Vivian Sanchbraj

Vivian Sanchbraj (Mexicali, 1978) Es una poeta que se forjó bilingüe en los últimos años. Sanchbraj ha estudiado diplomados de poesía en su ciudad natal, en Yale University, UCLA, The Writer’s Studio y actualmente estudia una maestría en poesía por parte de Spalding University. Sus poemas y ensayos han sido publicados en Mexico City Lit, El Humo, Liberoamérica, Two Serious Ladies, y Contratiempo, entre otras.

Publicó su primer poemario Octamadona a los dieciocho años y después de eso ha vivido en Estados Unidos, Europa y Asia.

Ha sido editora para The Louisville Review y actualmente trabaja en su primera novela en inglés.

Su más reciente libro es Borderline & otros poemas

Fragmento de Borderline & (otros) poemas


B O R D E R L I N E   A R S   P O É T I C A

Nací en un desierto, debajo del nivel del mar

púrpura y calva. La maestra de tercero

me hizo dibujar el mismo árbol siete veces,

hasta que dibujé uno extraño y malhecho

me dejó en paz y creyó en mí.

Mis compañeros del colegio me llamaban

bagre por mis gruesos labios. Confabularon

un plan y fui la única con disfraz de gitana

cuando llegué a la fiesta de Halloween.

Una vez me creí Superman y mi mejor

amiga era tan fea que evité la parte del beso.

Me gustaría poder robar versos de Keats,

Odio, Hughes, y salirme con la mía.

Un griego me llamó versión femenina

de Bukowski, yo prefiero ser Ritsos,

Sabines, Zbigniew, Lorca o Catulo.

A los 37 años todo el mundo es consciente

de mi locura y creo saber el por qué.

Llamada telefónica de larga distancia con mi madre:

Recuerda que estás vieja y no has hecho

nada con tú vida. No te cases, sólo ten un bebé,

te vas a arrepentir por el resto de tu vida si no lo haces.

Desasosiego en mi torrente sanguíneo,

lo que me mata, me dió la vida.

Lo único que puedo dar a luz es poesía.

Si la brujería funciona, tengo que felicitar

a mi primer novio machista. Cuatro años de tempestad,

el primer amor terminó con una maldición:

ella no va a ser ni para el diablo ni para ningún hombre.

Escribo poemas como si tejiera laceraciones.

Universidades americanas los rechazaron,

y ahora escribo con agallas y con todo mi corazón.

 

 

Nací en la frontera norte de México y tengo acento,

pero escribo en inglés y mi pasaporte es azul oscuro.

El invierno pasado tomé la decisión de dedicar

el resto de mi frenética y libertina vida a la poesía.

Por mis poemas viajé a una patética

conferencia sobre poesía en Italia, y acabé con mis ahorros.

A veces puedo reemplazar escribir poemas

por mi consolador, me toma no más de diez minutos,

luego vuelvo a leer y escribir poesía.

Mi furia no es diferente a la de los refugiados Sirios

y no hay nada romántico sobre mí.

Me falta lo que a las poetas famosas les sobra:

amigos, autógrafos y ambigüedad.

Al igual cuando mi madre me dice: mírate la cara de desquiciada.

Madre te encuentras a miles de millas de distancia

mientras más lejos estás, más cerca estoy

de mi poesía y de lo que queda de mi persona.

 

 

 

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