Presenta libro Mónica Lavín

Noche de encuentros

Con información de Fanny Morán y Perla Urbano

La literatura, entre tantos regalos, nos ofrece la alegría de las reuniones, de las reconexiones, de los encuentros. La noche del martes 28 de enero acompañamos a la escritora Mónica Lavín en la presentación de su libro Todo sobre nosotras (Planeta, 2019). En palabras de la autora, la novela trata de develar la tonada de la amistad a través de las conversaciones y los recuerdos. (Hay incluso, una play list que puede buscarse en plataformas musicales con el título del libro y que fue pensada para acompañar la lectura). 

Un libro cuyo eje gira en torno a los lazos de amistad, se presenta homenajeado en una sala repleta que, gustosa, comparte las letras de Lavín. Entre los asistentes nos encontramos a Adriana Azucena Rodríguez, Rosa Beltrán, Sara Sefchovich, Armando Alanís, Isaí Moreno y, por su puesto, los presentadores: Federico Reyes Heroles y Beatriz Rivas, de quien a continuación, reproducimos el texto de la presentación. 

Mónica Lavín

Todo sobre nosotras no es todo (nunca puede serlo todo, ni en la Comedia Humana), pero sí es sobre nosotras: nosotras … casi … todas, y ahí radica el encanto y la fuerza de esta novela.

Los elementos son simples, bastante cotidianos, de hecho: tres amigas del alma que se conocen desde la adolescencia: Alejandra, Carla y Nuria. La cuarta del grupo, Renata, está ausente (de esas ausencias que pesan mucho más que las presencias y que es, casi casi, el hilo conductor de la novela). No les diré por qué no está con ellas. El caso es que deciden reunirse en Portugal para celebrar los 60 años de Alejandra, que vive en el campo, rodeada de naturaleza y viñedos. Y que festeja su cumpleaños cada 19 de septiembre. Para quienes teníamos la edad suficiente en 1985, es un fecha que jamás podremos olvidar.

Las cuatro mujeres comparten una historia en común y, además, cargan con el peso de sus historias personales. Como todos los que estamos aquí, ahora.

Los elementos son simples. De hecho, si alguien decidiera llevar esta novela al cine, sería una película relativamente barata. Dos o tres escenarios, algunos flash backs y grandes actrices, maduras y seguras de sí mismas. Pienso en mujeres naturales, que se aceptan y abrazan su edad, estilo Helen Mirren, Maryl Streep, Susan Sarandon o Blythe Danner. El arte de la película estaría (y el de la novela está) en los diálogos. En las conversaciones (las dichas y las escondidas: lo evidente y los secretos). Y en la empatía que la autora consigue con los lectores, a través de personajes tan logrados que parecen de carne y hueso. Tan tangibles, tan queribles, tan humanos. 

Deseos, metas frustradas, sueños conseguidos, obstáculos, caminos recorridos, frustraciones, culpas, triunfos… saudades. Vino, coqueteos, brindis, risas, platillos, viajes, bailes y música, mucha música. Mujeres como somos nosotras o en las que se convertirán nuestras hijas: con arrugas de más o de menos, con esos kilos de los que siempre queremos deshacernos, con algunos achaques y, sin embargo, llenas de vida.

Hay quienes dicen que las coincidencias no existen. Leí esta novela en un vuelo hacia Nueva York. Como enviada por un hado, justo en la fila de atrás, venía una pareja de brasileños o portugueses que conversaban en ese idioma. Así que las palabras que leía se iban llenando de música y ritmo. Además, la novela que estoy escribiendo ahora mismo, tiene un invitado que se presenta desde la primera escena: el terremoto, aunque el mío es el de 2017 y Mónica eligió el del 85. Por si fuera poco, yo perdí a mi mejor amiga en 1997. Dulce apenas iba a cumplir 33 años y dejó a una hija de tres. Su ausencia me sigue doliendo. Mucho. Y, aunque ustedes no me crean, su manera de ser era muy muy parecida a la de Renata. Como Renata, Dulce «se quedó eternamente detenida en el tiempo.»

El cumpleaños de Alejandra parece ser el disparador de la novela, pero la ausencia de Renata y el o los secretos que se guardó para siempre, constituyen el entramado de esta historia.

