Tercer día de la FENALEM

De raíces y caleidoscopios

Alejandra R. Montelongo

Foto tomada del Twitter de Saraí Campech

Empezamos el tercer día con la voz de Angélica Mancilla recordándonos que leer mujeres es un acto político y de justicia. No pudimos tener un mejor inicio, en efecto, muchas veces los prejuicios limitan y atrevernos a romperlos es expandir el panorama y restituirles un lugar a quienes se les ha negado. Introducirnos a la literatura escrita por mujeres es enfrentarnos a un crisol de infinitas posibilidades y nuestro tercer día de la FENALEM lo demostró.

A lo largo del día tuvimos autoras de todas las edades y regiones, con trayectorias consolidadas o con su primer manuscrito bajo el brazo; escritoras con estudios en creación literaria, amas de casa, profesionistas, estudiantes de bachillerato. En resumen, un caleidoscopio de experiencias.

Las tres mesas de novela nos sorprendieron, algunas historias eran de corte fantástico como la de Verónica Guzmán, otras más abordaban el amor desde diversos enfoques, ejemplo de ello son la novela de Rosa del Alba, la cual abordaba el desamor a través de cartas, mientras Mar Gómez lo hace desde las relaciones virtuales, las aplicaciones y lo digital. Unida a esta temática del amor, encontramos también la última novela de Mónica Castellanos, “El aroma de los anhelos”, que sitúa a sus personajes en medio de la Revolución mexicana para plasmar la calidez e integridad humana. Otras historias volvían al silencio su protagonista como “Destierros” o se adentraban al mundo de las enfermedades físicas, geriátricas o mentales como “Debajo de mi piel”, “Infestados” y “En otro mundo”. El maltrato en la infancia también se pronuncia en las páginas de “Mariposas en la tormenta”. En todos los casos la prosa de las escritoras que nos acompañaron se adentra con sensibilidad a las diversas problemáticas del ser humano, jugando a veces con los límites del género y atreviéndose a apostar por la hibridez y la fragmentariedad como “Tras bambalinas” o “Flor de un árbol raro” uniendo notas periodísticas, cuentos y obras teatrales, o creando lazos de intertextualidad con la música contemporánea como “Mal tercio”.

La hibridez sin duda traspasó los géneros anidando también en la narrativa, ahí la minificción, el periodismo y los temas de corporalidad, abundaron desde diversos registros y voces, ya desde el dolor, ya desde la ironía. “Redención de la gula”, “Mujerario”, “Galáctica, los testimonios del barrio rojo”,  “Mujeres de luz”, “Escúchalos amar”, “En la orilla de la palabra”, “Después del Exilio” y “Canto de enredaderas” fueron algunas de las antologías donde la brevedad y las emociones rebosaron.

Por otro lado, en las dos mesas de poesía, los versos nos hablaron de esa raíz que subyace a todos y que a través de los siglos se ha intentado cercenar. Versos que nos remitieron a lo corpóreo, pero también a lo infinito, cosmovisiones unificadas.

“Palabras para mi útero”, “Kintankgachaxa’”, “De tanta sombra”, “Ofelia”, “Déjame contarte lo que dice el corazón”, “Mujeres que me habitan”: son los poemarios que nos arroparon y, como en una especie de aquelarre, cantaron una misma melodía en diversas voces y lenguas. Canto de hogar y raíces, de cuevas, úteros y tierra, de vida. “Somos uno con el mundo y lo olvidamos”, a veces necesitamos de estos conjuros versificados para recordarlo. 

Para cerrar Irma Gallo, Adriana Malvido, Veka Duncan y Saraí Campech nos platicaron sobre sus experiencias en el periodismo cultural y bajo la moderación de Maru San Martín reflexionamos sobre el quehacer de la cultura, el arte y su difusión.

Al final del día, tras el largo recorrido de experiencias, versos e historias, tras la tesitura de cada voz y la diversidad de los rostros de mujeres que nos acompañaron, algo cálido permanece en cada una, un anhelo de ser semilla para no temer “alzar la justicia de los justos en una hoguera de platanares, ni cantar los cantares antiguos, ni defender la maternidad tropical de la tierra” como dijeran los versos de una de nuestras poetas de este día.

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