Palabras entrelazadas/ Diario del Covid V

¡Ya está la quinta parte de «Palabras entrelazadas»!, un texto colectivo de tono íntimo sobre el confinamiento por el Covid-19, que fue escrito por Daniela Becerra, Maru Falomir, Sandra García Bringas, Rebeca Orozco, Raquel Stolarski, Marina Talanquer y Laura Vit. En los próximos días publicaremos las dos partes restantes. Lee las primeras cuatro entregas en este link.

24 de mayo

Maru

Por la tarde, me senté con Emiliano a mecernos en la banca de madera para contemplar el jardín. Un buen número de pájaros volaban y piaban entre los árboles.  El niño veía el movimiento y escuchaba. Guardé silencio. El bebé empezó a balbucear. Parecía seguir el canto de los pájaros.

Sonreía y cantaba.

La armonía fue perfecta. Por unos minutos las preocupaciones cesaron. Dejaron de importarme la reclusión y el futuro.

También la tristeza de saber que se irán pronto. Recordaré ese concierto de sonidos, rayos de luz entreverados en las ramas y la más bella de las sonrisas.

Si no lo pudiera atesorar en la memoria de la vejez, estará seguro en la del corazón.

30 de mayo

Laura

El texto de ME del lejano 24 de mayo me trajo un recuerdo. O quizá una memoria adquirida. Debía ser muy pequeña puesto que vivía en un cochecito de aquellos para transportar a un bebé de un lugar a otro. Mi madre, al irse a trabajar, me dejaba en casa de la abuela y ella, ocupada en otras tareas, me colocaba frente a una ventana desde donde yo veía mecerse las copas de las moreras sembradas sobre el camellón, hasta quedarme dormida. Pasaron muchos años, para que me diera cuenta de que el rítmico movimiento de las ramas de los árboles me llenan los ojos de sueño. Me pasa a cualquier hora, en todo lugar, estando de pie o sentada. Tendremos que esperar para saber si a Emiliano, el nieto de ME, le sucederá lo mismo. Nuestra esperanza: los niños.

Maru

Me levanté con espasmos de llanto y ansiedad. No podía calmarme. Me despertó el horror de un mal sueño. Me pasa a veces y siempre los recuerdo. Preferiría que se quedaran en la nebulosa del inconsciente y se disolvieran sin lastimar. Ilusa de mí. Están hechos para eso, para que salgan la angustia y el miedo contenidos. Lo he dicho y lo vuelvo a decir: ojalá se cumplan mis ilusiones, mis deseos, tal vez, pero no mis sueños, nunca mis sueños.

31 de mayo

Raquel

Hoy dedicaré mis horas a empacar los días de mayo en el baúl de los recuerdos. Mañana estrenamos mes. Necesito lavar mi espíritu para recibir a junio. Desprenderé las telarañas de mis rincones manchados de miedo. He de sacudirlos ahuyentando pesadillas de fiebre y asfixia. A mis sentimientos encontrados, los voy a orear, igual que a mis sábanas tendidas al sol.

Por la tarde me abandonaré a las notas graves del chelo, mi música querida, mientras armo la urdimbre para tejer los días por venir. Haré un tapiz teñido con paisajes exóticos de mis andanzas a distancia. Recuerdos entreverados con presencias cuya ausencia me duele hasta en la piel.

Estoy lista, con la cara lavada y el orgullo de mis canas, para darle la bienvenida a otro mes de encierro. 

2 de junio

Laura

Hemos cumplido ochenta días de reclusión. En la película adaptada de la novela de Verne, “La vuelta al mundo en 80 días”, Phileas Fogg, el protagonista, hace parte del viaje en globo, lo cual no sucede en la novela. Viendo los cerros azules a través de mi ventana, me pregunto si esa podría ser una nueva manera de viajar para evitar contagios.

