Ponencia sobre la escritora María Cristina Pérez (1916-1987)

Influencia de autores españoles en la obra de la escritora jalisciense María Cristina Pérez Vizcaíno
Por Mar Pérez 1

Introducción

Las letras españolas, en particular los elementos temáticos y el estilo de versificación presentes en creaciones de poéticas y filosóficas de autores pertenecientes a la Generación del 98, como Miguel de Unamuno y Antonio Machado; y la Generación del 27, tales como Gerardo Diego, Luis Cernuda, Rafael Alberti, y principalmente Federico García Lorca, son influencias  determinantes en la poesía de la autora jalisciense María Cristina Pérez Vizcaíno.

Apunte biográfico

María Cristina Pérez Vizcaíno nació Zapotlán, hoy Ciudad Guzmán, en Jalisco, en 1916 y murió en México, D.F, en 1987. Su padre, Gerardo Pérez, era originario de Tamara de Campos, localidad de Palencia, Castilla y León; su madre, Ana María Vizcaíno, fue hija de terratenientes durante la época porfirista. En 1929, la familia Pérez Vizcaíno, se trasladó a España, donde en el Colegio de Jesús María de Barcelona siguió sus estudios; después fue alumna de Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. Regresó a México en 1932, residió en el Distrito Federal, en 1938 ganó el primer premio en el certamen organizado por el periódico capitalino Novedades, del que se convirtió en colaboradora asidua. Durante esa época escribió para la revista Amenidades, de editorial Sayrols, también de circulación nacional. En el Distrito Federal tomó cursos de filosofía, impartidos por el doctor Oswaldo Robles. En 1942 regresó a vivir a la ciudad de  Guadalajara, perteneció al Instituto Jalisciense de Cultura Hispánica, publicó durante varios años para la sección literaria dominical del periódico El Informador. Su poemario Atabal, publicado en 1945, y El asalto, en 1952, fueron prologados por Julio Jiménez Rueda. Según J. Trinidad Núñez Guzmán, con éste último poemario, la autora recibió el Premio Jalisco de Literatura en 1954. Ese mismo año, con el poema “Provincia”, participa en los Primeros Juegos Marianos Sahuayenses -hoy conocidos con el nombre de “Juegos Florales Sahuayenses”- considerados unos de los concursos de mayor prestigio en el país. Con dicha creación, María Cristina Pérez Vizcaíno obtiene, junto con Rubén Bonifaz Núño, entre otros, la mención honorífica (Jalisco, pp.43-45), (Núñez, 2006, p.246).

Por su ascendencia paterna y su formación, las características poéticas de autores de diversas regiones de españolas y pertenecientes a diversas corrientes literarias, serán fundamentales en la creación poética de la autora en lo que a temática y estilo de versificación se refiere:
Autores de la Generación del 98, como Antonio Machado (Sevilla, 1875 – Colliure, 1939) y Azorín (Alicante, 1873 – Madrid, 1967) tuvieron como tema recurrente la histórica región castellana, a la que consideraban: “El corazón de la identidad hispana” (Rubio, 1982,p.230), a la cual Pérez Vizcaíno, escribe “Castilla”: “[…] Castilla es la severa “Señora” de España.//Una cruz y una espada bajo su manto gris./Un germen aún gesta en su entraña/la visión
de un Quijote o el verso de un Fray Luis” (Pérez, 1945, p.25).

Ante las circunstancias sociales e históricas que vivieron, los autores noventayochistas retoman la identidad española y sus pasajes históricos (Sainz, 1955, p.224). La autora jalisciense describe con tintes épicos, desde la distancia histórica: en “Dos rosas”, en el que contrasta dos pasajes: el primero, la llegada de españoles a la tierra que después se llamaría América, el segundo se refiere la ejecución de María Antonieta; la conquista de la gran Tenochtitlán se describe en “La marcha de Cortés”, y la posterior colonización en “A Hispanoamérica” (Pérez, 1948, p.53).

