gobierno durante las décadas de los sesenta y setenta.

En la obra Señales de 1972, específicamente en los poemas señalados de protesta, Margarita Paz Paredes se vale de la historia, de la memoria personal y colectiva de los sucesos que vienen a galope sobre el ciudadano común. En los poemas Hoy no ha pasado nada, Esta ciudad que alguna vez amamos y Carta a Efraín Huerta, la experiencia interna y la memoria personal pasa a ser un testimonio de la memoria colectiva para fundamentar miradas y verdades que emergen al lado de los discursos oficiales.

¿O qué se puede odiar con certidumbre?

Te diré, por ejemplo: Yo amé también esta ciudad

hace tres años.

He contado los días: son como mil noventa y cinco.

¡Qué ciudad, compañero!

Habitada por seres de rebelde belleza,

jóvenes Cristos blandiendo un solo látigo

sobre los mercaderes criminales, voraces

que violaban su templo.

Ciudad enriquecida, poblada

de canciones, de voces

comunicadas amorosamente.

Nunca el silencio, la soledad que nos agobia,

porque todo fue nuestro, para todos.

Entonces aprendí que la alegría, la lucha,

la esperanza y la verdad, son colectivas.

Y también el dolor, la maldición, la muerte.

¡Qué intenso y breve fue el amor!

¡Qué breve la victoria, el grito, la palabra!

Pólvora y hierro y saña arrasaron la vida.

            Su poesía puede ser leída en esta época en nuestras vidas y contextos actuales para encajar perfectamente:

Hoy  no ha pasado nada en la ciudad resplandeciente

¡Nada! Sólo un niño acosado por el hambre

pero está lejos, allá donde acaba la luz y empieza el fango

allá donde una madre –que casi no se ve de tan etérea,

porque el cierzo le azota los últimos suspiros–

amortaja con sal su primavera.

La ciudad está en paz.

Espesa túnica la guarda

del  frío exterior que no la toca.

No padece hambre y sed, y esta serena

porque ella es la “justicia”.

            Quiso el destino que en mi primera asistencia a una lectura de poesía en el IMACP (Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla) una tarde de octubre, Yamile Paz Paredes, hija de Margarita, estuviera presente al lado de otras poetas. Fueron dos horas de inconmensurable poesía. Esa tarde fue gris y llovió a raudales. Las calles céntricas se inundaron y el tráfico de los bulevares se hizo insoportable; pero ya nada importó. Si hubiese caído un diluvio no me hubiese dado cuenta porque iba leyendo un libro repleto de versos. La ciudad en ese momento ya estaba inundada de las más bellas palabras. El mundo estaba poblado de Margarita, Libertad y Poesía.

            A cuarenta años de su muerte la conmemoramos,  la poesía de Margarita Paz Paredes, caleidoscopio armonioso e integro, nos otorga y devuelve un universo de versos que merecen ser leídos en voz alta. Les invito a su lectura y comparto un poema que hará a más de uno recordar a la mascota que ha partido lejos.

ELEGÍA POR MI PERRO

Es algo que duele en todas partes:

en la palma de mi mano

donde acomodaba su cabeza dorada,

hermosamente estrafalaria;

en mis pupilas tristes ahora,

que a diario reflejaron sus ojos amarillos,

de inteligencia múltiple;

y en mi voz que nunca pretendió regañarlo,

porque adoptaba una actitud

humildemente deliciosa

y me tocaba el hombro con su pata

llena de compañía.

También duelen las horas,

los lugares, las cosas,

en que su presencia cotidiana

se hacía más notoria,

más dulcemente humana.

(Yo pienso que todos han llorado

por la absurda muerte de un perro,

y sobre todo, un perro como el mío.)

Llegaba a las horas de comida.

A veces bostezaba

y veíamos sus enormes colmillos

filosos y blanquísimos.

¡Cualquiera creería en su ferocidad!

Pero le dábamos una pequeña galleta

y apenas si su hocico tocaba nuestros dedos,

porque la tomaba con tanta urbanidad

como si se supiera de memoria

el libro de Carreño.

Era un Don Juan discreto,

mucho más parecido al del Romanticismo,

pues en verdad, creo que se enamoró

de una perrita dulce y melancólica,

a quien acompañaba a su casa,

y luego regresaba solitario

y tocaba una vez la aldaba.

(Se me olvidaba decir que había aprendido

a tocar la aldaba…)

Yo le abría y lo invitaba a mi estudio.

Así me acompañó largas noches de insomnio,

en que sólo brillaban sus ojos

como queriendo envolver de luz

mi frecuente tiniebla.

Cierta noche sacó de mi librero

una obra de Marx y otra de Víctor Hugo.

Alcanzó a comerse algunas hojas,

pero no pudo digerirlas.

Creo que jamás entendió el materialismo,

porque todo él era romántico,

y tierno, y ávidamente cariñoso.

Tal vez por eso,

hace unos días,

¡qué tristes pocos días!,

abrió la puerta

(sabía también abrir la puerta),

y se fue radiante, hermoso como siempre,

en busca de su amor.

Nunca más regresó.

Horas y horas esperando

su aparición de perro hippie.

(En verdad, mis amigos decían

que era un interesante perro hippie.)

¡Qué cabeza en desorden

dorada y tumultuosa!

¡Qué desgarbado andar

con descuido elegante!

¡Qué húmedas pupilas

como lagos traslúcidos,

donde se descubría

la inocencia de su alma!

Ayer, apenas, me contaron

–así como se da cualquier noticia intrascendente

del tiempo o de la vida–

que mi perro había muerto atropellado…

¡Y nada más!

No sabemos

si su dolor se prolongó buscándonos,

si su estremecimiento esperó nuestros brazos…

Y da rabia saber que murió solo,

como un perro cualquiera;

que no pudimos resguardarlo

bajo una madreselva;

o plantar

sobre su frente desaparecida,

un girasol alegre.

Me duele algo

algo insistente como una rota compañía;

algo que se detiene ante mi puerta,

sin llamarme;

me duele tanto su nombre

que no quiero repetirlo en voz alta,

porque temo que lo oiga

y me llegue su alarido frío, de abandono,

de solitaria muerte.

¡Me duele tanto

la mañana, la tarde y el insomnio!

¡Vivan eternas las palabras de Margarita Paz Paredes en nuestros corazones!

*Fabiola Morales Gasca es titulada del Instituto Tecnológico de Puebla en la Licenciatura de Informática y egresada de la Maestría de computación en la Facultad de Ciencias de la Computación de la BUAP. Fue alumna de la Casa del Escritor y la Escuela de Escritores. Egresada del Diplomado de Creación literaria de SOGEM. Estudiante de la Maestría de Literatura Aplicada en la Universidad Iberoamericana. Autora de Para tardes de Lluvia y de Nostalgia (2014) y Crónicas sobre Mar, Tierra y Aire (2016) publicada por la BUAP. Libros infantiles Frasquito de cuentos y Confeti, cuentos para niños traviesos. Libro de minificción  El mar a través del caracol por Editorial El puente (2017). El niño que le encantaban los colores y no le gustaban las letras (2018). Participante de varias antologías en España, Paraguay y México. Lectora voraz y escritora incansable.

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