4 de junio

Laura

Afuera está oscuro. En el cielo brilla la luna previa al plenilunio.  El caserío, de día una masa gris, al final del ocaso emite su propia luz. Las calles y sus detalles se definen. A la derecha, un parque iluminado por una lámpara intermitente y mercurial que recrudece, a mis ojos, la perversidad de los hombres que por allí transitan. Las patrullas indolentes van y vienen. El barrio es famoso por su índice delictivo. Observo en un intento por distraer mi mente del hecho de que el virus ha tocado a mi familia. La luna, casi llena, tiñe de azul mi habitación. No sabía que el miedo trajera de la mano a la depresión. Mañana intentaré quitármela de encima.

5 de junio

Marina

Esta mañana decidí salir a caminar, así que, temprano, tomé careta y cubrebocas y me eché el temor sobre los hombros. Daríamos un paseo expectante el temor y yo. Yo avancé con paso firme y el temor, aferrado, clavándome las uñas sobre la piel.

Una calle, dos, unas cuantas más.

Me topé de pronto con la sombra inmóvil de un columpio abandonado, la hierba crecida y cientos de hojas acurrucadas en un rincón.

El temor aflojó su garra y le hizo espacio al desconcierto y a la nostalgia.

Regresé a casa. Con otro peso sobre la espalda y el arrullar de las palomas en el corazón.

Laura

Tenía diez años cuando nos fuimos a vivir a Coyoacán, mi colegio estaba cerca del Monumento a la Revolución. Durante el largo camino tenía tiempo de bobear a gusto. Todas las mañanas pasábamos frente a un edificio, casi derruido, que en el último piso tenía un balcón siempre abierto.  Una cortina de gasa, alguna vez blanca, ondeaba meciéndose, sabedora del secreto. Entonces mi imaginación debió entrenarse para volar y se asentó mi costumbre de ver a través de las ventanas. Protegida por la lejanía. Oculta.

Maru

La luna se metió a mi recámara. Llena, brillante, contundente. Faltaban diez minutos para las cinco de la mañana. Desperté con la cara bañada de luz. Cuando observé su tamaño y su brillo, azorada,  tomé varías fotos. 

¿Por qué esa necesidad de atesorar, incluso, el fulgor de la luna? Me recriminé. ¿No basta con vivir su influjo y su claridad?

Quizá me da miedo olvidarla, olvidar, dejar de ser mis recuerdos. O tal vez es la manía de no aceptar el paso del tiempo, la finitud de los momentos felices. Nuestra finitud.

6 de junio

Laura

¿Qué sería de mis insomnios sin fantasmas?  Un desierto.

Raquel

¿Y de mis despertares mirando de nuevo las paredes del encierro? Un refugio.

Marina

¿Y de mis noches sin su silencio? El desamparo

7 de junio

Laura

Este domingo, viendo hacia atrás, reconozco que hoy transito con más libertad en el encierro. El pasmo inicial ante las dimensiones inconcebibles del contagio, ha dado paso a una familiaridad que me permite caminar menos envarada. Me pregunto dónde he dejado el miedo y la tristeza. ¿Los habré escondido debajo de la alfombra al barrer?

Daniela

Mi encierro se duplica y se extiende.

Ahora que transito entre casa de A y mi casa, estoy en un continuo llegar, en un continuo regreso. No es como un viaje donde se va a lo desconocido. Se regresa. Cada vez se regresa.

Dejo mis flores, mis perros, mis hijos y regreso a los ojos claros de él, a sus Budas y sus cuadros de paisajes del Himalaya. Luego dejo su amorosa compasión y regreso a los brincos efusivos de mis perros, a la cotidiana vida con mis hijos. Los arropo en la maternidad, aunque comiencen ya a ser adultos.

9 de junio

Laura

Con el encierro, las sensaciones se exacerban. Descubrí muy tarde las bondades del café, rara vez lo probaba debido a su amargor. Ahora, una que otra mañana me siento audaz y me preparo uno. Lo paladeo, suspiro. Al poco rato experimento el primer efecto: comienzo a hablar a mayor velocidad. Me parece que por la ventana entra más luz, las ideas se encabalgan una sobre otra, camino de prisa. Logro más de mí. Les he confiado uno de mis placeres que recordaré como “audacias pandémicas”.

10 de junio

Sandra

Leo y releo los textos de las escritoras, casi las puedo escuchar.  La escritura como lugar de encuentro, como escape o guarida.

