«La imaginación pública»/Reseña

Por Ulises E. Hernández

Una vez experimenté un escotoma. Dice Cristina Rivera Garza: “esta zona ciega del campo visual”. Seguido, mi visión comenzó a titubear por unos instantes y una mancha negra acaparó mi ojo izquierdo, el malo. Esto sucede desde entonces cuando tengo migrañas. Cuerpos extraños, negros, siempre en círculos. Luego, la luz y el color definidos. El cuerpo sabe cuándo lanzar señales para decir: estoy vivo. 

Las mutaciones en forma de poemas que vislumbramos en La imaginación pública (2015), de Cristina Rivera Garza (Matamoros, 1964), son pedazos de piel, de uñas, de huesos, de silencios. Encontramos una confesión dicha a medias entre el secreto y la evidencia del cuerpo propio y del cuerpo del texto. En estos poemas, se rompe el yo lírico, la cadencia se vuelve intrépida y la métrica se disuelve entre máquinas para crear textos a partir de mezclas.

La imaginación pública es un libro que busca dar una explicación desde lo privado (que luego se dinamita hacia lo público) a varios aspectos ínfimos que el cuerpo experimenta diariamente. Comienza, así, el libro con algunos síntomas que se van develando conforme avanzamos la lectura de los poemas. ¿Qué es el dolor sino respuesta? Síntomas, signos, fluidos, humores. Todo cabe en estos poemas. La tos, la caries, el dolor de mano.

Asimismo, La imaginación pública busca tender un puente con dos textos que considero capitales dentro de la obra de Rivera Garza: Dolerse (2011) y Los muertos indóciles (2013). Ambos libros cuestionan la presencia de las escrituras actuales con la política y la estética que hoy imperan en las producciones escriturales de las y los escritores mexicanos. Saber que a una escritora o escritor le toca escribir sobre el contexto es ya una responsabilidad. Es ya literatura. Se han desplazado la muerte y el cuerpo hacia las páginas.

Estos poemas son mezclas, son reinvenciones: ¿para qué escribir cosas nuevas? Mejor reescribir para interpretar el presente. La máquina de Lázaro, artefacto que Rivera Garza empleó para la segunda parte del libro, es un medio que la producción de escrituras ya toma como agente necesario para su materialización. Hoy, las nuevas tecnologías son parte necesaria para estas literaturas autónomas, en la que se inscribe la obra de la autora tamaulipeca. Literaturas postautónomas, mejor dicho, desde el amparo de Josefina Ludmer, que han creado nuevas estéticas, éticas y políticas de la escritura que buscan nuevos horizontes hacia donde estirar el cuello, porque mirar y crear son rasgos necesarios para que la literatura siga expendiéndose a través del convulso capitalismo.

Leo algunas reseñas sobre este libro y una lo califica como un “experimento”. Dicho una vez más: este libro de poemas no es un experimento, porque no hubo error. Este es un libro de ramas, de manuales, de máquinas. ¿Con qué soñamos, entonces, las y lectores al decir que esto es un experimento?

Rivera Garza, Cristina. La imaginación pública. México: Secretaría de Cultura, 2015, 111 pp. 

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