Trabajos escritos en nuestro taller de poesía

Terminó nuestro primer taller de poesía impartido por Marisol Vera y Guadalupe Vera. Los trabajos escritos son muestra del talento literario que existe a lo largo y ancho de nuestro país. Esperamos que los disfrutes.

Piedad Esther González

Las letras me llaman, me cobijan. El ojo, la mano, el pensamiento dan existencia a mi vida, emoción, significado. Nací en Tampico. Soy vigésima secular y viajo entre la imaginación y la realidad. Elijo la poesía para ver el mundo y expresarme.

Meredith

Alborozo de madre morena:
¡Porcelana dio por cría!
Niña de sol candente, enfermó recién nacida.

La joven, desesperada
volcó en ella sus lunas, soles y cometas,
y pronto sanó la niña.

La hermana mayor, broncínea,
ni dos años en su cuna,
silba en sus bronquios asma, tan solo por ser amada.

Cíclica elipse, rutina de traslaciones,
reincide la misma fase; de nuevo, las estaciones.

Barrunta ya el primer norte
y en el pecho de la hermana se otoña y cae la salud.
De lleno el invierno cala.

Con la historia machacada:
¡Al llegar la blanca niña
entre toses y estornudos la morena cayó en cama!
Avergonzada y nívea flor.
¡Balde helado y doloroso!
¡Meredith, Meredith!, tu nombre tan luminoso.
“Centinela de los mares”, grandiosa esencia del agua,
merecedora del mundo, tu aliento a nadie le daña.

Eva Monroy Ojeda

Originaria de Iguala, Guerrero. Reside en la Ciudad de México desde hace 40 años. Médica especialista con estudios en docencia. Desde la adolescencia se inició en la poesía como un trabajo terapéutico. Desde 2020 es miembro del taller de Gesta Cuentos, donde pronto aparecerá publicada en la Antología entre bichos, además ha publicado en las páginas Elocuencia, Entre números y Disfruta leyendo.

Pasionaria

Fuego y frío con desdén voraz
consume poco a poco
a mi alma
cautiva.

Con embeleso estoy atrapada.
Sigo tu olor
mi galán nocturno.
Tu efímero perfume
sacia mi espacio.

Antes de evaporarte
como en invierno
siente necesidad
ineludible de estar en mí, y yo en ti.
Solo quedará tu embriagante olor.

Cuál enredadera eres
adherido estás
a mi alma pasionaria.
Mi volátil compañía.
Fuego y frío
Pasado y presente siempre serás.

Ángeles Nava

Es originaria de Tampico, Licenciada en Administración y madre de tres hijas. Ha publicado la plaquette Tierra líquida (2017) y Siluetas y contrastes (2019) con la casa editora: Voces de Barlovento. Ha colaborado con publicaciones en el blog literario Literapluvia (2018). Mención honorifica en la categoría de narrativa en el concurso de la Secretaría de Cultura Tampico, Día de los muertos (2020).

La casa sin habitante

Sólo piedra,
un breve asilo de lotería,
el parné de las masas incansables,
un trozo de boleto
hacia alguna parte,
la caja donde anidan los que vuelan.

Cimientos, ángulos y números
se pierden entre los dedos de lo incierto.
Todo es tan real e imaginario
como los bosques devastados.

Un día cantaron verde los pájaros
en las paredes con palabras ahora mudas,
en el techo desquebrajado de pensamientos.
Ya no hay corriente en las compuertas azules,
paisaje en las ventanas,
Luz en los candiles de los ojos,
en el cuerpo sin vida.

Eiden Guerrero

Nacida en Hidalgo un 26 de febrero de 1996. Comunicóloga graduada de la UAEH (Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo). Cursó el Diplomado de Literatura Europea Contemporánea impartido por el INBA en el periodo 2018-2019. También finalista del III CERTAMEN DE RELATO CORTO “URRIKE” del año 2020, con el relato No estás realmente aquí. Cuentista, poeta, feminista.

Mi chula

Por la llaga de papel he de cruzar,
pero, oh, sorpresa, no tiene fin.
Me arropo pues en cuna latente
de los últimos treinta años
que bien podrían ser cien
y se cargan como doscientos.
¿Cómo no adorarte?
De nosotras
una tenía que hacerlo.

El piojo estimulando la piel roja,
para tapar los chorros que te secan
amasar la panza que tanto te inquieta
escribirla en loa,
magnificas curvas eternas de ti.
¿Qué más puedes pedir?
Es lo que hay, es lo que tienes,
es más que suficiente.

