Palabras entrelazadas/ Diario del Covid VI

Sexta parte de este Diario del Covid escrito por siete mexicanas: «¿Marcará este año una nueva época? ¿Cómo llamarán los historiadores a estos tiempos? (…) ¿Qué haremos como humanidad para explicarnos lo que nos está sucediendo? Algo tendría que haber cambiado.»

11 de junio

Raquel

Doña Ele murió de Covid. Por la mañana, durante doce años solía saludar, contagiándome su alegría. Conocedora de cada rincón y desperfecto de nuestro edificio, con orgullo lo mantenía pulcro. Vivo su ausencia entre tapetes sanitarios, termonebulizador para desinfectar y botellas de gel colgadas como floreros. Mi mundo se achica. La maleza de la sospecha trepa por los muros, invadiendo espacio tras espacio. Sin embargo, aún me quedan las ventanas para bañarme de luz e imaginar la luna cada noche.

Maru

Al correr de los días, descubro que hacer lo que tiene que hacerse, cada vez me cuesta menos. Barrer, trapear, limpiar el polvo, cocinar, lavar, tender ropa… No es lo que hago, sino cómo lo hago.

Cuando inició el confinamiento, sufría por tener que hacer estas tareas repetitivas y cotidianas, que no terminan nunca. Mal empezaba y ya quería irme a leer, a escribir, a cargar a Emiliano o a ver una buena película. Ahora descubro que las faenas me ayudan a disipar la preocupación, y le dejo el futuro al futuro.

Al hacerlas asumo esta nueva realidad desde otro lugar.

Estoy “ahí” haciendo “eso”.  Bajando los hombros que la tensión sube, barriendo la ansiedad, sacudiendo el miedo. Estoy ahí pensando en las palabras que enlazaré; o estoy ahí, nada más. Es nuestra casa la que limpio, son nuestros trastes los que lavo, es nuestra la ropa que tiendo. Hacerme cargo de lo mío, de lo nuestro, me hace inclinarme y agradecer a quienes lo han hecho por mí durante tanto tiempo.

Raquel

Se me ocurrió ordenar mi biblioteca, víctima del caos debido a las prisas de siempre. Franela en mano, acaricié cada libro, aspirando los aromas distintivos de sus páginas; porque como las personas, cada uno tiene su olor. Tras un saludo a mis amigos que tenía olvidados, conversamos sobre nuestras cuitas. Las de ellos, inconmensurables: hambrunas, guerras, batallas contra molinos de viento. Escuché sus vidas y destinos. También vino la ternura del amor paciente y el medio siglo en espera de la llegada de los tiempos del cólera. Tanto, tanto necesitaban contar que guardé silencio, repasando con afecto cada volumen, aquí encerrada en mi refugio tapizado de libros.

14 de junio

Raquel

Amanecí con el ánimo atravesado, buscando alivio en alguna píldora, cuando más me valdría desahogarme echando unos gritos escondida en la bodega. Desayuno. Quizá bajo la regadera se me aflojen el esqueleto y el humor, pienso. Acariciada por el agua me dispongo a desenredar la madeja que me agobia. Separo hebras de palabras acusatorias, tiro la punta de un reclamo añejo y de mis culpas anudadas; entresaco la cuerda retorcida de una amenaza velada y un gesto reprobatorio. Una amargura silenciosa amenaza con aflorar. ¡De ninguna manera!, hoy toca ceñirse la máscara de la complacencia.

15 de junio

¿Y ahora qué hago con todo eso?

Maru

Hay días de cristales rotos y olvidos incesantes. De miedos que agrandan las sombras. De penumbras que ocultan el brillo del agua cuando sale la luna.

17 de junio

Raquel

Días y más días… Sueño con abrir todas las puertas de la ciudad, como a diario se abren las cortinas y ventanas para dejar entrar el aire y el sol. Son sueños de duermevela, ¿de qué otra cosa podría asirme, sino de un sortilegio? Quizá así los fríos del invierno no nos encuentren sentadas en el mismo lugar.

Sandra

Leer.