La voz poética de Pérez Vizcaíno se ocupa, como la de Machado, de la soledad, la nada, el tedio, la falta de trascendencia, el inexorable paso del tiempo y la muerte, en poemas como: “Va pasando la vida”: […] De la nada a la nada. Ese es nuestro sino; /cada hora que pasa, va acordando el camino,/y el final se aproxima ,inmutable y veloz:/mientras tanto, nosotros, cada mente un problema,/cada vida un proyecto, una duda, un dilema,/que la muerte resuelve con su golpe de hoz. (Pérez, 1948, p.13);

“Como en la infancia”: “Todo está igual menos nosotros./El tiempo ha crecido y lo que fue no lo es más./No somos más aquellos, somos otros/que se buscan en vano con la vista hacia atrás” (Pérez, 1999, p.71); “La tristeza de vivir”: “[…] Y aquí estamos, sin querer haber venido/caminando sin cesar; es nuestra suerte./Si miramos hacia atrás, humo y olvido,/si miramos adelante, está la muerte” (Pérez, 1948, p.62); “Angustia”: “[…] Y el espanto infinito de todo lo ignorado,/el insondable enigma que consiste en vivir,/esta inútil tortura de pensar demasiado./¡Y el terror angustioso del día predestinado/en que ya no podamos pensar ni inquirir” (Pérez, 1999, p.75).

La escritora aleja su yo poético de las construcciones para dotar de una fuerza más evidente ante los temas tratados, entonces desde la distancia puede interpretarse que la voz poética no tiene influjo sobre las imágenes representadas, de esta manera otorga al lector de una mayor capacidad para apropiarse de los hechos desde un colectivo “nosotros”.

Otra correspondencia temática entre Machado y Pérez Vizcaíno es el desdén de las verdades individuales, la creencia en una Verdad universal, ambos la escriben con mayúscula; mientras el autor sevillano invita al lector a compartir la búsqueda de ésta: “Proverbios y cantares LXXXV”: “¿Tu verdad? No, la Verdad, /y ven conmigo a buscarla./ La tuya,
guárdatela”, (Sainz, 1955, p.1223), Pérez Vizcaíno tiene la respuesta en la figura de Jesucristo en el poema “La verdad”: “Ya lo dijo el asceta. Esa es vana faena/de buscarla en el mundo con tenaz necedad; /la verdad es Aquél de mirada serena/ el que dijo: ‘Buscadme, que Yo soy la Verdad’ ” (Pérez, 1948, p.30).

Las preocupaciones metafísicas y existenciales que caracterizaron a autores noventayochistas (Sainz p.220-224), son retomadas por Pérez Vizcaíno en poemas como “¿Qué es eso, la vida?”: “La vida” La pregunta/desolada e inútil sobre el Universo,/con proporciones de infinito/cuando se llama ‘yo’ y es pensamiento” (Pérez, 1999, p.124).

En los trabajos poéticos de José de Espronceda, (1808 – Madrid- 1842), Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864-Salamanca, 1936), y Juan Ramón Jiménez (Huelva, 1881 –Puerto Rico,1958), es posible encontrar epígrafes, referencias y alusiones bíblicas. (Sainz, 1955, pp.155-224,1010, 1175, 1294). En 1963, María Cristina Pérez Vizcaíno publica Suite Israelita, integrada por siete poemas inspirados en el Antiguo Testamento; en 1960 publica, bajo el pseudónimo de Erick Bergen, La tercera cara de Israel (Ed. Atisbos), ensayo de veintisiete capítulos, en el que después de aclarar que no es ni tiene ascendencia judía, con un lenguaje de características Unamunianas revisa la historia y la intrahistoria del pueblo israelita y ofrece una explicación de la supervivencia y el poderío de este pueblo.

Si en algo convergen las generaciones del 98 y del 27 es en la contemplación del paisaje, tanto bucólico como rural, al que describen y humanizan de manera plástica (Sainz, 1955, p.200 y Cifo, 2010, p.331), dichas características aparece en la autora zapotlense dentro de poemas como “El canto franciscano”, (Pérez, 1948, p.15),“Noche gitana” (p.77), “Camino” (Jalisco, 1950, p.49) y “Huerto” (p.52) entre otras.

Aunque en la voz poética de Pérez Vizcaíno predominan los versos de arte mayor, como octava, soneto, verso alejandrino y serventesio, a través del romance, recoge historias pertenecientes a la tradición popular con un logrado dramatismo: el asalto de un grupo de revolucionarios a un convento, la emboscada a gánster, o la muerte de un cristero. También se expresa a través redondilla, copla, y el verso libre. De esta manera la autora se apropia de otra de las características de la Generación del 27: “la fusión entre tradición y vanguardia”. (Cifo, 2010, p.329).