Mi vida, mi chula
Recógete del piso y echa a volar
debajo de ti estaré
por si tus ojos se quiebran como de costumbre
Amarte más no puedo,
y de mis manos rotas
he de prestar aliento para echarte a andar.

Ay, querida mía, mi chula,
descósete la vida a medio dormir.
Préstame tu lago de penurias
venidas desde bocas de terceros.
¿Qué sabrán ellos de belleza?
Si toda la que encuentran la atan y apedrean.
Ahí. Justo ahí te encontré.

Alejandra Alegría

Nacida en la Ciudad de México, Alejandra es defensora de derechos humanos, internacionalista, feminista, escritora aficionada y madre. 

Ayer, el bosque

El lago, un liquidámbar, burbujas transparentes
el roble gris sostiene unos deditos blancos
Galletas para peces atávicos, autómatas
nadando en la otra orilla

Es una mañana como otra
resuelta a convertirse en noche
ataviada con el término diagnóstico
[Mejor condena, sentencia, pena capital]

Qué es lo justo, lo injusto, lo cruel
no puede ser que lo real
sean migajas pulverizándose en las manos
sea un grito desolado y agónico
sea que alguien que siempre estuvo
ya no esté

[los peces siguieron comiendo, las burbujas volvieron a romperse]

Y la cara blanca
ahora sola, sin su reflejo gris
suplica a quien cree omnipotente
lo que no puede pedirse al mismo dios:

revívelo, mami, revívelo por favor

Ofelia Montelongo Valencia

Escritora mexicana bilingüe. Estudió contabilidad y finanzas, inglés y escritura creativa. Cuenta con una maestría en negocios y una maestría en literatura de la Universidad de Maryland. Sus historias han sido publicadas en Acentos Review, Rio Grande Review, Latino Book Review, entre otras. Escribe una serie de entrevistas enfocadas en la comunidad literaria latina en el área de Washington, D.C. Es maestra en la Universidad de Maryland y es escritora residente para PEN/Faulkner en Washington, D.C. ofeliamontelongo.com

Vivo en un cuerpo

grande
gigante
que hace girar
a las personas
a ver
algo que yo
no veo
en el espejo
como no veo
el desierto en Sonora

entes efímeros
que viven en las
miradas de
otros
pero no en la mía

frágiles caderas
tejidas temporalmente
por efectos visuales
sonoros
siluetas fragmentadas
que se ríen
susurran
a mis espaldas

oxidan mis pensamientos
sus ecos
palpitan
se cuelan en mi subconsciente

¿Estoy ciega? o/veo
todo
con claridad

Ojalá las grietas en el suelo
pudieran doblarme en dos
para convertirme en la persona
del mundo
la fantasma pocha
giganta
y en la persona
que soy
la que titila lejos de
las miradas

Marcela Fonseca

Nació en la CDMX en 1970, la menor de cuatro hermanos. Estudió la licenciatura en Derecho en el ITAM, graduándose en 1995. Su pasión por la escritura nació desde que era una niña, su primera publicación fue el cuento infantil “Los niños y la gran pared invisible” en 2019. Este año, espera publicar su primera novela.

Llegaste
ya no te esperaba
y así
fui cómplice
del estrépito silencioso
que supuso tu llegada.

Le diste movimiento
a mis ganas invisibles,
con pasos de duende
me guiaste
hasta rendirme.

Fue tu pequeña luz
con su brillo inapagable
la que alumbraba
mis miedos,
doblegando a mis zozobras
y enfrentándome a mis yerros.

Siempre tú,
por delante de todo,
en los días felices
en mis noches de insomnio.

Así me volviste tu esclava
y tú
mi dueña absoluta,
exponiendo al mundo entero
mi voluntad diminuta.

Jamás cuestiones
este amor que por ti siento,
que a diario pones a prueba
pues las riendas,
tú las llevas.

No me juzgues
cuando a solas
sueño que fuiste mentira,
y después,
al despertar
vuelvo a desearte en mi vida.

No soy mala
pero a veces
querría vivir sin pensar,
ignorando mis carencias,
volver al tiempo
en que tú
aún no llegabas
a imponer tus consecuencias.

Su Paéz (Negra Volcana)

Nació por accidente en la Ciudad de México, habitante de Amecameca, Estado de México, egresada de la carrera de Letras Latinoamericanas por el Centro universitario UAEM Amecameca. Ha participado en diversos festivales de poesía, actualmente es Profesora de Español y literatura en los niveles de Secundaria y Bachillerato. Profesora de Teatro, Expresión corporal y Danza Contemporánea para niñas y jóvenes. Un latido es creer en lo posible.