Hablan de sueños soñados y recordados con horror, meses que se estrenan con orgullo, cortinas al viento, baños de luna, fantasmas, placeres, silencios.

Cuando se distraen a mi alrededor, trato de escribir en un instante las cosas que se vienen gestando desde hace días.

Fronteras que se desdibujan entre la locura y la cordura, entre el miedo y el sosiego, entre aferrarse o soltar. Entre la que soy y la que creí que era.

No alcanzo a distinguir el contorno de los conceptos.

Tal vez por eso tardo en escribir, hay cosas que aún no sé nombrar.

Marina

Las palabras tienen fuerza. Poder. Hay que tratarlas con cuidado. Por momentos se escapan, se escabullen. Y al atraparlas de nuevo demuestran la fragilidad del mundo.

Laura

Y ya que los platos están en su lugar, la mesa dispuesta para el desayuno del día siguiente, el suelo limpio, te desatas las cintas del delantal, traspones el dintel de la puerta con la intención de sentarte un rato a leer cuando, como Relámpago de agosto, recuerdas que, horror, te faltó tallar los trapos de la cocina.

Semblanzas de las autoras

Daniela Becerra Desde niña se refugia en las palabras leídas o escritas, los cielos y la imaginación. Ha publicado en Reforma, El Financiero, Harpers Bazaar, Elle, Literal Magazine y Nagari, entre otras. Editó Alcanzar el vuelo.Responsabilidad social en las empresas, publicado por Cemefi. Es licenciada en Comunicación y cursó la maestría en Desarrollo Humano en las organizaciones

María Eugenia Falomir Estudió Antropología Social y Maestría en Ciencia Política. Andando por el camino de las Ciencias Sociales, se topó con la Literatura. Sintió el gozo de escudriñar las palabras y jugar con ellas y vislumbró una nueva manera de abordar la realidad, sin ataduras. Publicó en Editorial Planeta su primera novela “Cuando Llegue la Lluvia”.

Sandra García Bringas Albert Considera que universo es lenguaje. Disfruta escuchar, leer y escribir historias, sobre todo en invierno. Sus hijos son su inspiración para decir el mundo. Estudió Educación en la Universidad Iberoamericana y trabaja desarrollando material educativo.

Rebeca Orozco Estudió Ciencias de la Comunicación Social. Inició su trayectoria profesional escribiendo guiones de radio y televisión, continuó con una obra de teatro antes de escribir su primer volumen de cuentos: Azul rey, azul reina. Incursionó en la literatura para niños con  libros de historia, de ahí brincó a la novela histórica para todo público. Su última novela dedicada a Rosario Castellanos la ha llevado a viajar por la República Mexicana difundiendo su poesía. Ya nos sorprenderá con la armoniosa novela que  ahora escribe.

Marina Talanquer Estudió la Licenciatura de Periodismo y Comunicación Colectiva en UNAM y la Maestría en Creación y Apreciación literaria en Casa Lamm. En su primera novela, Solo queda despedirse aborda el tema de la Guerra Civil  y el exilio español en México desde una mirada íntima y poética.

Raquel Stolarski (México, 1948) Apasionada abuela de tres niñas. Dedicó sus primeros diez años de vida profesional a la psicología social. Luego, durante cuatro décadas ha creado esculturas en vidrio. exponiendo en México y en el extranjero.  Su obra ha  sido motivo de diversos reconocimientos; destacan la medalla de oro en el concurso internacional de arte en vidrio,“Kristallnacht ’91”y la presea “Magnus Laurentius Medices” por el quinto lugar en escultura, en la Bienal de Florencia.  En los últimos años se enfrascó en el aprendizaje del oficio de escribir, la más difícil de todas las profesiones. Anhela contar, en una novela, las aventuras y desgracias de un héroe fallido.

Laura Vit Es mexicana del entonces D.F. Estudió Biología y años después Literatura en la  UNAM. Escribió cuentos hasta descubrir el placer de narrar largas historias. Procura no acumular dos días sin dedicarse a ello. En esta  primavera atroz del 2020 se ampara bajo el manto que le ofrece la palabra. Es autora de Giordano Bruno. Forastero en el Universo y Demonio del medio día.

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