¿Por qué escribo?/Kyra Galván

¿Por qué escribo?

Por Kyra Galván

Foto cortesía de Ilse A. Morales (Revista Letramía

Parece una pregunta fácil pero no lo es. Las respuestas siempre son más largas y complejas. No teman, no me extenderé.

Sólo les diré que a los dieciséis años tuve la suerte de encontrar mi vocación, una vocación que venía quizá, de aún antes. De cuando a los doce años viví el 68. A pesar de mi edad, el 68 me marcó. Algo así no se olvida: los tanques por las calles, dirigiéndose a CU, la forma como se esparció la noticia de la matanza de Tlatelolco, la represión del Estado, la mudez y la impavidez de los medios de comunicación, ante lo que sucedía y que no podía ignorarse. La impotencia. Por eso estudié marxismo, por eso estudié Economía, por eso me volví feminista y comencé a escribir poesía como una forma de rebeldía y por eso, también, el afán de no venderme de ninguna manera.

A los dieciséis conocí a otros jóvenes como yo, que también querían decir, hablar, proferir. Leer poesía en las calles y los mercados. Escribir me ayudó a superar mi timidez, a decir cosas que no me atrevía a decirlas con la boca; las palabras  fueron un bálsamo que me curaron de la soledad y me conectaron con gente que sentía lo mismo que yo, que se conmovía con lo que yo ponía en el papel.

Descubrí que el acto de escribir me conectaba con otras almas y que además significaba una manera maravillosa para reflexionar, protestar, ser aguda y crecer.  Ya no puedo ser la poeta deslumbrada por la vida caminando por los ríos de agua que bajaban por las calles de San Ángel acompañada de Mario Santiago que me hablaba de las feministas y de la poesía de Hora Zero o de Hans Magnus Enzenberger y me hablaba de usted y nos decíamos compañeros, porque esos entes ya sólo existen en mi endeble y quizá impostora memoria y cualquiera puede retarlos; hoy sólo soy la que escribe con brazos temblorosos en momentos llenos de incertidumbre cuando que me es imposible precisar qué es lo más valioso en la vida, quiénes son mis amigos de verdad, dónde está la justicia; pero tengo la seguridad de que para mí, escribir es tan necesario como el oxígeno, me es obligatorio para vivir una vida digna.

Cuando escribo, siento que tengo mil voces y que una de ellas es la mía, y las demás, hablan a través de mí, y que todas esas voces, tienen algo importante qué decir. Algo que hará reflexionar, imaginar, conmover.  Y el día que piense que lo que digo no sea importante, me callaré. Mientras tanto, el teclado de la computadora me lleva por destinos fascinantes, al oficio de la palabra, a la artesanía de las letras, que hay que aprender y ensayar, rectificar y pulir cada día.

Tengo todos los días una cita imperdible con la escritura, con mi consciencia, con mi rabia, mi tristeza, mi amor por las palabras y desde mi lugar de escribana, soy un demiurgo que va creando mundos, personajes, críticas, fantasmas, historias, hilados y perfumes.

Finalmente, voy esparciendo el amor por la palabra en mis talleres de poesía y de narrativa para que otros se contagien de la pasión de escribir y ésta no se acabe nunca.

 

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