Leer en voz alta con los hijos, leer poesía ahora que terminó la escuela. Como un remedio para enfrentar la tarde luminosa o como un pretexto para recordar.

Leer conteniendo las lágrimas. Hay poemas que se hacen nudo en la garganta. Otros que no se pueden explicar.

Leer y escaparse. Buscar una rama para pasar el día.

19 de junio

Laura

Veo nuestro valle. Me gusta imaginarlo como era cuando Hernán Cortés se paró entre los dos volcanes y, maravillado nos comparó con Roma. Puedo inventarme el pasado, lo que no logro es entrever nuestro futuro. Mi porvenir. Lo que será de nosotros como matrimonio, como familia. ¿Qué será de mis compañeras de letras? Qué será de esta ciudad ahora pavimentada con enfermedad y muerte, en lugar del oro en sus avenidas, según contaba la leyenda que atrajo al feroz conquistador.

20 de junio

Sandra

La decisión de estar confinados, de mantenernos alejados de otros, de modificar la rutina para estar en casa, ha traído momentos memorables. Mi hija de siete años poniendo la lavadora, los niños cocinando, la risa de mi esposo en sus reuniones virtuales. Algo del encierro se ha vuelto abrigo.

Pero llega el verano. Tarde vienen las lluvias. Se respira inquietud.

¿Podremos comenzar a salir? Se dejan ver relámpagos en el cielo. Habrá que ponerse de acuerdo. Truenos cada vez más cerca. Posturas frente al virus, frente al miedo y el cansancio. Posturas que divergen, que dividen.

Extraño verano aguarda.

Marina

Tengo una amiga que, en resonancia con el encierro, se libró de ciertas ataduras. Dejó olvidados en un cajón brasier, rímel, aretes. Soltó el cabello y libres las ideas, lisas, quebradizas o rizadas. Abandonó la prisa. No tenía a dónde ir ni de dónde volver. Dejó acontecer las cosas a deshoras. Pudo contemplar los muchos verdes de las hojas o adivinar el paisaje escondido en el silencio. Extrañó. Se olvidó de contar los días y las cifras. Echó las preguntas en un costal. La vida sólo sucedía. Pero llegó el momento de ceñirse de nuevo al reloj; de enfrentarse al enemigo que ahora somos todos, cualquiera. A los otros. Mañana saldrá a iniciar la “descuarentena”, con miedo… y sin brasier.

Daniela

Tejo el nudo apretado para que ese abrigo del confinamiento no tenga fisuras. A veces alguien jala un hilo. Desteje, abre huecos. Cierro los espacios. Pongo parches con telas de otros colores.

Contengo a mis hijos. Atesoro el regalo de tenerlos tan cerca, justo cuando estaba aprendiendo a dejarlos ir.

Raquel

“Las Mil y una Noches”. En círculo, guardando distancia, nietas y abuela emprenden el viaje a Persia, montadas en una alfombra mágica. Asidas de la imaginación, aterrizan en aquellos tiempos remotos en donde una joven cautivó a un villano terrorífico, armada solo con sus palabras y la fuerza de la curiosidad. Durante largo rato pasan las hojas del libro y, en voz de la abuela, las pequeñas conocen la historia contada durante la primera noche y algunas más.

Más tarde, las niñas caminan de regreso a casa emanando felicidad. La abuela las vigila desde el auto. Sonríe. Ha recargado su memoria de imágenes: los ojos de mar, la melena de cabello ensortijado y el rostro de su hijo plasmado en la más pequeña. Se llenó de sus risas. En su corazón saboreó el amor. 

Una de las niñas le regaló un abrazo con un ‟te quiero mucho ”. Emocionada lo recibió, sintiendo el placer y el consuelo en la piel.

Llegó a casa llorando. 

23 de junio

Raquel

Tembló.

Miedo sobre miedo.

25 de junio

Maru

Nos guardamos aterrados cuando los contagios no pasaban de una decena. Ahora, que diario escalan, el miedo se ha encogido, o se lo devolvimos al monstruo que vive debajo de la cama.

Veo la prisa por salir, por olvidar, por retomar.

No sé si quiero volver al ritmo vertiginoso del tiempo que se escapa.