Mutis
Sonidos que tejieron los silencios
Hilos de sueños
Abrazo en la memoria rota

Tu mutismo
fue mi voz
El Plomo hiriente
El pan de cada día

Mi cuerpo tejido en el telar de tus voces,
dolor profanando el silencio,
voz, palabra, símbolos antiguos de lo que fue posible

Mutismo coagulado
en atestado ruido.
Voz de tejido roto
Voz de ciudad,
de paredes blancas,
de pasión y tiempo.

Herido el aliento, queda la angustia,
El ahogo. El latido

Soy rio, mi voz luciérnaga
Voz aprisionada en el telar de tu memoria.

Tu voz/ relámpago.

Anne Souchaud de Luengas

Nacida en Francia y nacionalizada mexicana desde 1977. Maestrías: Derecho (Universidad de Grenoble, Francia), Letras Francesas (Universidad de Dijon, Francia) y Biblioteconomía (Universidad de Milwaukee, USA). Docente en humanidades e idiomas. Publicaciones: Pinceladas en el tiempo, Voces de Barlovento Editores, 2018; El destino de los animales, Voces de Barlovento Editores, 2019; Tres cuentos en la Antología digital Un rio de muchas voces de la Secretaría de Cultura Tampico, 2021.

Bolero Pa’ti

Una lagartija huye invisible sobre la trama del mosquitero.
Burbuja, su primer beso expira en el telón nocturno.
La respuesta temerosa de un insecto lija el silencio, breve, insegura.
Despertado, un gorrión bosteza cuics adormecidos.
Y otro.
Un cuervo rezonga, un grajo repela.
Y otro, y otro.
El laudo suave del jazmín roza la ventana, se estira hacia el éter.
Punto a punto, una calandria junta retazos de grisalla muda.
Y otra y otra y otras.
La luz preña a la noche moribunda.
Las sombras se incorporan.
Una y otra y otra y otras más.
Las tórtolas hacen el amor en la red eléctrica, pluma a pluma comparten caricias.
Y otras y otras, otras más y otras todavía.
Su gorjeo inunda la lividez matutina, encuentra el zureo atronador de los palomos.
Un gallo enojado raja el alba, exige su lugar con voz militar.
Y otro y otro y otro más y otros.
El rugido del tren perfora la mañana, los carros arrastran bajo sus llantas suspiros.
Verdes, amarillos, morados, blancos, rosados revolotean, se instalan jocosos desde la punta de sus zapatillas.
Y tú, amiga, ¿dónde estás? ¿Qué Edén oscuro devuelve el eco de tu risa sonora?
Tu ausencia acalla sonidos, apaga luces, estrangula ánimos…
Pero el bolero matutino impone la vida, la coreografía debe empezar. ¿Bailamos?

Isela Sayas

Nació en Loma bonita, Oaxaca, radicada en la Ciudad de México. Amante de las artes INBAL (1989-2018). Dibujante y pintora autodidacta, ha gustado de la escritura desde hace 30 años. Cultiva la narrativa y la poesía. Cuenta con material para cinco libros, uno de ellos, El lugar de las sombras, próximo a publicarse.

De concreto y cuarteaduras

No soportó la ciudad,
el ruido y el clamor del concreto
que habla
y habla
y retumba en sus oídos
aún pasada la media noche.

Me dejó
partió con maleta en mano
fue en busca de un rumor diferente
el que da el mar y las gaviotas.

Yo
aquí lo espero
entre el hueco que dan dos edificios
cortando flores que nacen en sus grietas
de las paredes de nuestra casa vieja.

Así me dejó sin nada
se fue a buscar el canto del viento libre
y el vuelo del pájaro nocturno.

A mí
solo me resta esperar
con las puertas abiertas
y las ganas metidas en un costal.

No soportó la ciudad
el ruido la multitud
y mi amor

en una estatua de sal.

Mariana Rossier

NEVADA NEGRA

Mayo, año 96:
ralentizaste.
No hubo aviso previo,
(temperatura bajo cero)
acontecimiento infausto,
ilusorio de cima paradisíaca,
y la condensación de todos tus “no”
(temperatura bajo cero)
llovizna helada
textura de sueño frustrado,
escarcha de olvido, espesor de fracaso.
Tu cuerpo tieso en invierno;
cuesta abajo,
tierra abajo,
no existes,
eres hielo.

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