Presentación de «Blue», de Noemí Ulloa.

Ayer se presentó «Blue» (Lucova Eds., 2018), novela de Ciencia Ficción escrita por Noemí Ulloa. Gela Valderrama y Azucena Rodríguez fueron las encargadas de hablar sobre este libro en la Capilla Alfonsina. Reproducimos el texto que Azucena Rodríguez leyó: «Es una gran noticia que una escritora, joven, talentosa y entusiasta, esté abriendo una brecha en el género de Ciencia Ficción».

 

Blue es una chica a la que da gusto conocer: no nos recuerda a nadie que hayamos visto antes, no es la guapa de la prepa ni la tímida que luego se volvió guapa. Tampoco se parece a ninguna heroína que se dice mediocre pero domina las técnicas de combate más sofisticadas o conquista a los tipos más guapos, sean vampiros, ángeles, hombres-lobo o demonios. No, Blue es casi bonita, casi un monstruo, casi un alien: “como una estatua de mármol, pero con cabello naranja desordenado, corto, como un chico. A pesar de su delgadez y falta de curvas, sabías que era una chica por sus facciones tan finas y afiladas: la línea de la frente bajaba graciosamente a sus tenues pómulos y terminaba en una barbilla ligeramente triangular. Su nariz y labios pequeños hacían que resaltaran sus ojos verdes, pero lo que primero notabas era esa mirada”. Su “superpoder” consiste en “sus inusuales habilidades artísticas”, su dominio de “todo lo tuviera que ver con colores, tamaños, valores, líneas, formas y texturas; invariablemente sabía cómo transmitir -con esos elementos, nunca con su persona- alegría, euforia, tristeza, miedo, angustia”; sus armas: una libreta, las texturas, las luces, y su fuente de poder: los museos. Un personaje así tenía que protagonizar una historia fuera de lo común: con unos aliados que ni siquiera están tan seguros de serlo, con una especie de romance que ni siquiera es una amistad, con un pasado oscuro pero que se irá iluminando tenuemente cuando deba enfrentarlo.

Las situaciones extrañas continúan: los gatos no parecen ser su mascota favorita —o tal vez sí—, o al menos los gatos no parecen disfrutar de su compañía. Luego, conoceremos a André, el hermano de Blue: “Los rasgos eran inconfundibles, afilados, aunque en él era muy recta la línea de la mandíbula y la frente pronunciada, sus ojos tenían un vacío aún más profundo que los de ella, una frialdad casi inhumana”. Ante ellos, cualquier personaje “normal” palidece, las chicas bonitas son sólo eso, chicas bonitas, obsesionadas con lo físico, la moda y la fama, los jóvenes estudiantes y los maestros se desdibujan también, excepto por la acuciante curiosidad humana, que permite que Alex, el narrador —un compañero de escuela de Blue— se enganche a esa personalidad y, así, podamos acceder a la historia de estos hermanos.

Blue es una novela de ciencia-ficción, un género en el que los avances científicos son fundamentales para el desarrollo de la trama. Nació hace unos cien años, pero en México no tenemos una tradición muy sólida, tal vez por los autores que han minimizado esos avances cuando había tanto que resolver en nuestro pasado, o tal vez los lectores no son muy optimistas acerca de nuestro futuro. Por eso es una gran noticia que una escritora, joven, talentosa y entusiasta, esté abriendo una brecha. Le aporta naturalidad a su historia con un ambiente norteamericano: Lincoln Ave., el MIT, Montana; los personajes tienen nombres como James, Tom, Julieth, Megan; la preparatoria en la que ocurre la novela no responde al sistema mexicano, sino los últimos grados de “high school”, en la que se ofrecen múltiples actividades extracurriculares, que son tomadas muy en serio, como banda musical, orquesta, deportes, teatro o cine, actividad que reúne a Blue con el director profesional que realiza una película y con los estudiantes a los que había evadido para no ser descubierta. Esta ambientación es un acierto porque le da una credibilidad a la historia que, de desarrollarse acá, necesitaría más justificaciones que la alargarían innecesariamente.

Las preguntas que animan la ciencia ficción son mucho más importantes que el dominio del conocimiento científico: ¿cuál es el límite ético de la experimentación científica en seres vivos y, más aún, conscientes?, ¿están los humanos dispuestos a convivir con los avances tecnológicos que promueven?, ¿la percepción estética de las creaciones artísticas son exclusivas de los seres humanos? Así que el lector puede desplazarse por varios niveles de lectura: la aventura de los personajes, sus peripecias antes de llegar al desenlace, y el nivel (digamos) ético del avance científico vertido contra sí mismo, luego del abuso de su conocimiento sobre su entorno.

Por el género de ciencia ficción y por la edad de los personajes, editores y críticos ubicarían a Blue como parte de la llamada “literatura juvenil”, lo que indicaría que está dirigida a este grupo de lectores, con funciones que los adultos esperamos de la lectura en los jóvenes: entretenimiento y formación del hábito de lector. Como si los adultos no necesitáramos de estas funciones. La literatura juvenil suele ofrecer un ejercicio de búsqueda de identidad del protagonista, el personaje es un joven en busca de su identidad, y el lector también sería un joven o un adolescente que a veces se sentirá tan extraño como Blue —todo adolescente o joven, no infantil, no adulto, se percibe un poco alien, mutante y prófugo de las instituciones de gobierno— y también está en busca de su identidad. Aunque cuando se dice “literatura juvenil” se llega a pensar en una literatura fácil, por la edad de los personajes, Noemí Ulloa eligió al lector que, tal vez de la misma edad, es el más complejo. Los autores dedicados al género han señalado que, en el proceso de lectura, el joven, que ya ha pasado por la literatura infantil, se percibe como un ser único, reflexiona constantemente acerca de sus experiencias y su entorno, por lo que gusta de las historias trágicas, y reconoce la tragedia de ser expulsado del grupo, de no ser aceptado y convertirse en un individuo marginal, como Blue o Alex cuando hace evidente su interés por la joven. Como lector joven, ha dejado atrás las convenciones de la literatura infantil, descubre que un libro tiene diversas implicaciones y accede a dificultades interpretativas. Ese lector decidirá si continúa su formación lectora o se queda, tenga la edad que tenga, con las novelas en las que predomina la aventura y los roles de los personajes son claros. Si sigue adelante, descubrirá experiencias de lectura más complejas, sentidos menos transparentes, diversidad de interpretaciones.” Por eso es tan recomendable esta novela para adultos que se aburren con libros tal vez muy complejos o que ya se interesan por lecturas más complicadas y para lectores jóvenes que ya están listos para madurar como lectores.

Blue contiene reminiscencias de La isla del Dr. Moreau, de Wells o “El informe de la minoría” de Philip K. Dick y las sagas juveniles, género al que espero que Blue se inserte porque quiero seguir tras este maravilloso personaje, de su hermano y su pasado tormentoso de infancia en el laboratorio donde al parecer los niños y los animales eran torturados por igual. Deseo sinceramente que Blue y André lleguen a la edad adulta aunque tenga que poner a salvo a mi gatita, a la que le gusta acurrucarse a mi lado mientras leo por puro gusto.

 

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