Dejar la pausa. Olvidarme de lo que he encontrado en el silencio, cuando barro o cuando saco el pan del horno.

No sé si quiero perder la mirada hacia esos otros, que también son yo y que sigamos sin hacernos cargo de lo que hemos construido y destruido. Hoy todos vamos en el Arca de Noé y el diluvio no para.

Sandra.

¿Marcará este año una nueva época? ¿Cómo llamarán los historiadores a estos tiempos? Y las ciencias, ¿qué dirán de lo que acontece? ¿Cómo explicará la Economía los efectos del encierro? ¿Qué nuevas afectaciones nombrará la Psicología? ¿Y la Ética?

¿Qué haremos como humanidad para explicarnos lo que nos está sucediendo? Algo tendría que haber cambiado.

¿Qué paloma volará del Arca para traer una rama anunciando que hay tierra? Tierra donde desembarcar. Tierra para sembrar. Tierra para bailar y construir. Tierra para todos. 

Nos mece aún la mar.

Daniela

La mar y la lluvia. Llovió toda la noche y hoy amanece mojado. El dolor se coló en mis sueños. Se atoró en mi garganta y desató otros miedos. He escuchado, cada vez más, de robos en casas. Tengo miedo. De todo. De los otros.

Esta mañana la lluvia ha lavado mis miedos.

Las flores de la lavanda brillan con el agua.  Los agapandos esperan la visita de los colibríes.

Me consuela el sueño profundo de mi perro.

Marina

Permanecer en silencio. Eso me susurra el viento. Permanecer en silencio en medio de estos días en que la vida y la tierra se estremecen. Se estremecen los recuerdos y emergen las ruinas, las paredes fracturadas. Sus grietas dejan escapar el miedo y los lamentos. Se traslapan las horas y los minutos… estoy en otro tiempo. Con el alma rota, los sueños en añicos y unos brazos que no acunan. Brazos que se extienden y no alcanzan, no arropan, no consuelan. Me diluyo. De nuevo en el presente. Este presente extraño y eterno. Entre paredes nuevas, prometedoras. Afuera, el enemigo invisible. Me dejo envolver por el silencio.

Sandra

Y en el silencio, el recuerdo del crujir de la tierra. El abismo.

Laura

Todas mencionamos el ruido. Los ruidos regurgitantes, asonantes y oscuros producidos por las pugnas de la Tierra. ¿Sería esta lucha milenaria lo que volvió al hombre belicoso?

Maru

Y mientras la capital crujía y se balanceaba y el miedo salía a la calle, en cielo norteño, retumbaron los truenos y los rayos prodigando esperanza. Pero el agua fue escasa y se evaporó la ilusión.

Esta madrugada regresó la ventisca.

Los árboles se doblaron y se sacudieron entre nubes de polvo, que no parece venir del Sahara, sino de esta tierra seca y agrietada por el sol.

Despertamos con el pasto mojado, la mañana fresca y la esperanza renovada. Quizá se recarguen los ríos y crezcan los pastizales. Tal vez haya cosechas en Tarahumara y sus habitantes tengan algo que llevarse a la boca, olvidados de eso que los chabochis llamamos pandemia.

26 de junio

Daniela

Anoche me despertó el dolor de cabeza. Aunque desde hace años conozco bien cómo se acerca y me toma por descuido, esta vez en la obscuridad la sombra del virus le sirvió de alimento. Y el dolor se expandió y se instaló en mis hombros, en el cuello, en la espalda alta, en los afectos, en los lazos, en los anhelos.

Laura

Llevo dos noches sin insomnio. Desde que logré retomar la revisión de mi novela duermo mejor. Hoy me levanté temprano, abrí la cortina y presencié el despertar del barrio, su salir de entre la bruma. Más allá la ciudad, luego el mundo. ¿Qué añoro del mundo exterior?  ¡Ir al cine! ¡Comprar libros! Sí, adquirirlos, hacer mío el objeto. Sostener su peso entre las manos. Pero eso fue hace mucho tiempo. Para leer una novedad no tengo que cumplir aquel ritual. Ahora leo libros electrónicos, tuve que acostumbrarme a ellos a cambio de la inmediatez de conocer lo último que me interesa. Crecí yendo al cine, conocí aquellos palacios inmensos que albergaban películas inolvidables, me tocaron los programas triples de la matiné. Nada de eso existe ya. Veo por mi ventana y no encuentro una razón válida para ansiar salir. Todo aquello lo tengo aquí dentro. Mi memoria lo atesora y aún me lo muestra, a voluntad, cuando lo necesito.