Es difícil ser mujer y no identificarse con alguna o con todas las protagonistas. Se hacen preguntas tan simples o complicadas como: ¿Cuándo podía decidir una sin tener que pensar en todos? ¿Cómo ser hija y esposa y amante y madre y profesionista y mujer sin descuidar nada? ¿Cómo pisar en tierra sólida pero permitiendo, también, el ablandamiento? ¿Cómo dar pasos firmes y sortear abismos? ¿Cómo reinventarse, reconfigurarse, en soledad o en pareja, con o sin hijos? ¿Huir del pasado es una tarea abandonable? ¿A fuerza se debe elegir entre ser héroe o mártir de un destino? ¿Todas las mujeres debemos navegar en las aguas profundas de la culpa?

Beatriz Rivas

Todo sobre nosotras toca temas que nos conciernen a todas y deberían ser del interés, también, de todos: «el placer que alborota los cuerpos», «la bienvenida del deseo», «el contento de la piel», el compromiso, la decisión de ser madre soltera o de no ser madre en absoluto, el aborto, los años que se acumulan «como capas de cebolla: transparentes, imperceptibles» y hasta «los senos que han perdido su respingo».  También, ¿por qué no?  habla sobre las maneras en las que se puede resucitar a una muerta. Sobre la brutalidad de lo absurdo, de lo absoluto, de la ausencia.

Entre silencios ligeros o pesados, copas de vino blanco o de oporto y confesiones añejas, las tres mujeres renuevan su pacto con la vida. Se apropian de sus historias, con todo y errores, para reinventarse y, de paso, reinventarnos a quienes las leemos.

Además de la pluma ágil, la manera de irnos dejando «picados» y la narrativa invitadora y precisa de Mónica Lavín, Todo sobre nosotras posee otras virtudes: nos habla de literatura y de la importancia de la ficción. Incluso, nos da algunas buenas recomendaciones, como leer a Rosa Beltrán, a David Toscana y a Ana García Bergua. También nos recuerda el poder de la música y, en eso, también tuve muchas coincidencias con la autora. La escena en la que las protagonistas se ponen a bailar, es deliciosa. Y casi fui cantando en mi mente o de plano tarareando todas las rolas, mientras leía. Crimson and clover, House of the Rising Sun o American Pie, por ejemplo.

Finalmente, además del gozo estético de recorrer cada palabra, cada frase y cada página, de ver cómo el «polvo del pasado se vuelve presente», Todo sobre nosotras me dejó lecciones esenciales, que mucho necesito ahora, cuando me observo en el espejo (si es que logro ver algo sin lentes), cuando subo una escalera y mis rodillas rechinan, reclamándome, o cuando los pantalones de talla enorme ya no me cierran: «La juventud está idealizada». «Yo estoy a gusto ahora», «disfruto estar conmigo» y «No necesito demostrar nada». Lo mejor de todo es que aunque la muerte sea un personaje silencioso de esta novela, lo que nos deja, en esencia, es una deliciosa celebración de la vida. De la que ya transcurrió y de la que nos queda.  

El final es delicado, como si llegara de «puntitas», pero, al mismo tiempo, es contundente. Y muy emotivo.

Si todo lo anterior no los invita a comprar y leer la novela de Mónica, les comparto algunas frases que justifican un profundo clavado en estas páginas magistrales. Son de esas frases que uno no puede evitar subrayar y que yo no pude evitar morirme de la envidia el leerlas por no haberlas escrito yo. Caray. Ahí les van; solo es una probadita:

Federico Reyes Heroles y Mónica Lavín

«Hablaban emocionadas, como si el oporto les inflara las venas del recuerdo. La anticipación había sido grata y la tragedia la tenían vedada».

«Los amores que desgastan son enfermos».

«Ser elegante y correcta cansa mucho.»

«No estaba para resucitar su cobardía ni revivir su único acto de afrenta, cuando intentó tomar las riendas de su vida, justo cuanto esta se le escapaba.»

«Trotar, la palabra tenía el sonido de ese movimiento de articulaciones apisonando la tierra.»

«La presencia de Mario podría remover el agua estancada, despertar aromas que tal vez ya estaban muertos o constatar las caducidades.»

«Alejandra sentía los surcos de la tierra en sus brazos morenos, sentía la voz húmeda en su pecho y se sabía raíz, tocón, pedazo involuntario de ese paisaje que llevaba puesto contra su voluntad.»

«¿Cómo reconciliar dos cuerpos que habían nacido sordos el uno para el otro?»

Y como ya no quiero seguir leyéndoles la novela pues es su misión de ahora en adelante y no la mía, no me queda más que felicitar a Mónica Lavín por estas páginas en las que la amistad y el amor a la vida son las grandes protagonistas.

¡Felicidades!


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