Reseña de Manca, de Juana Adcock

“Aquí me doliste más vidrio que beso”: sobre Manca, de Juana Adcock

Ulises E. Hernández

Manca (FETA, 2013; Argonáutica, 2019) es hoy un libro extraño, pero vigente. Es difícil de conseguir, pero es un libro necesario. ¿Para qué? Para pensar y dibujar el mapa de un territorio hostil y cambiante. El territorio mexicano. Su autora, Juana Adcock (Monterrey, 1982) es una poeta errante que hoy vive en el extranjero, como sus coetáneas Valeria Luiselli y Laia Jufresa, una triada de escritoras mexicanas que ven el mapa desde lejos y luego trazan la ruta ideal para pensar la literatura (poesía y narrativa, respectivamente) desde su zona, desde su subjetividad nómada.

Este poemario, que goza de la fascinante traducción de Robin Myers, nos interpela directamente a través de sus tres secciones tituladas “À la Bastielle”, “Una casa dentro de otra casa” y “En tránsito”, todas traducidas simultáneamente por Myers, dejando lucir las zonas porosas entre el bilingüismo cuando está atravesado temáticamente por la violencia de Estado, por las fosas clandestinas que imperan en el territorio mexicano, por las desapariciones forzadas y, naturalmente, con la experiencia del cuerpo inmerso en un clima negro y punitivo. Dice Jufresa en la cuarta de forros que este libro es “tan navaja como espejo”, y es una frase esclarecedora (y escalofriante): el vernos en un territorio manchado, la poesía es un medio (o un fin) para que la sociedad sea más congruente y que se interrogue a través de la literatura. Este es el poder que guarda Manca entre sus páginas.

La poesía de Adcock evoca a la experiencia de vivir en México. Poemas que dejan lucir una lectura política como el homónimo, donde la voz lírica se auto mutila los dedos para así conseguir otra visión, otro modo de vida en un país herido. Desde esta óptica, vislumbramos que la poesía de cierta generación de escritoras como la de Sara Uribe, Yolanda Segura, Diana del Ángel, Daniela Camacho e Isabel Zapata, por nombrar a las más leídas, se inscribe en la representación de fenómenos sociales y su coyuntura política que hoy permea en la literatura. Decía Mariana Enriquez, y lo comprueba María Fernanda Ampuero, que una de las representaciones literarias inherentes a América Latina es desde la política y Juana Adcock lo lleva al plano poético.

Desfilan cabezas, dedos cortados, falanges rojas con trozos de cartílago, partos indígenas a la luz de la luna, gatos envenenados. Poemas cortados como piezas corporales que abren interpretaciones nuevas, que alumbran las representaciones de hacer poesía. Juana Adcock instala este libro en una literatura que piensa las formas en que el capitalismo condiciona a los sujetos; les designa un cuerpo, un género, un trabajo y, naturalmente, un desamparo.

Entre el bilingüismo, Adcock y Myers unen sus voces, como ecos. Abren el mapa y rastrean la geopolítica, la migración, el sueño americano, que son los puntos de partida de la segunda sección del libro, una de las más complejas por sus maniobras con el spanglish. Crear un corto circuito que, a su vez, interpele que todas y todos estamos dispuestos a huir de un territorio hostil. Empero, este territorio es, también, una casa. Pero es una casa que Juana Adcock sabe que está inundada. Y termina el libro.

Nota bene: Manca cuenta hoy con dos ediciones: una del Fondo Editorial Tierra Adentro, publicada en 2013; y otra, más reciente, editada por Argonáutica en 2019.

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