Moho/Reseña literaria

Notas sobre Moho, de Paulette Jonguitud Acosta

Por Ulises Hernández

La lectura de la novela corta Moho (FETA, 2011) transcurre bajo una tensión tremenda. Una tensión que se siente desde que el lector comienza a conocer la vida del triángulo femenino que conforma las pocas páginas de Moho: Constanza, Agustina y su hija; luego, en un juego de dobles identidades, la otra Constanza, sobrina de la primera. Moho es la historia de la podredumbre de una sociedad doméstica, que, si bien es denotada en un inicio con la traición del esposo de Constanza, hay otros ejes importantes que el lector activo se encargará de desmenuzar.

La autora, Paulette Jonguitud Acosta (CDMX, 1978), sabe cómo lograr una situación tan caótica como lo es el paso del tiempo en los cuerpos femeninos. La crítica ha puesto los ojos en el tema del cuerpo femenino y sus cambios o, literalmente, las metamorfosis que sufre con el paso del tiempo. Así como el planteamiento inicial de Moho es el cambio corporal, también se puede apreciar cierto gusto por la reflexión de los personajes: ¿por qué están viviendo esa situación? ¿Las dos Constanzas serán capaces de compartir algo más que el nombre? ¿A dónde llegará Constanza luego de saberse encerrada en su propio cuerpo? Moho es un mar de emociones, de dudas, de sentimientos reprimidos, que, luego de pasar varias hojas se irán asomando lentamente página a página. ¿Encontrará el lector su propio hongo que lo hará sacar lo peor de sí?

Moho es una casa habitada; sin embargo, los personajes femeninos no sienten que su espacio les corresponda: hay un quiebre en las relaciones de madre-hija-tía; por algunos sucesos que marcaron estos lazos. Es entonces cuando progresivamente el hongo toma posesión del cuerpo de Constanza. Cabe recalcar que esta mujer nunca siente aversión por el moho que se ha instalado en su cuerpo, sino que hace de él un espacio habitable: el eterno femenino hecho casa; lo ecofantástico, como lo ha llamado Magali Velasco, el cual consiste en hacer del hecho fantástico un espacio propiamente doméstico y femenino.

El lector que se adentre en el pequeño universo narrativo de Moho caerá en cuenta de que los espacios corporales también son una manera de manifestación de algunos hechos cotidianos, o peor aún, de sucesos pasados que cobrarán fuerza en un moho inacabable.

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