Para Ernestina de Champourcin (Vitoria, 1905 – Madrid 1999), Luis Cernuda (Sevilla, 1902 – México, 1963), y Miguel Hernández (Orihuela, 1910 – Alicante, 1942), el elemento de la lluvia se humaniza y tiene una función evocadora, el monótono repiqueteo de las gotas provoca nostalgia de tiempos infantiles (Sainz, 1955, pp.1774,1842,1931), lo que también está presente en poemas de Pérez Vizcaíno como “Lluvia reminiscente” (Pérez, 1999, p.87) y “Esta noche llueve”: “[…] Esta noche es un bosque de saetas de plomo,/ o tal vez un ballet de hadas milenario e infantil,/o el fantástico yunque de los elfos y el gnomo/que desmenuza gemas sobre un cuento de abril./El tecleo de la lluvia escribe en nuestro oído/ su vertical poema de hidráulico compás./Esta noche. La lluvia. Un cigarro encendido./Para qué nada más. (Jalisco, 1959, p.58).

Federico García Lorca (Granada, 1898 – 1936), Juan José Domenchina (Madrid, 1898 – México, 1959), Emilio Prados (Málaga, 1899- México, 1962) y Manuel Altolaguirre (Málaga, 1905 – Burgos, 1959), por citar algunos, tienen una preocupación existencialista en torno a cuestiones como la guerra, el exilio y la muerte, que ésta trae consigo (Cifo, 2010, pp.331-332), esos temas son abordados por Pérez Vizcaíno en poemas como: “Ante un desfile” (Pérez, 1948, p.9), “¡Alerta, occidente!” (p.27), “Paisaje de guerra”, (p.69), “Los héroes vencidos”, (p.75), “Un soldadito en la madrugada” (Pérez, 1955, p.73) y “Hospital de guerra” (p.118).

Algunos poetas como Pedro Salinas (Madrid, 1891 – Boston, 1951), se ocuparon de los adelantos tecnológicos de su época (Cifo, 2010, p.330), Pérez Vizcaíno le escribe al tren en “El rápido nocturno” (Pérez, 1948, p.19); a la radio, como fuente de información y entretenimiento durante la primera mitad del siglo XX en “Onda corta” (p.67); al aeroplano en “El último vuelo” (Pérez, 1999 p.85), por citar algunos.

Aunque la poética de la autora tiene una indiscutible esencia española, su obra incluye poemas dedicados a las tardes provincianas de este país, a la ciudad de Guadalajara y un soneto a Zapotlán; en sus poemas hay menciones a elementos que forman parte de la identidad nacional mexicana como rebozo, maíz, nopal, el Jarabe Tapatío y la Adelita y una reminiscencia a Pancho Villa; “El último recodo” (Pérez, 1999, p.78) y “Tierra adentro” (p.128), retratan los recuerdos infantiles en su tierra natal.

Así como en Tiempo de historia Jorge Guillén (Valladolid, 1893 – Málaga, 1984), manifiesta “Este mundo del hombre está mal hecho” (Cifo, 2010, p.338), y en sus poemas hay preocupación social por los daños causados por la guerra, la tiranía, la explotación etcétera (Sainz, 1955, pp.1618-1630), Pérez Vizcaíno tiene como tema en “El mendigo muerto”, el fallecimiento de un indigente ante la indiferencia de quienes le rodean (Jalisco, 1950, p.46); en “El hijo de nadie” escribe a los niños que vienen al mundo sin que nadie espere ni desee su nacimiento (p.67); mientras que en “Las histéricas”, mujeres perturbadas reciben una misericordia que está más cerca del respeto que de la compasión: “[…] Más no./no sois dementes. Si van vuestra pupilas/detrás de la locura que se abre a vuestros pies,/ también va la cordura detrás de vuestras filas/siguiendo vuestra marcha de trágicos traspiés[…]”.(Pérez, 1948, p.63).

Ecos de la obra poética de Federico García Lorca resuenan en Pérez Vizcaíno no sólo por la referencia constante a la luna, que funge principalmente como tema, símbolo o testigo, en “El canto franciscano” el astro es creación divina cuya función es iluminar y ser fuente de inspiración: “Loado seas, Señor por la hermana Luna/que siega la tiniebla con su hoz de marfil; que pasa remando entre constelaciones, en una carabela de cambiante perfil./Por la luna, rosa
abierta sobre todos los climas,/decapitada en azúcar en el lomo de mar/que se lleva prendido en su pecho estelar/un satélite inmenso de suspiros y rimas” (Pérez, 1945, p.15). El “Telescopio” hurga en el cielo y el astro es un elemento misterioso: “Pasa la luna gravitando en un verso/con su faz amarilla como viejo doblón;/¿cuál extraña apariencia guardará su reverso?/¿Qué secreto se oculta de la humana visión?” (p.57).