Daniela

Hace un año cantaba con miles de personas. Un grupo de rock de adultos mayores, despertaba la energía colectiva y nos devolvía juventud. Apretada, entre la multitud, tomaba fotos de las gradas repletas. Hoy ¿Qué será de los estadios vacíos?

¿Qué será de las fiestas de los adolescentes? ¿Se volverán a bailar “las calmaditas”?

Seguiré soñando con viajes, templos y ceremonias, bailes y festivales, música en vivo. Besos, abrazos, risas alrededor de una mesa.

Semblanzas de las autoras

Daniela Becerra Desde niña se refugia en las palabras leídas o escritas, los cielos y la imaginación. Ha publicado en Reforma, El Financiero, Harpers Bazaar, Elle, Literal Magazine y Nagari, entre otras. Editó Alcanzar el vuelo.Responsabilidad social en las empresas, publicado por Cemefi. Es licenciada en Comunicación y cursó la maestría en Desarrollo Humano en las organizaciones

María Eugenia Falomir Estudió Antropología Social y Maestría en Ciencia Política. Andando por el camino de las Ciencias Sociales, se topó con la Literatura. Sintió el gozo de escudriñar las palabras y jugar con ellas y vislumbró una nueva manera de abordar la realidad, sin ataduras. Publicó en Editorial Planeta su primera novela “Cuando Llegue la Lluvia”.

Sandra García Bringas Albert Considera que universo es lenguaje. Disfruta escuchar, leer y escribir historias, sobre todo en invierno. Sus hijos son su inspiración para decir el mundo. Estudió Educación en la Universidad Iberoamericana y trabaja desarrollando material educativo.

Rebeca Orozco Estudió Ciencias de la Comunicación Social. Inició su trayectoria profesional escribiendo guiones de radio y televisión, continuó con una obra de teatro antes de escribir su primer volumen de cuentos: Azul rey, azul reina. Incursionó en la literatura para niños con  libros de historia, de ahí brincó a la novela histórica para todo público. Su última novela dedicada a Rosario Castellanos la ha llevado a viajar por la República Mexicana difundiendo su poesía. Ya nos sorprenderá con la armoniosa novela que  ahora escribe.

Marina Talanquer Estudió la Licenciatura de Periodismo y Comunicación Colectiva en UNAM y la Maestría en Creación y Apreciación literaria en Casa Lamm. En su primera novela, Solo queda despedirse aborda el tema de la Guerra Civil  y el exilio español en México desde una mirada íntima y poética.

Raquel Stolarski (México, 1948) Apasionada abuela de tres niñas. Dedicó sus primeros diez años de vida profesional a la psicología social. Luego, durante cuatro décadas ha creado esculturas en vidrio. exponiendo en México y en el extranjero.  Su obra ha  sido motivo de diversos reconocimientos; destacan la medalla de oro en el concurso internacional de arte en vidrio,“Kristallnacht ’91”y la presea “Magnus Laurentius Medices” por el quinto lugar en escultura, en la Bienal de Florencia.  En los últimos años se enfrascó en el aprendizaje del oficio de escribir, la más difícil de todas las profesiones. Anhela contar, en una novela, las aventuras y desgracias de un héroe fallido.

Laura Vit Es mexicana del entonces D.F. Estudió Biología y años después Literatura en la  UNAM. Escribió cuentos hasta descubrir el placer de narrar largas historias. Procura no acumular dos días sin dedicarse a ello. En esta  primavera atroz del 2020 se ampara bajo el manto que le ofrece la palabra. Es autora de Giordano Bruno. Forastero en el Universo y Demonio del medio día.

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