En “El asalto”, poema que da título a su segundo poemario, Pérez Vizcaíno se apega a la tradición de la generación de autores del 27 y narra la historia de la violenta irrupción a un convento, se vale metáforas bien logradas y la luna es el tránsito deseado entre la tierra y el cielo: “Está la historia en los muros/con su funesta constancia/escrita en gráficas negras/de pólvora excomulgada./La historia de aquella noche/llena de luto y de infamia. […] En el rosario de celdas/la sangre colgó medallas./mientras las noche crujía/de túnicas desgarradas./Bandadas de serafines/por los ámbitos lloraban/con las azules sorpresas/de sus pupilas de infancia./Y cuando se hizo el silencio/y quedó sólo la infamia,/cundo la brisa en la cruces/gemía y se persignaba,/cuando quedó en las paredes/un negro mapa de balas/con imágenes deshechas/y oraciones fusiladas,/por entre nubes de pólvora/zumbó un enjambre de alas./Las monjas subían al cielo/con la luna por escala”. (Jalisco, 1950 p.54).

“En Capilla”, es el retrato de un hombre que espera encarcelado la hora de su ejecución y mira a la luna través de la celda: “Con los barrotes de la luna, tiene franjas de uniforme” (Pérez, 1999, p.114). En el poema surrealista “Terror”, la luna es humanizada: “[…]¡Y era inútil el asirse de la luna!/que era un astro cadavérico/que temblaba sollozando en la distancia […] (Jalisco, 1950, p.50).

En “Luna no sabes nada”, hay una imprecación a la indiferencia lunar, el astro es ajeno a los atributos poéticos e inspiradores que el ser humano le ha otorgado: “[…] Tú vas ignorando por entre los universos/que tu hoz en la tierra corta espigas de versos/Y no sabes que al pasar tú creas/los músicos fervores/de rimas y de mareas […] (p.65).
Aunque es un rasgo característico en la poética de la autora alejarse del Yo poético, para dotar de una fuerza más evidente a los temas tratados, en el poema “España pequeña”, Pérez Vizcaíno evoca con nostalgia a la patria de su padre: Campos de Castilla. Trigo sonoro/que hilvanó mis vacaciones con agujas de oro. “[…] Adolescencia, alegría, espigas y Agosto/exprimiendo una clara dulzura de mosto/ y un poema sencillo como gota pluvial” (Pérez, 1999, p.103).
María Cristina Pérez Vizcaíno como autora tiene características únicas dentro de las letras jaliscienses: transgrede al canon que poetas de su generación establecieron en el manejo de temáticas que se salen del arquetipo femenino, evita los tópicos de amor, desamor, celos, relaciones de pareja en general, como apunta Julio Jiménez Rueda en el Prólogo a Atabal: “Cosa rara en una mujer, que no caiga en el sentimentalismo y la ñoñería” (Jalisco, 1950, p.45); la
recepción y asimilación de tendencias poéticas y temas que no pierden actualidad, por ser los asuntos del hombre; la utilización en un ensayo de un pseudónimo masculino para ser tomada en serio al dar a conocer una postura, que se podría considerar polémica, con respecto al pueblo israelita; hacen que las letras de esta zapotlense sean dignas de ser retomadas.

En 2016 se cumplirá un centenario de su nacimiento y el mejor reconocimiento que las instituciones dedicadas a la educación y la cultura en este, el estado que la vio nacer, sería, en principio, la facilitación de su obra completa, en una nueva edición más cercana a los críticos y estudiosos de la literatura pues su obra es digna de ser tomada en cuenta por lectores estudiosos que lleven sus textos al panorama analítico que sus letras merecen.

* Deseo expresar mi sincero agradecimiento y profunda gratitud a quienes de diversas manera me apoyaron en la elaboración del presente trabajo: Cristina Arreola, Pedro Valderrama Villanueva y Fam. Sánchez Benavides.

1 Pérez, M. (2018). Influencia de autores españoles en la obra de la escritora jalisciense María Cristina Pérez Vizcaíno. In: H. Quint, ed., Memoria de la identidad. Una mirada panorámica a la diversidad cultural mexicana, 1st ed. Guadalajara: Universidad de Guadalajara, pp.173-179.

Bibliografía

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